El singular público de los conciertos de Monterrey

Ante las diversas peticiones por parte de radioescuchas y melómanos para educar sobre la ética de comportamiento en los conciertos es que decidí escribir este artículo. A pesar del título me parece que se puede aplicar muy bien a nuestra realidad mexicana.

Preámbulo

Asistir a un concierto de la ciudad se ha vuelto en algo mucho más pintoresco que las fantásticas descripciones de Jonathan Swift en sus viajes del Dr. Lemuel Gulliver. Estas posibilidades inusitadas de enfrentarnos al “mexican curious”(o más bien en este caso al “regiomontano curioso”) que acude a los conciertos de música de arte es tan singular como para que esto pudiera constituirse en una de las razones morbosas de asistir a los conciertos.

No podemos negar que Monterrey ha crecido en espacios culturales. Es más, ha recorrido kilómetros en cuanto a abundancia de propuestas artísticasv y se ha convertido en una oferta atractiva para los artistas que quieren presentar su arte en México. Consecuencia de esto es que en nuestra ciudad ha surgido un público nuevo que asiste a los conciertos y disfruta de las exposiciones. Sin embargo, la falta de una ética de conciertos en un sector de la población es un problema actual y en este renglón encontramos las mismas manifestaciones antisociales tanto en una cámara (¿O será arena?) de diputados, en las avenidas, espacios urbanos y naturales como en las salas de conciertos.


El maldito celular y el individualista moderno


Ya no estoy seguro (parafraseando a Quino) si el que usa al celular es el ser humano o si el celular usa al ser humano. Llevamos menos de veinte años de auge de este aparatejo y tal parece que nuestra vida depende o debe girar en torno a el. Me pregunto ¿Cómo podía la gente ir a conciertos en los 50s 60s o 70s sin tener la seguridad de este invento? Justificaciones las hay, algunas de las más sonadas son;

· “Lo tengo prendido por si pasa una emergencia” ------- Mi respuesta: Si está temeroso(a) que le va a acontecer una emergencia no vaya a los conciertos. O pruebe poner el celular en vibrador, en caso de no saber que botón se encarga de esto pídale a su pareja que le lea el instructivo.

· “Tengo un familiar enfermo” --------- Mi respuesta: Si tiene un familiar enfermo de gravedad y teme que no sobreviva el concierto, no vaya a los conciertos.

· “Tengo a Chuchito en el hospital” ---------- Mi respuesta: Lea mi respuesta anterior

· “Usted no es nadie para decirme que tengo que apagar mi celular” ---------- Mi respuesta: Una democracia significa llevar a cabo nuestras responsabilidades civiles y hacer uso de la libertad con respeto. La libertad de un individuo termina donde comienza la del prójimo. Aunque algunos no lo crean, hay muchas personas raras que van a los conciertos a escuchar la música en silencio (¡sorprendente!) incluso esa gente bizarra tiene derechos.

El celular ha logrado crear necesidades innecesarias a nuestra vida, gran paradoja. En la remota posibilidad que durante el concierto internaran a un pariente nuestro en el hospital o que recibiéramos una llamada de auxilio hay pocas posibilidades que el celular ayude a afectar el cause de los acontecimientos.


La charla de concierto, terror gótico


Se tratan de casos extremos en donde la sensibilidad puede ser aplastada hasta el punto de un colapso nervioso. Estas escenas patéticas dan pena ajena; “Hola…aquí estoy en el concierto de Hvorostovsky chiquita… esta bruto, no sabes…escúchalo… ¿así o le subo?... te voy a colgar porque hay un señor muy grosero que me está callando” Escenas como esta arrojan una cierta luz a la problemática actual del mexicano en donde la mismísima regla de oro, base de todo comportamiento moral (y digo moral, no mojigatería) se ve pisoteada por el individualismo, culminando en una fractura social y devaluación de los derechos de la persona. En este caso sólo podríamos especular el porqué de este proceder; ¿La pereza por abandonar la sala y contestar afuera del auditorio? ¿El status social permite a la persona pisotear los derechos de los demás? ¿Un Coeficiente intelectual limitado? Este no es espacio para abundar en especulaciones.


Pastillitas de menta y chocolatitos


Los problemas en las vías respiratorias están y siempre estarán presentes. Sin embargo la elección para abrir unas pastillas o chocolates para refrescar o endulzar la garganta es, en más de una ocasión, un evento desafortunado; La orquesta está tocando en “piano”, las cuerdas respaldando un diálogo elegiaco entre el oboe y la flauta, justo en este momento interviene un instrumento que no está en la partitura; papelitos de celofán que se doblan y extienden, convirtiendo la sinfonía de Dvorak en una obra experimental que antecede a los hallazgos de John Cage. Ayudaría mucho que se aprovechara un momento en el que la orquesta está tocando fuerte con las 5 tubas y timbales abriendo los cielos con sus sonoridades. Si se está acatarrado, sentarse cerca de las salidas no es mala idea; Finalmente en un incontrolable ataque de tos se puede abandonar la sala con rapidez.


Los jóvenes y la falsa pedantería


Me agrada cuando veo gente joven en los conciertos. Muchos de ellos son conmovidos por la música de arte, se dejan llevar por la gama de emociones que expresa un intérprete o la música de los conciertos. Sin embargo, otros tantos están un poco despistados en cuanto a los géneros musicales. Con toda certeza podemos decir que la música de arte no es rock. En los conciertos de rock el ambiente ruidoso y eufórico es esencial. Es parte del concepto y un elemento integral de esta música. En los conciertos de música de arte cualquier ruido de voces puede acabar con la concentración del músico o del oyente y de esta forma estropear una noche que pudo haber sido memorable. La música de arte es para escucharse y para disfrutarse en silencio, los aplauso son momentos catárticos para expresar la emoción acumulada en un obra o mitad del programa. La música de arte tiene un significado que usualmente no está a flor de piel; es sensual pero ésta sensualidad se tiene que buscar en la combinación de sonidos, es conmovedora pero las lágrimas se tienen que encontrar en el llanto de las notas. Estos mensajes no se pueden captar en el ruido sino en el silencio del sonido. Recientemente escuché que un joven reclamaba de esta forma a alguien que lo había callado en un concierto; “Por eso no nos acercamos a esta música, porque la convierten en algo esnob y pedante”; palabras extrañas cuando muchos de los músicos – e incluso muchos de los oyentes que saben comportarse adecuadamente en las salas de concierto - son jóvenes. Lo interesante es que el mundo se rige por reglas de acuerdo a un contexto específico. En el caso de la música de arte el silencio no es un esnobismo sino “parte integral del concepto total”; si uno no puede estar en silencio entonces desconoce cómo participar en este concepto.


Bienaventurados los niños


Los niños, como seres humanos inquietos que son (en etapas de descubrimiento y aprendizaje ya bien apuntadas por Piaget) usualmente carecen de la habilidad para concentrarse por más de 30 minutos. No ayuda en algo que los padres actuales se hayan olvidado de cómo aplicar la disciplina cuando se requiere reforzar alguna regla o conducta. Es en estos casos cuando el auditorio se convierte en un sitio más para jugar a las escondidas. Me parece fabuloso que los niños se acerquen a las salas de conciertos. Deberíamos tener más conciertos didácticos o interactivos. Sin embargo puede ser una opción viable llevar a los hijos únicamente a la mitad de un concierto, preferentemente sentándose cerca de la salida. Los niños tienen derecho a escuchar un concierto, a acercarse a esta música maravillosa, pero también los oyentes tienen derecho a escuchar el concierto en paz.


El reglamento de comportamiento ético durante un concierto de música de arte


Recientemente la Houston Grand Opera publicó en su sitio de internet las reglas de etiqueta que recomendaba a su auditorio. Publicar un listado de reglas nos ha causado mucho temor en nuestra ciudad, no sea que ofendamos a un gran señor o señora. Sin embargo el estado de las cosas en algunos conciertos recientes; Festival de piano Sala Beethoven, Festival Música en Otoño y otros eventos, demuestra que se desconoce el reglamento de comportamiento ético durante un concierto de música de arte. Solo como anécdota algunos puntos esenciales:


· En caso de un ataque de tos incontrolable, abandonar la sala (A menos que la partitura de la obra que se escucha lo requiera “ad libitum”)

· Tener las pastillas y chocolatitos fuera de sus envolturas antes del concierto, tenerlos en una cajita fácil de destapar es otra opción(siempre y cuando no sea una cajita musical)

· Tener el celular en estado de vibrador (O por lo menos, que la melodía del celular concuerde con la del concierto)

· Se debe aplaudir cuando la obra ha finalizado, en obras de varios movimientos se aplaude únicamente hasta el movimiento final. En ópera se puede aplaudir después de cada aria o momento emocionante (En caso que la obra sea interminable abandonar la sala de conciertos a discreción).

· Si nuestro asiento está en medio de una fila y el concierto ya comenzó, no ocuparlo hasta que la pieza se ha terminado. (Si la tentación es muy grande hacer el recorrido a nuestro lugar a gatas).

Estos fueron cinco básicos consejos de comportamiento en las salas de concierto. No me parecen descabellados o imposibles de seguir. Es más, garantizo que esto contribuirá a disfrutar más un evento y a dejar que los demás, disfruten con nosotros. La música de arte es de todos.

Comentarios

Tania Sánchez ha dicho que…
Hace días ya había leído este artículo, pero el día de hoy me tropecé con un par de situaciones que podían bien aplicarse, por lo que volví a él.
En la parte en la que hablas de “la charla de concierto, terror gótico” (realmente en toda la idea del artículo viene a esto mismo) cuando mencionas que no queda más que especular el motivo de estas conductas, que ahora parecieran ser el común denominador, no solo en este tipo de eventos, sino desafortunadamente hasta en la más común de las cosas que rutinariamente hacemos, ojalá fuera solo en recitales, tal vez así ya se hubiera encontrado una manera de ver que se observe la etiqueta.
Me quedo pensando y trato de encontrar o resumir en pocas palabras, en una sola idea (aunque trabajo me cuesta no pasar antes por una larga lista, como falta de respeto, de educación, egoísmo, ignorancia, etc.), es la falta de sensibilidad, si tuviera que elegir me quedo con esa, si hubiera sensibilidad pienso que podría superarse prácticamente cualquier situación de estas y tantas otras de un valor aún más significativo en la vida.