jueves 22 de diciembre de 2011

El jorobado del pueblo


Estimado lector; desde hace diez años escribo artículos, reseñas musicales y operísticas, algo de crítica teatral y todo lo que puedes encontrar en mi blog. Pero te confieso que desde hace un tiempo he estado escribiendo cuentos (y actualmente obras de teatro) es un placer personal el cual pretendo gradualmente cultivar con mayor dedicación (en la medida que siga creciendo y esto sea mejor recibido). Quisiera compartirte uno de mis cuentos breves recientes. Espero sea de tu agrado. Con mucho gusto se aceptan observaciones y comentarios en gruta@trofonio.com o en el espacio de comentarios de la entrada.

El jorobadito ahí estaba, recargado como siempre, en una columna del portal. Hacía sonar sus maracas con un ritmo preciso e insistente, como si jugara con las rachas de viento de la tarde arremolinadas en la plaza del viejo pueblo. Caía la tarde, rosada y amarga. Los peatones iban y venían sin prestar atención a Onofrio. Pero éste no perdía el entusiasmo y por el contrario tocaba más fuerte su instrumento ante las muestras de indiferencia.

-Unos pesos, señorita, ándele, qué le cuesta. Ayude a este jorobado alejado de la mano de Dios. Oiga, señor, ¿no me da una ayudita?

Pero Onofrio, con su giba parda que se asomaba por entre la amarillenta camisa, no causaba compasión, más bien repugnancia. Su sonrisa desdentada y rostro macilento contrastaban con la oscuridad de su protuberancia y los transeúntes lo evitaban invariablemente. De vez en cuando un alma bondadosa extendía con cierta cautela unas monedas tratando de no tocar ni un milímetro de la piel del desgraciado. Así pasaban los días, sin importar que fuera martes, jueves o domingo.

Nadie sabía de donde venía ni donde vivía. Parecía que habitaba en el portal. Se le veía en ocasiones hasta altas horas de la noche caminando por aquí o dormitando en un rincón. Aún así la estampa usual de Onofrio era su concierto junto a la columna. Alguno recordaba una tarde lluviosa coronada por relámpagos, con el jorobado inmutable sonando sus maracas mientras los pueblerinos iban y venían despavoridos tratando de evitar la llovizna. Varios que se habían refugiado en los portales escucharon la obstinada percusión que resueltamente formaba un contrapunto con el patrón rítmico de la lluvia. Pero el encanto hipnótico de la música no fue suficiente para que Onofrio consiguiera unas monedas.

-Lástima, ha sido mi mejor concierto.

Una pequeña de ojos entornados, coletas y vestido azul, se acercó al jorobado y con una sonrisa extendió su mano para darle un billete.

-Vámonos, Macaria ya bajó la lluvia.

-Espérate mamá.

-¿Cuál espérate? Ándele.

Con el estirón de la madre el billete de la niña se resbaló de su mano voló con rápida elegancia y cayó por un alcantarillado.

-Lo siento, señor…

-No se preocupe, niña, ya será otro día.

Pero ese otro día no llegaba y Onofrio se veía raquítico. Cada vez hurgaba con más frecuencia los botes de basura.

-Tengo que hacer otra cosa. Las sobras están muy jodidas y me duelen las tripas, se me ponen tiesas. Pero ya sé lo que hay que hacer. Dios me perdone y nuestro buen santo señor Atanasio. Ya lo han dicho, Ayúdate que Dios te ayuda.

Así, una mañana Onofrio se encontraba recargado sobre su columna, maracas en mano. Pasaron un par de transeúntes muy apurados, pero el jorobado ni se inmutó. Siguió haciendo sus ritmos como si nada.

Al mediodía el portal estaba en ebullición; transeúntes, vendedores, ociosos leyendo el periódico, boleros y matronas escandalosas. El jorobado se sonrió con cierta malicia al ver a la mujer del alcalde caminando altiva con su sirvienta y su mozo, agitó sus maracas. La mujer cargaba su bolsa imitación Vuitton ignorando a la gente que pasaba a su lado. Se detuvo a imprecar a la sirvienta que se había detenido a ver un puesto de alhajas. Finalmente el grupo reemprendió el paso y se aproximó a la columna del jorobado. Onofrio esperó hasta tener a la mujer frente a él. Su pie hizo contacto con el tobillo de la primera dama y esta trastabilló hacia fuera del portal terminando de bruces en los terrosos adoquines de la calle. El mozo, como impulsado por un resorte la ayudó a levantarse con cierto apuro. Quedó empanizada como milanesa al igual que su bolsa. La gente estaba deleitada. Comenzaron a escucharse risas a lo largo del portal. La sirvienta no se pudo contener.

¡No me toques imbécil! (Trató de quitarse la tierra del vestido con unas palmadas) ¡Vámonos a la casa! ¡Ustedes de que se ríen! ¿Y tú estúpida? ¡Agarra la bolsa!

La mujer miró con desdén al jorobado.

-¡Baboso! ¡No te muevas de tu columna!

Salió caminando a gran velocidad seguida por sus servidores. Primero fue el boticario y después el lechero. Don Epifanio el de las flores y Doña Eulalia la tamalera también aplaudieron. En sólo unos segundos estalló una ovación para Onofrio. Instintivamente se acercaron a su recipiente y comenzaron a hacer fila para dejar caer monedas y hasta billetes.

“A huevo que hoy voy a la fonda de Don Temo. Con el favor de San Atanasio será la primera de varias.”


sábado 10 de diciembre de 2011

De lectura y políticos

Desafortunadamente es una historia que es repetida por innumerables actores de nuestra política y, peor aún, un reflejo del común denominador de nuestro país. Mejor ejemplo de un círculo vicioso no lo tendremos en mucho tiempo; por un lado está Enrique Peña Nieto, candidato del PRI a la presidencia de la república (dejémonos de tonterías con que si todavía es pre, su carrera comenzó mucho tiempo atrás al amparo de las televisoras), por el otro está un sector amplio de la ciudadanía seducido, no por las propuestas ni mucho menos por su libro “Por un Acuerdo Nacional para impulsar el desarrollo”, donde el nouveau caudillo ha instruido a otros vaciar su propuesta de gobierno (¡Que bajo ha caído la creación de libros, ahora hasta los que no leen escriben!). No, ese voto está condicionado por la presencia y físico telenovelero del candidato.

Hace tiempo pensé que México había tenido una gran lección con lo acontecido en Nuevo León; Se eligió a un gobernador con una trayectoria discreta, insuficiente, con una educación promedio, estudios en el extranjero en entredicho (nunca se terminó por esclarecer ese asunto) cobijado por un aparato portentoso de acarreos y cargadas además de una imagen mediática carismática fabricada (Recordemos la megalomanía del actual gobernador "dirigiéndose al público" desde la cima del faro del comercio) y una buena presencia física. Hoy no estoy tan seguro puesto que las cosas se van estructurando por la misma vía con Enrique Peña Nieto; la maquinaria a su alrededor supera en mucho al producto final.

Sucesos como la terrible pifia literaria de Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara han servido para ir desenmascarando a esta especie de Tartufo. Aquellos que busquen algún dejo de substancia no la encontrarán. Tal parece que al propio candidato le tiene sin cuidado este hecho; No procuró documentarse para lo que posiblemente le podía acontecer en una Feria Internacional del Libro. Poco a poco ha demostrado que cuando las preguntas se apartan de líneas comunes patina. Yo no sé qué tipo de mandatario podemos esperar de alguien que no puede nombrar siquiera convincentemente tres libros que haya leído, y para mi este es el fondo de la cuestión.

El lapsus de “La Silla del Águila” habría pasado si las otras dos respuestas de Peña Nieto no hubieran sido tan desafortunadas. Si “La Silla del Águila” (con o sin Carlos Fuentes) se hubiera flanqueado de “Pedro Páramo” y “Rayuela” hoy no estaríamos dedicando un espacio de reflexión a este tema. Pero cuando se titubea sobre la Biblia; “La biblia en algún momento de mi vida… no me leí toda la Biblia, pero sí algunas partes de la Biblia” las cosas están mal. Seguramente por piedad no le preguntaron cual de los libros que componen el viejo o nuevo testamento es su favorito. Responder la Biblia es apelar al lugar común y lograr el efecto en un país cristiano hasta el tuétano. Pero su tercera respuesta fue penosa; “hay otro de él mismo (Enríque Krauze ha quien erróneamente le adjudicó “La Silla del Águla”) que quiero recordar el nombre sobre caudillos”. Esta última respuesta arroja una incipiente disciplina lectora de parte del candidato del PRI. Recordar tres libros no es difícil. Tres autores. Tres textos. Si Peña Nieto nos deja con varias dudas sus asesores cayeron en el ridículo.

Lo ocurrido en la FIL de Guadalajara, desafortunadamente, es una muestra de la realidad mexicana actual. No me sorprende puesto que también lo he visto en la universidad; “No leo porqué no me interesa” “El último libro que leí fue “Por qué los hombres aman a las cabronas” “Mi libro favorito es Crepúsculo”. Esas son las realidades de un México dañado en su estructura educativa. No nos sorprenda que diversos productos de esta estructura ascienden hacia grandes puestos sin la preparación universal indispensable. Enríque Peña Nieto es pues, un producto característico del sistema mexicano actual en donde la apariencia y el relumbrón valen más que la substancia. Que podamos separar el oro del oropel sería tarea de la ciudadanía pero ¿Tenemos la preparación indispensable para llevar a cabo una vida democrática sana? La respuesta produce desasosiego.

EPÍLOGO

Me inquieta también una última cuestión; Prontamente ciudadanos enfadados (y varios actores políticos) salieron a las redes sociales a rasgarse las vestiduras. Dudo que Enrique Peña Nieto sea el único no lector en un país de no lectores. Es probable que muchos de los que han reaccionado con chistes y bromas no tengan buenos hábitos de lectura. Eso me recuerda una de las grandes lecciones de la Biblia; “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Vergonzoso, si, pero que el exterior no nos haga apartar la vista del fondo.

Ciertamente leer es un trabajo personal. La lectura por si misma no nos hace mejores o peores personas. He ahí la clave que nos comparte Harold Bloom en su magnífico libro "Cómo leer y por qué" (el cual sería un excelente regalo a los candidatos presidenciales actuales). Hay que leer para satisfacer aquello que está próximo a nosotros, aquello que nos puede ser útil. En pocas palabras leer nos debería de provocar la reflexión, para posteriormente incorporar su resultado a lo cotidiano.

domingo 27 de noviembre de 2011

Eric Steinman: In Memoriam

En esta ciudad de diversos cartuchos culturales quemados, la labor incansable de Eric Steinman como promotor del arte lírico constituyó una tarea de amor sin concesiones a la mediocre visión cultural actual. Parece hoy difícil de creer que alguien haya podido unir a diversos miembros de la comunidad operística durante la década de los 90’s y brindarle a la ciudad oxígeno operístico en un momento en donde ya había concluido la malograda Compañía de Ópera de Monterrey.


Si bien sería injusto considerarlo el único actor del proceso que llevó a la ciudad a fines de los 90’s y durante los 2000 a aterrizar proyectos y propuestas de mayor escala, Steinman contribuyó a mantener viva la llama y la pasión por la ópera. Prácticamente todos los artistas operísticos de nombre de la ciudad cantaron o colaboraron con él de alguna u otra forma.


Steinman nos ha dejado prematuramente, pero la parte medular de su legado ya había sido realizada. Es triste dejar atrás una época pero estoy seguro que el trabajo de Steinman quedó en tierra fértil.

Hombre apasionado, proclive a los arrebatos, dotado del conocimiento operístico y de repertorio más amplio de su tiempo entre los directores musicales o repasadores de la ciudad, Steinman también era un conversador animado y divertido. Recuerdo cuando en una entrevista en radio que le realizamos Gabriel Rangel y yo se le salió “esa mierda” refiriéndose a una crítica que consideraba injusta departe de Alejandro Fernández.

Su trabajo tenaz de promoción de la ópera y elevar sus estándares en la ciudad lo llevó a involucrarse en proyectos como el anillo de los nibelungos para niños, la creación de un sello discográfico doméstico con grabaciones procedentes de cintas de las funciones al aire del MET.

Recuerdo su sonrisa orgullosa cuando recordaba a sus divas del alma; Montserrat Caballé, Leontyne Price, Joan Sutherland, Martina Arroyo, entre otras. Las diversas anécdotas como aquella cuando Galina Vishnevskaya hacía su debut en Estados Unidos y molesta con la orquesta comenzó a marcarle el tiempo airadamente con un bastón al director Alberto Erede.

Egresado de Julliard y la Universidad de Nueva York, Eric Steinman realizó su debut como pianista y director musical en una ópera moderna de Tom Johnson. Como muchos extranjeros que llegaron a enriquecer nuestro país, hubo algún tipo de enamoramiento de Eric con Monterrey. Amor apasionado pues no dudaba también en levantar la voz cuando las políticas culturales, oportunidades, visión artística, no estaban a la altura. Fue fundador y director de la Ópera Metropolitana de Monterrey y posteriormente lideró los proyectos operísticos de Pro Cultura. Después de una temporada liderando el proyecto operístico en Culiacán Sinaloa, Steinman regresó a Monterrey, ciudad que hoy lo llora.

En los homenajes espontáneos de sus amigos y colegas queda demostrado el reconocimiento a una trayectoria entregada y sin la cual seríamos mucho más pobres el día de hoy.

Eric, dondequiera que estés estoy seguro que tendrás a Joan Sutherland muy cerca.

miércoles 2 de noviembre de 2011

El Señor de la Opera : Plácido Domingo a sus 70


El 19 de octubre de 1961 un joven tenor promesa, de apenas veinte años, realizaba su debut como cantante principal en la ópera de Monterrey. Si, esta ciudad nuestra, semimuerta de ópera, fue testigo del comienzo de una carrera excepcional que todavía se mantiene en los grandes escenarios.

Nacido un 21 de enero de 1941 en Madrid, Plácido Domingo pronto se acercó al arte vocal. Sus padres Plácido Domingo Ferrer y Pepita Embil eran distinguidos cantantes de zarzuela. En 1948 la familia Domingo emigró a México donde formaron su exitosa compañía de zarzuela. El joven Plácido aprendió canto de sus padres pero también le atrajo el piano. Una vez que ingresó en el Conservatorio Nacional de Música de México Domingo cursó estudios de solfeo, armonía y composición. Asistió como oyente a las clases de director de orquesta del gran Igor Markevitch que por ese entonces residía en México.

En 1958 que Domingo sufre un acontecimiento que marca el resto de su carrera. Se presenta a una audición como barítono para la Ópera Nacional de México. El jurado fue categórico “Tienes talento, pero en realidad eres tenor”. Placido les canta a primera vista “Amor ti vieta” de la ópera Fedora de Giordano. Inmediatamente obtiene su primer contrato como comprimario. Así debutó un 17 de mayo de 1959 cantando el papel de Borsa en el “Rigoletto” de Verdi. Pronto aprende y comparte escenario con figuras de la talla de Cornell MacNeil, Giuseppe di Stefano, Manuel Ausensi e Irma González.

Tras su debut en Monterrey Domingo canta en algunos escenarios de Estados Unidos al lado de artistas como Joan Sutherland, Ettore Bastianini y la legendaria Lily Pons (quien se retiró de los escenarios cantando la Lucia di Lammermoor al lado de Plácido).

El momento definitivo en su preparación de cantante llega en 1962 cuando, después de casarse con su esposa Marta Ornelas, parte a Israel por dos años con contrato para la Ópera Hebrea de Tel Aviv. Ahí solidifica una técnica excepcional, generosa en respiración, cuidadoso fraseo y amplio volumen. Después de eso vino Nueva York y de ahí Hamburgo, Viena y finalmente su consagración en 1967 en el Met de Nueva York cantando Maurizio en la ópera “Adriana Lecouvreur” de Francesco Cilea, su contraparte fue Renata Tebaldi.

Entre los papeles que Domingo considera cumbres en su carrera se encuentran Hoffman (Offenbach), Des Grieux (Puccini), Cavaradossi (Puccini), Alvaro (Verdi), Samson (Saint-Saëns), Otello (Verdi), Siegmund (Wagner), Enee (Berlioz) y Hermann (Tchaikovky).

Domingo posee una voz genuina de tenor lírico-spinto; un centro amplio, color marrón (“se parece al chocolate” dice Domingo en el fascinante libro recopilado por Elena Matheopoulos). La voz en sus mejores momentos poseía una ductilidad que le permitía cantar una serie de papeles que a veces son incompatibles para otros tipos de tenor. Alrededor de 120 papeles ha cantado desde el Danilo de “La Viuda Alegre” de Lehar hasta el Bajazet del “Tamerlano” de Handel. Su carrera ha ido menguando en los últimos años y ahora parece revertirse, sin demasiado éxito, a su cuerda inicial de barítono.

Quizá la sobreexposición de Domingo en registros de audio y video ha ocasionado que demos por sentado su arte y esto es injusto para evaluar a este artista que ha dejado huella no sólo como el gran cantante que es, sino también en la dirección de orquesta y en su generosidad para el impulso de otros artistas; ahí está su concurso de ópera “Operalia”, su trabajo como director de las Óperas de Washington (el cual concluye en la temporada 2010 – 2011) y Los Ángeles. Ahí está su solidaridad con los damnificados del terremoto de México de 1985. Su valentía para luchar contra su cáncer de colon (hoy aparentemente superado).

Si hay algo que no se le dio fácil a Domingo fue su registro agudo. En este sentido el mejor Domingo está representado en sus grabaciones de los 60’s 70’s y 80s. Escuchamos una voz plena, redonda, con un registro agudo sonoro hasta un si. El do sobreagudo, prácticamente su nota más alta, se escuchaba tirante y en varias ocasiones parecía a punto de cortarse, pero tampoco lo evitaba si había que cantarlo, era muy consciente de la tradición del canto italiano. Con el tiempo su registro medio se oscureció y perdió la flexibilidad superior que se puede escuchar en algunos de sus mejores registros; Trovatore o Pagliacci (RCA), Ballo in Maschera, Aida, Don Carlo (EMI), Contes d’Hoffman (DECCA u ORFEO), Carmen (DECCA o DG), Oberon, Fanciulla (DG) Giuramento (Orfeo), Otello (ORFEO o RCA).

He tenido el privilegio de escuchar a Placido Domingo en vivo en dos ocasiones. La primera en ese circo romano que fue el concierto de los dos tenores y medio en Monterrey (Carreras en declive, Alejandro Fernández haciendo lo que sabe y Pavarotti cancelando por su ya grave enfermedad final) en donde pudimos apreciar su versatilidad y elocuencia con el micrófono. Pero en el 2008 tuve el privilegio de escucharlo como se debe cantando el Siegmund de Wagner en el Liceu de Barcelona, en aquella ocasión consigné “Seamos honestos, Domingo es un milagro vocal, se ha dicho esto muchas veces y yo no tengo inconveniente en reescribirlo. Su Siegmund es de antología por la belleza vocal, el timbre mediterráneo chocolate claro mantiene ese centro firme. Su fraseo ejemplar solo ocasionalmente denota el paso de los años en alguna nota inestable o mal soportada, esto último son peccata minuta” Recibió aplausos de más de 5 minutos de duración. Hay algo magnético en Domingo.

Transcurridos 70 años de vida solo nos resta encontrarnos con su legado y sumarnos al coro de felicitaciones. Gracias Plácido por tu arte, gracias por tu empeño en defender este género, porque tu gran contribución ha dado más brios a la ópera que surge como gran escollo del mar bravío.

lunes 31 de octubre de 2011

Callas y la Norma de Vincenzo Bellini

Así como varios conocedores y amantes de la ópera no podemos dejar de asociar el rol de Lucia di Lammermoor con Joan Sutherland (con perdón de los callistas), tampoco podemos dejar de reconocer la creación insuperable que Maria Callas ha realizado de la Norma de Bellini. En esta ópera no son suficientes la vulnerabilidad o el canto perfecto; Norma es un personaje intenso, al rojo vivo, cuyas sutilezas ocupan un segundo plano con respecto al carácter dramático.

Quisiera compartirles algunas reflexiones sobre el segundo registro que Maria Callas hiciera de Norma en estudio (para EMI). Nos encontramos con una Callas en gran control dramático del papel, no siempre de medios vocales. Contrastándolo con su primer registro, este segundo gana en cuanto a dominio total de las posibilidades dramáticas y expresivas del difícil papel. Además, el reparto de este segundo registro es ejemplar en cuanto a voz por voz si lo contrastamos con su primer intento donde apenas contaba con un adecuado Pollione de Mario Fillipeschi y una dramática pero algo declinante Ebe Stignani. 

Callas aunque se encuentra bien en el registro medio y grave tiende a perder firmeza en los agudos.  Usualmente escuchamos una musicalidad escrupulosa y una entonación ejemplar, incluso en los agudos, pero al sostenerlos el vibrato es tan laxo que incluso tiende a variar una nota completa en los intervalos. Por supuesto que compensa los problemas vocales con la caracterización. Sin embargo hay por lo menos uno que otro momento que quizá hubiera sido más impactante con una mayor fiereza vocal.

Pienso, por ejemplo, en el "vanne orsu mi lascia indegno" en donde le falta esa furia que usualmente sabe mostrar en algunas de sus mejores creaciones como Medea, Gioconda, Tosca o Carmen (en disco).

El resto del reparto es de primera por un lado y cumplidor del otro. Franco Corelli es un Pollione heroico que canta en el mejor estilo posible para él. Nunca trata de hacer una lectura verdiana de su rol sino que incluso a momentos se percibe esa elegancia, característica inconfundible de la línea Belliniana. Es un modelo de Polliones, ideal en tamaño de voz con respecto a el inadecuado Pavarotti y un punto más sutil que Del Monaco, un verdadero general romano.

Christa Luwig está entre lo soberbio y lo cumplidor; Por supuesto sus medios vocales son siempre de primer nivel, sin embargo su caracterización se queda en el boceto de Adalgisa (el segundo papel de importancia de esta obra) La voz amplia, se escucha juvenil y redonda de emisión, canta con un gran cuidado pero este se vuelve excesivo en donde esperaríamos un poco más de fuerza (recordemos que aprendió el papel para esta grabación). En muchas ocasiones queda en el lado sobrio del canto.

Nicola Zaccaria es lo cumplidor. Con una voz que a medida que la escucho más me parece la de un bajo-barítono, no carente de matices interesantes pero con un registro grave de poco peso y resonancia y un vibrato siempre característico.

La dirección de Tullio Serafin es de lo mejor, un gran Belliniano que logra recuperar de la partitura esa elegancia clásica. La partitura está llena de expresividad sin llegar al verismo. Aquí se muestra al gran director que era, incluso los recitativos los trata con un gran cariño de fraseo. Batuta excelsa en pocas palabras. El único pero es que la partitura recibió los cortes tradicionales de los 1950's. En este sentido la primera de Sutherland de los 1960's sobrepasa en texto empleado a la de Callas. 

En suma esta grabación es indispensable para los fanáticos de Callas y una Norma atractiva para los aficionados de la ópera o curiosos de lo que Callas podía hacer con este papel. Por su conjunto total estaría en las primeras opciones de estudio (muy pocas por cierto) de esta obra, probablemente no en la cima sin embargo lo mejor es irresistible.