Un retrato de Manuel Felguérez


El reloj de mano marcó las 2:15  de la tarde de jueves. El día fue de un calor subtropical sofocante, menos mal que estamos domesticados a usar el saco en esta ciudad. Llegué a el Granero Grill. Recibí la invitación a comer con gente de FEMSA, personas más que interesantes; Genaro Borrego, Director General de Asuntos Corporativos, la siempre fina Rosa María Rodríguez, Gerente del Programa Cultural FEMSA, entre otros personajes. La idea me pareció  grata pero lo que me provocó un gran entusiasmo era que los comensales principales serían Manuel Felguerez y su esposa Mercedes Oteyza.

Me condujeron a la mesa en cuestión y cuál fue mi sorpresa al encontrarme con los Felguérez solos, el tráfico de Monterrey es misterioso.

Me presenté y fui saludado por una mezcla de calidez y reserva de parte del maestro. Comencé una conversación en la que Mercedes llevó la voz cantante en preguntas esenciales; ¿Qué es CONARTE?, ¿Dónde están las oficinas? ¿Cuánto tiempo lleva al frente? Me pareció una mujer dulce, curiosa, de voz todavía firme. Felguerez escuchó y realizó algún contrapunto muy bosquejado. Había un fogón en los ojos claros del maestro; el fogón de la actividad artística; no vi ninguna llama a punto de extinguirse. La voz era ligeramente velada pero clara en su articulación; como el fuego de pronto se expandía en emoción. Me senté a su derecha.

Pronto llegó el resto de la comitiva. Saludé con gusto a Rosa María, a Julia Moreira, Directora del Centro Cultural Alfa y a Félix Barrón. Genaro se sentó en la cabecera,  a mi derecha. Pocas veces está uno flanqueado de grandes personajes: La política y las artes.

Después de las cortesías iniciales Borrego elogió la carne seca del lugar. Felguérez sonrió, a sus ochenta y ocho años es un buen comedor y la carne seca es algo que le complace desde tiempo atrás cuando Monterrey se volvió centro de su trabajo y recibió esas comisiones legendarias de Doña Margara Garza Sada. “En Zacatecas había algo parecido, el chicharrón de vieja”. Genaro añade que eso era “cecina de chivo”. Parece que todavía se come en algunas partes.

 Cuando hubo que pedir algo de beber, Felguérez ya me había hablado de su gusto por el tequila o el mezcal "Es lo mismo, únicamente cambian algunos aspectos de su proceso". Le pregunté qué tequila le gustaba "Herradura blanco", contestó sin pensarlo.

Genaro pidió también unos tacos de cabrito para comenzar. El maestro me preguntó que cual era el cabrito tradicional en el menú. Le respondí que al pastor, pero también añadí que el cabrito en salsa es un manjar de la región. Tanto él como Mercedes eligieron el segundo.

Genaro Borrego es uno de esos personajes que se van desdoblando en la conversación; hombre de constitución fuerte, tiene el colmillo de sus años políticos, pero no es el prototipo de lo que hoy entendemos como uno. Aquí hay inteligencia, hay calidad de conversación y, lo más importante, hay pasión por el arte. Felguérez y él conversan sobre el decaimiento del centro histórico de Zacatecas, el saqueo del gobierno anterior (¿A alguien le resulta conocida la historia?), la proliferación de los antros que han degradado la vida nocturna y los recorridos por la gran ciudad colonial más al norte del país. Felguérez está más que comprometido con dignificar su ciudad. Pronto tendrán una cita con el Gobernador Tello; Genaro se ofrece integrar la comitiva, los Felguérez se muestran contentos.

Genaro habla sobre su entusiasmo por Rulfo. Felguérez lo conoció, formaba parte de su grupo de amistades. “Dicen que no hablaba mucho” continúa Genaro. Yo añado el hecho de que a pesar de una obra exigua su influencia es aplastante. “Todo lo contrario, Rulfo era platicador” corrige Felguérez. “Una parte de su vida fue agente que viajaba por todo el país; de sus experiencias y observaciones surgió el Llano en llamas. Regresaba de sus viajes y nos contaba los incidentes y experiencias. En esas conversaciones fluyeron los temas que aparecen en su obra. Sus cuentos están tomados de lo que veía en sus viajes. ¿Saben que era funcionario de segundo nivel y tenía una pequeña oficina? Tenía que hacer eso para vivir. Fue gran amigo de Arreola. Ambos se admiraban. Rulfo decía que había aprendido a leer gracias a Arreola. Cuando Rulfo dejó el alcohol, dejó de escribir”.
“¿Lo dejó voluntariamente?”, le pregunto.
“Si, así fue” 

Desfilan los platillos; cabrito en salsa para el homenajeado y su esposa, un corte de carne para Genaro y un ladrillo de filete para mí; ¾ impecable. La comida parece empujar a Felguérez a la conversación. “No voy a terminar”, dice mirando su plato.  Le suelto un puyazo; “Hace mucho que Monterrey no tiene una exposición de usted. Deberíamos de hacer una de obras selectas junto con FEMSA”
“Tengo mucho trabajo. Muchos proyectos. Mi agenda está llena” Dice secamente. “Me estoy preparando para celebrar mis 90 años (tiene 88)  “Viene una gran exposición con el MUAC; obra nueva y una selección de mi obra completada. También hay otros proyectos que no te puedo compartir, no se vayan a cebar”.

Está resentido con Monterrey. “Monterrey fue una ciudad donde viví una etapa importante de mi carrera: el mural que me pidió Doña Márgara Garza Sada para Alfa, la exposición en MARCO. Pero ahorita no tengo tiempo para ella, lo que me han hecho no me tiene contento. Estoy muy agradecido con este homenaje de FEMSA y ALFA pero tengo aquí una escultura desaparecida. ¿Cómo le puede pasar eso a un artista? La realicé para una empresa que ya no existe, de nombre AKRA. Después me dijeron que Margarita Garza Sada la llevó a una universidad”. “Es la UDEM” dice Julia Moreira, Directora del Centro Cultural Alfa.  

Me comprometo con el maestro a darle información y fotografías de su obra y si se encuentra guardada a gestionar su colocación en espacio digno, como debe de ser. “Es lo menos que podemos hacer para saldar esa deuda”.

Addendum: Contactos de la UDEM me dicen que la escultura “Teorema lunar” de Felguérez está desmontada desde hace 7 años. Ya los sumé a la causa. Nuestra ciudad es de una corta memoria vergonzosa. Como si pudiéramos darnos el lujo de dejar encajonados a los grandes artistas que han realizado actividad acá. Nuestra descortesía no solo es con el patrimonio, también con las artes plásticas.

Pasando a temas más agradables, le pregunto al maestro sobre su relación con los grandes maestros del mexicanismo. Inmediatamente surge el tema de Siqueiros. “Nos saludábamos cortésmente. Ambos habíamos estado en la Academia San Carlos. El pleito fue en la prensa. Entre nuestros seguidores. En una ocasión se le preguntó a Siqueiros su opinión sobre el arte abstracto. “Es basura” Y a cuatro columnas publicaron su declaración. (Qué tiempos aquellos en que se publicaba a cuatro columnas un debate artístico… hoy, en cambio). En seguida vinieron a preguntarme mi opinión sobre Siqueiros “Es un mediocre”. Y lo publicaron en cuatro columnas. Mucho pleito, pero los dos estamos juntos en la Secretaría de Educación”, la sonrisa de Manuel Felguérez es la de un diablo sabio, un diablo ligero que baila las formas clásicas de Haydn y Mozart.

Habla entusiastamente del último concierto al que asistió en Zacatecas. “Me gusta la música”. Es asiduo de la Filarmónica de Zacatecas. “Están tocando bien”. Le pregunto por sus compositores favorios, inmediatamente habla de Haydn; la variedad y frescura de su música; “Haydn y Mozart. Bach también, no me queda de otra, es una estrella”

Le pregunto su opinión acerca del problema de los artistas de hoy. “Lo que les falta a los artistas de hoy es trabajar profundamente, que su creación trascienda y sea apreciada por la sociedad. Es la sociedad la que garantiza la incorporación a la historia. El artista tiene que provocar alguna respuesta del público. Muchos son los llamados, poco los elegidos”, añade esto último casi como un sacerdote entre nubes de incienso.

La parte final de la conversación es un regreso a Zacatecas, con contrapuntos bien interpretados por Genaro. Habla de su primera obra pública para la Alameda de Zacatecas, “Mientras muere la tarde” la cual estuvo por 30 años guardada. “Una de las pocas cosas en las que acertó Miguel Alonso”. También nos comparte un dato poco conocido; en la década de los 1960’s diseñó un baldaquino para la catedral de Zacatecas. De último momento le pidieron entrar a un concurso y se negó (ya era un artista de renombre). “Ahora está ese retablo barroco falso con los cubos horrendos de Marín”, el maestro expresa su opinión subrayando levemente su desagrado.     

No faltó el tema político, pero en eso el maestro está más allá de cualquier opinión polémica. Para él, hay políticos sensibles o no los hay. Aquí Genaro lleva una voz cantante. “Eran otros tiempos cuando fui gobernador. Afortunadamente abandoné el PRI a tiempo. ¿Sabías que sólo el 30% de los diputados de este país tienen estudios de nivel universitario o superior?" Ambos coincidimos en nuestra decepción por la administración federal actual “Terrible” es la palabra de Genaro que hace eco, al igual que ese encanto, de niño terrible, que todavía posee Felguérez en su verano indio. Que su homenaje nos recuerde que no solo tenemos el deber de honrar a los grandes, sino también, cumplir con ellos.

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