David Lomelí triunfador de los tres regiomontanos en concierto


“Tres Regiomontanos en concierto” fue el creativo nombre de la gala operística que se presentó el 21 de septiembre de 2007 en el Teatro de la Ciudad. Dicha velada fue el primer concierto de música de arte dentro del marco del Forum Internacional de las Culturas Monterrey 2007 (para mayor confusión sobre este casi kafkiano evento te recomiendo leer mi próximo artículo). La idea de los organizadores era presumiblemente presentar las voces regiomontanas más distinguidas de la ópera actual. De entrada esto me causó suspicacia, pues ignoro en base a qué se llegó a esta conclusión; De David Lomelí no tengo duda pero la inclusión de Sergio Blázquez y Eugenia Garza es más debatible por razones que expondré más adelante. El costo de las entradas fue ridículamente alto (250 a 500 pesos). Dicho dinero lo hubiera pagado por un recital completo con David Lomelí pero no por las otras intervenciones; En Barcelona se pueden pagar 250-500 pesos por ver en una sola noche a José Cura, Deborah Voigt y Carlos Álvarez. El resultado fue que el Teatro lució a la mitad de capacidad (lo bueno es que este forum es universal)

La gala fue dirigida por el maestro Eugene Kohn, al frente de la OSUANL y quién sólo mostró intermitentemente la buena reputación que tiene como director de ópera. Por momentos parecía uno de esos “batuteros” que se presentan con orquestas menores. A su favor debo decir que el tiempo para ensayos no fue lo óptimo según me platicó un amigo músico. De pronto el acompañamiento poseía una tersa belleza como en el aria de Romeo o alcanzaba una algarabía casi impecable como en la obertura de Las bodas de Luis Alonso pero los descuadres en la obertura de las Vísperas Sicilianas o “Pourquoi me reveille” fueron patentes. Kohn protegió a los cantantes y en este aspecto hizo un trabajo generalmente preferible a lo que hubiera realizado Félix Carrasco, director titular del ensamble universitario. Sin embargo, en cuanto a resultados musicales totales no dudo que Carrasco hubiera realizado un trabajo mucho más cuidadoso que el de su colega. De entre los músicos de la orquesta debo destacar la participación viva y entusiasta de las percusiones así como el sonido terso de las cuerdas en el dueto de Madama Butterfly.

David Lomelí se erigió como el indiscutible triunfador de la noche. Lomelí vino, emocionó y conquistó. El joven tenor de 26 años -protegido de Placido Domingo- nos ha regalado una noche histórica de las que únicamente se viven una vez cada 10 años. En efecto, esta noche David Lomelí se consagró en su propia tierra y nos regalo una noche que presagia éxitos que se avecinan a un nivel insospechado. David Lomelí es una realidad, quienquiera que piense que Eugenia Garza es la estrella de la ópera regiomontana prepárese a ser corregido; David Lomelí es la voz a vencer, punto. Una cosa es cantar en los Emiratos Árabes (veto a saber con qué orquesta), con Andrea Bocelli y en conciertos masivos y otra cosa es ser becado por Placido Domingo y Pepita Serrano, trabajar en el Programa de Artistas Jóvenes Domingo-Thornton y formar parte del elenco de la Ópera de Los Ángeles; Eh ahí la diferencia entre Garza y Lomelí. Vocalmente Lomelí es un prodigio, una voz lírica de gran ductilidad e inteligencia. Su expresividad es fogosa como la de cualquier joven de 26 años. Los refinamientos están por el momento en un segundo plano. Su registro agudo es espectacular, su fraseo parece el de un cantante con mayor experiencia. Se podría decir que su postura en el escenario es genérica pero ante el dudoso gusto expresivo de Garza su discreción parece virtud. “O souverain” de Le Cid de Massenet fue interpretado con un lirismo vocal que no le sienta mal a esta aria usualmente interpretada por voces lírico-spinto. Sin embargo los dos momentos cumbre de David Lomelí en la noche fueron su Che Gelida Manina, interpretada con una generosa voz media y amplios agudos así como la romanza “No puede ser” de la zarzuela La tabernera del puerto. Dicha romanza no la iba a cantar Lomelí en una instancia pero ante problemas vocales sufridos por Sergio Blázquez en la segunda mitad del programa David entró al quite y de qué forma. Fue esta romanza interpretada con un fuego apasionado que emocionó y cimbró el auditorio. Quizá David Lomelí no debe interpretar Calaf a estas alturas de su carrera pero el “Nessun dorma” lo tiene bien dominado y su encore fue todo un regalo visceral para el amante de la ópera a flor de piel; ¿cuantas voces que carecen el tamaño y los agudos se han atascado en este seductor pero peligroso escollo? Pero Lomelí con su aplomo, con sus velas desplegadas, generosas, surcó con prestancia el pequeño maelstorm sin despeinarse siquiera.

Sergio Blázquez mostró una voz de agradable belleza, un timbre lírico ligeramente velado en su centro pero con un registro agudo generoso. Sus mejores momentos fueron el dueto de Lucia di Lammermor al lado de la Garza y sobretodo el aria de Romeo “Ah leve toi soleil” de la ópera homónima de Charles Gounod. Aquí el terso fraseo y la precisión y gusto de sus notas altas nos hicieron recordar que Blázquez ha realizado una carrera sólida en algunos teatros alemanes. Se trata de un talento, si bien un poco más genérico, que también está en ascenso. Visiblemente nervioso y con algunos problemas físicos, se enfrentó tentativamente a la segunda mitad de la velada; “Pourquoi me reveille” no tuvo la elegancia francesa ni el fraseo cuidado que amerita. Después de este número ya no se sintió apto para continuar por lo que suprimió su último número (No puede ser) así como su encore.

Eugenia Garza es una artista sólida en el escenario; Raras veces cae de un cierto estándar regular aunque jamás encontramos genialidades ni gestos individuales. Su voz ligeramente metálica en el agudo y de una oscuridad a momentos seductora a momentos afectada por gestos prosaicos es generalmente expresiva en su registro medio pero llega un momento en el que sus agudos, estridentes, gritados, taladran el oído sin piedad. Disfruté la gran escena de Il Pirata, la cual tiene muy bien puesta y si bien está muy lejos de las grandes divas que han abordado este papel Garza resuelve convincentemente esta difícil escena. Dinámicas contrastantes y un fraseo líquido fue de lo sobresaliente entre coloratura tentativa y a veces deslizada. En el dueto de Madama Butterfly fue opacada por el gusto del canto de Lomelí, pero con Sergio Blázquez su mano a mano fue más equilibrado y ambos dieron una muestra de lo mejor de sus aptitudes. Su encore fue una extraña decisión: ¿Qué tiene que hacer Gershwin en una gala predominantemente italiana y francesa? Quizá la falta de un repertorio claro sea el talón de Aquiles de Garza. Hoy ya no creemos en la fantasía de la soprano todo terreno.

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