Noche Preciosista de Medios Chiles : Lucia Aliberti y la OSUANL 18 de septiembre


Lo bueno: Que la soprano Lucia Aliberti nos regaló una noche de belcanto italiano de buena escuela.

Lo malo: Que se reservó casi toda la noche cantando a medio gas.

Lo bueno: Que Félix Carrasco ha madurado como director operístico.

Lo malo: Que la orquesta no siempre respondió donde debía hacerlo.

Al leer las afirmaciones anteriores el lector podría hacerse la idea de que la presentación de la soprano italiana Lucia Aliberti fue irregular. De ninguna forma. Fue relevante la homogeneidad expresiva de la soprano de Messina. Sin embargo lo que pudo haber sido un éxito clamoroso quedó en una bonita noche de canto correcto rara vez llegando al paroxismo. Quizá soy un poco injusto considerando la exquisita personalidad de Aliberti y lo preciosista de su expresión aunado a una técnica sólida. Debo decir, sin embargo, que los amantes del belcanto hemos tenido a lo largo de los años mucha tela de donde cortar así como puntos de referencia. Vaya, finalmente nos hemos construido un punto de referencia personal y en mi punto de referencia Aliberti mostró una escuela belcantista que en raras ocasiones podemos disfrutar en Monterrey pero si tan solo no hubiera abusado de los pianos y pianissimos y hubiera mostrado mayor sustancia…

Momentos en donde esperaba una timbre sonoro y resuelto me llevaba una decepción al escuchar el canto controlado, a momentos amanerado de Aliberti. Ejemplo de ello fueron Vissi d’arte en donde la atmósfera de media luz fue la equivocada, parecía como si Amina se hubiera aparecido en una ópera de Puccini. De igual forma no pudimos escuchar una diferenciación expresiva marcada entre el aria “Al dolce guidami” y la rabiosa cabaletta “Coppia iniqua” de Ana Bolena de Donizetti. El aria mostró un timbre dulce y una predominancia de dinámicas suaves a momentos perdiéndose la voz en la orquesta pero la delicadeza expresiva conmovió. Pero la Cabaletta no fue el momento rabioso que debe ser, escuchamos un canto canoro exiguo en dramatismo.

El momento cumbre de Aliberti se dió en el rondo final de Amina “Ah! Non giunge” en donde la diva mostró su potencial con una técnica segura y voz de cierta amplitud con agudos que corrían fácilmente por encima de la orquesta. Hay que señalar, en honor de la verdad, que Aliberti no es la soprano lírico dramático (no me queda claro este término) que anunció el programa de mano. Aliberti es una sorpano lírico con facilidad para la coloratura pero carente del poderío en el registro bajo de otras sopranos históricas. Aliberti se podría ubicar en la línea de una Mariella Devia, Natalie Dessay o Beverly Sills sin llegar a la altura de las últimas dos. Sus medios son importantes y su presencia física recuerda mucho a Callas pero salvo unas notas en la voz mixta que recuerda a la Divina su timbre es individual y bello.

“Ardon gl’ incensi” que concluyó el programa (sin la cabaletta) lució una bella intervención de la flautista principal a dueto con Aliberti que sólo en las notas picadas mostró el temperamento desequilibrado de la trágica Lucia. A pesar de ello fue disfrutable como música pura. La composición “Raggio d’ amore” de la propia Aliberti mostró las cualidades de la soprano aunque la obra es carente de originalidad y olvidable (con un sabor al brindisi de la Traviata).

La inclusión del aria de Odabella del Attila de Verdi tampoco desplegó el tamaño de voz que requiere este papel, uno de los más dramáticos de Verdi. A cambio Aliberti compensó con una línea bella y sensible, una vez más los pianos fueron sobresalientes.

En toda la noche la OSUANL estuvo a la altura de la soprano italiana. La batuta de Félix Carrasco mostró un gusto sorprendente por el belcanto y sus lecturas demostraron una coherencia musical y dramática que en ocasiones se constituyeron en lo más relevante de la noche. También su oído por las sonoridades internas de oberturas como “La Gazza ladra” de Rossini, “Norma” de Bellini y “La Favorita” de Donizetti mostraron una nueva sensibilidad de este maestro, con pulso seguro. Disfruté la grandeza expansiva del tutti de la obertura de “La Favorita” así como el diminuendo que concluye dicha obra.

Solo hecho de menos un corno más seguro en la obertura de “La Gazza ladra” cada sólo mostraba una desafinación desconcertante. El resto de la orquesta estuvo a al altura aunque a momentos los metales carecen de la redondez que podría ser resultado de un trabajo más concienzudo.

Una noche disfrutable y sensible que careció de los arrebatos dramáticos vocales que requiere este repertorio.

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