El Malinchismo Operístico en Monterrey

La apertura del Festival Internacional de Santa Lucía a cargo del “Galina Vishnevskaya Opera Center” nos ha dejado varias lecciones que el tiempo se encargará de asimilar. En un escrito anterior había calificado de “gris” el inicio, a pesar de la estupenda intervención de la soprano Irina Dubrovskaya. No sólo en algunos aspectos fuimos defraudados vocalmente sino escénicamente. Esto último estuvo cerca de ser un fiasco.

Ciudad Juárez, sin mucha historia operística, calificó las funciones del “Galina Vishnevskaya Opera Center” como el mejor montaje operístico en esa ciudad en décadas. Pero en Monterrey, con una historia operística a momentos brillante, no podemos quedarnos conformes ante tal espectáculo; si vamos a apostar por artistas extranjeros hay que traer a los mejores no a talentos medianos que pueden ser superados por el talento nacional y probablemente a menor costo. Considerando que Ópera de Nuevo León en sus primeras tres temporadas mostró propuestas vanguardistas, a momentos atrevidas, pero nunca quedando a deber en lo escénico, lo que vimos con el “Galina Vishnevskaya Opera Center” fue más que discreto, fue barato. Si en Rigoletto los cuadros ingeniosos y el vestuario rescataron la incoherencia de los planos escénicos, la Carmen que se presentó dos días después fue de juguete. Una farsa en escena y música.

Siempre se podrá invocar la respuesta entusiasta del público regiomontano. Finalmente eso es lo importante en México. La responsabilidad artística queda en segundo plano. Es justo consignar que el público llenó el Teatro de la Ciudad en ambas ocasiones, además respondió con alegría. A mi entender esto demuestra una avidez por el arte operístico más que una cultura operística. Recuerdo las palabras de un conocedor de la Ópera como Salvador González Taméz quien comentaba que “Este tipo de compañías operísticas itinerantes están conformadas por figuras jóvenes o veteranas que todavía no llegan a los teatros operísticos de importancia”. No precisamente un “Bocado de Cardenal” para abrir el – en papel importante – Festival Internacional de Santa Lucía.

Habría que ir desmitificando la “crítica musical oficial” de la Ciudad de Monterrey, en la pluma de Alejandro Fernández. Fernández es un hombre de un gran acerbo de conocimientos operísticos, proveniente de una gran familia musical. Pero a últimas fechas pareciera que Fernández se permite acercarse a la política del mundo operístico y musical más allá de lo que pudiera ser deseable para un crítico musical, en papel imparcial. Me sorprende que en su trabajo crítico cubriendo las dos óperas mencionadas haya pasado por alto los cortes realizados a la partitura de Carmen. Más aún sorprendente fue su entusiasmo por las propuestas escénicas, considerando su pluma implacable con los trabajos que realizó Ópera de Nuevo Léon 2 o 3 años atrás. Aquellas producciones eran más abiertamente vanguardistas y atrevidas que los ejercicios ingeniosos pero inconexos y poco vistosos del Galina Vishnevskaya Opera Center.

Es tiempo que en una ciudad de más de 4 millones de habitantes otras plumas culturales tengamos eco o la oportunidad que merecemos para expresarnos. Por el momento están los blogs.

Sería deseable una respuesta más contundente al respecto de parte del gremio operístico de nuestra ciudad, tan apático y dispuesto a quejarse en la atmósfera de las intrigas sin la valentía de plantar cara a la problemática actual. Mientras las cosas sigan así no habrá una justificación de tener una temporada de ópera más ambiciosa y prolongada. Nos seguiremos conformando con lo que nos den.

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