Palenque Rojo de Hernán Galindo; Drama de guerra y colorido


Hay experiencias teatrales que sacuden por su intenso drama, hay otras que impresionan por la suma de sus recursos. El drama-ballet “Palenque Rojo” de Hernán Galindo se inscribe en esta segunda categoría.

“Palenque Rojo” es un trabajo que Galindo y el productor chiapaneco Hiram Marina García financiaron en parte gracias al estímulo fiscal del artículo 226 Bis de la LISR (EFITEATRO). Sabemos que Galindo ha tenido una relación creativa muy estrecha con el estado de Chiapas, recordemos por ejemplo su melodrama “Más Bueno que el Pan” que se lleva a cabo en San Cristobal de las Casas.

Es innegable el trabajo riguroso que ha realizado Galindo en torno a la investigación y recreación de la historia de Kan Joy Chitam II, señor de Palenque hacia el 700 de nuestra era. Este es uno de los grandes aciertos de Galindo ya que generalmente el mundo prehispánico nos llega a nosotros a través de ojos ingenuos que no reflejan la riqueza y complejidad del sistema de valores de estas civilizaciones que el día de hoy están considerablemente alejadas de la narrativa actual.

Elementos místicos, cosmológicos e históricos se conjuntan en un escenario selvático respaldado por eficientes proyecciones que adquieren alguna grandeza cuando vemos imágenes de la gran ciudad maya. Sin embargo lo más relevante de la propuesta han sido los magníficos vestuarios; desde aquellos que recrean a los animales de la selva hasta la poderosa guerra entre Toniná y Palenque. Son memorables los vestuarios de los guerreros, coronados por esas espléndidas máscaras prehispánicas de gran tamaño, la vestimenta de la Señora Kawil de Toniná es espléndida en su misterio y se adecua bien a la poderosa interpretación de la actriz quien además, entre tanto vestuario, revela una belleza seductora.

Mi momento favorito es cuando Kan Joy desciende al inframundo, y ahí se encuentra con el tembloroso dios de la muerte Ah Puch. Esta escena ha sido manejada de forma magistral con escaza luz y una marioneta gigante que representa a la muerte y quien parece bailar frenéticamente alrededor de Kan. Es justo reconocer también la actuación de (presumiblemente ya que el programa no es muy claro al respecto) Mario Chambor como Kan. Ha logrado dotar a su personaje de un orgullo que únicamente el descendiente directo de ese magnífico pueblo puede desplegar. Seguramente has adivinado que Palenque Rojo está escrito en maya y esta es precisamente una de sus características más acertadas. En un principio pensé que esta decisión de Galindo nos había alienado de la obra. Pero esta está construida de una forma tan clara que pronto el lenguaje pasó a segundo término, ya no importo siquiera el que los arqueólogos (que sí hablaban el español) no hubieran sido sonorizados con micrófono.

No vamos a encontrar mucha sutileza ni en la música (con instrumentos presumiblemente prehispánicos) los sonidos selváticos, las escenas de guerra y las confrontaciones de los personajes. En la escena final Chambor despliega una sutileza que incluso falta un poco en la escena de amor, previa a su derrota. Esta escena embona de una forma curiosa en el resto de la trama al igual que las breves escenas de los arqueólogos. Estas últimas son un punto de contacto con nuestro mundo pero en el todo me dejan con sentimientos ambiguos. Quizá un breve prólogo con ambos pudieran ayudar a engancharnos desde el principio con la obra.

Hubo quienes salieron del teatro, quizá porque no pudieron hacer contacto con lo que acontecía. Las raíces mayas son un elemento fascinante pero prácticamente ajeno a la gran parte de los mexicanos de hoy (claro está, salvo las comunidades mayas actuales y algunos elementos culturales del sur del país). Todos tenemos un respeto y un sentido de asombro por el patrimonio tangible de los mayas pero sus leyendas y costumbres son remotas a nuestro constructo actual. Precisamente es por eso que quizá necesitábamos una especie de preámbulo. Pensé que quizá una alternativa era incluir supratitulaje en español. La obra tiene el acierto de que poco a poco nos va capturando pero esa captura tiene sus resistencias; la violencia histórica y mística son predominantes y el lado amoros de Kan queda oculto entre poderosas paredes de piedra.

Nuestro conjunto de subculturas que es el México de hoy está constituido por elementos diversos, disímbolos en ocasiones. Esa complejidad se refleja en la riqueza cultural de nuestro país. Hernán Galindo nos ha abierto una puerta hacia el intrigante mundo legendario de los mayas. Por ello “Palenque Rojo” es un trabajo relevante, el cual muestra una de las vertientes posibles del teatro actual mexicano.

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