Un barbero divertido: Presentación de "Il Barbiere di Siviglia" de Rossini en Monterrey

La noche del 14 de junio marcó el regreso en Monterrey, tras varios años de ausencia, de este torbellino musical entrañable que es el "Barbero de Sevilla" de Gioachino Rossini. Algunos de los artistas que participaron en la ocasión previa repitieron sus papeles con acierto. Un buen barbero no puede dejar de deleitarnos o hacernos reír y en este aspecto la Facultad de Música de la UANL con David Zambrano al frente del proyecto cumplió nota por nota el cometido.

No importó que Rogelio Marín haya comenzado un poco discreto en su cavatina "Ecco ridente", tampoco importó cierto trabajo menos que limpio de las cuerdas (sobretodo en una floja tempestad) o que Oscar Martínez haya tenido un pequeño olvido en "Largo al factotum" y que el mismo Marín al final de la obra haya llamada "Don Alonso" a "Don Basilio". Pecadillos que no afectaron una velada disfrutable en donde cada personaje logró conquistar al público. El Teatro Universitario de la unidad Mederos tuvo una buena asistencia, tomando en cuenta que la propaganda previa al montaje fue inadecuada.

El debut como directora de escena de Ivet Pérez no pudo haber sido mejor. Infundió una idea fresca e ingeniosa en el movimiento escénico; cumplió con creces en algo difícil de lograr para un director de escena; que el público respondiera a la obra y a los ingenios musicales y escénicos que posee esta. Manejó con acierto el final del primer acto cambiando a los personajes del plano principal de acuerdo a sus intervenciones e introdujo una idea muy graciosa; convertir a Basilio en una especie de mago (además de maestro de música) y encuadrando sus torpes dotes dentro de la sintaxis musical sin abusar de la idea. En este caso contribuyó ampliamente la gran bis cómica de Rafael Blásquez, bajo. Vocalmente cumplió con el personaje únicamente mostrando una cierta rigidez en su registro más alto en el aria de la calumnia. Por otro lado mostró un registro grave redondo y saludable en el cuarteto del segundo acto.

Oscar Martínez dominó la escena como ya es costumbre. Si hay alguien que tiene la medida de Figaro en Monterrey es Oscar, su vestuario ayudó así como su peluca la cual le dio un toque juvenil y cuidadosamente de época. Martínez se encuentra en un buen momento vocal con esa voz flexible, dúctil en la coloratura y expresividad generosa.

Si hubo un elemento escénico que elevo la calidad de la propuesta fue el vestuario diseñado por Ivet Pérez y David Zambrano. Llevaba tiempo sin ver una propuesta consistente y efectiva en este aspecto. Por una vez el vestuario dieciochesco del Doctor Bartolo estuvo a la altura de este "famoso" doctor sevillano. Contrastó la indumentaria de Figaro; fresca,relativa a tiempos cambiantes con su boina, camisa y casaca clase mediera. Los cambios del conde Almaviva fueron efectivos desde su elegante vestuario de noche al uniforme de soldado o la sotana de capellán-maestro de música.

El Almaviva de Rogelio Marín comenzó un poco desigual con una cavatina funcional, correcta pero poco espectacular; discreto en la fioritura y con la cabaletta sufriendo un pequeño corte. Al llegar a su canzoneta Marín ya estaba en forma regalándonos una versión sensible. Su voz es de un tenor ligero con el timbre ligeramente velado, gran musicalidad y elegancia de línea. Solo en ocasiones se echaba en falta un poco más de volumen. Escénicamente estuvo a la altura interactuando animadamente con Figaro y en sus duetos con el Dr. Bartolo.

Guillermo Ruiz hizo un Bartolo ejemplar en todos los sentidos. Voz amplia, divisiones precisas, destreza para el canto silabato de su gran aria. Por una vez la escuchamos completa y con justicia. Escénicamente sorprendió su trabajo redondo puesto que en el pasado fue un Uberto un poco soso. Realizó un Doctor Bartolo interpretado con gran dignidad y esto último hizo que las situaciones cómicas que lo involucraban fueran aún más divertidas. Simplemente excepcional su manejo de bastón. Creó a un personaje altivo e involuntariamente ridículo.

La Rosina de Cristina Velasco gustó mucho y su voz natural de soubrette abordó con gracia y estilo su difícil rol. Escénicamente cumplió con su ya característica frescura e inocencia, ciertos manerismos aparte. Vocalmente mostró una técnica precisa, gran habilidad para las fiorituras y los trinos. "Una voce poco fa" mostró quizá un exceso de decoración sobretodo en la primera vuelta del aria (algo poco característico). A momentos me hizo recordar el anécdota de Rossini cuando la gran Adelina Patti interpretó esta aria para él y la decoró de tal forma que el maestro le reviró; "Muy bello señorita pero dígame ¿Quién compuso esa aria?". Cuestión de gustos pero yo seguiré esperando la oportunidad de ver a una mezzo en este papel.

Lucy Arner dirigió en un estilo clásico la partitura de Rossini que en varios momentos se habría beneficiado con tiempos más vivos. La obertura careció de brillantez. En contraste el final del primer acto estuvo en un tiempo preciso y vivo sostenido con buen pulso por la experimentada directora. Con algunos apuros de ensamble, la lectura hizo honor al Rossini clásico aunque adoleció de mayor ímpetu. La orquesta de cámara de la UANL es un conjunto funcional que requiere un poco de mayor lustre en las cuerdas. Por el otro lado los alientos tuvieron atinadas intervenciones. Se logró un trabajo decente sin lograr grandes calificativos.

Es de agradecer que el texto utilizado fuera fiel a Rossini exceptuando los timbales optativos en la obertura (la partitura original no los contempla ni los necesita salvo el bombo en el aria de la calunnia y la tempestad). Se cortó el aria brillante del segundo acto de Almaviva así como algunos cortes en los recitativos incluyendo la salida de Fiorello. Se suprimió el papel de Ambrogio, sirviente de Bartolo. Se utilizó la guitarra acertadamente en la canzonetta del primer acto no así en la cavatina de Almaviva.

José Rubio fue un Fiorello sonoro y sobrado, poseedor de una buena vis cómica. La Berta de Rocío Tamez ejemplar; nadie en Monterrey había sacado tal partido de este papel. Escénicamente contribuyó al disfrute con esa naturalidad para la comedia. La voz es oscura y redonda en su parte central y baja. No tuvo problemas con su música.

El diseño de escenografía de David Zambrano y Rafael Blásquez reunió los elementos indispensables para un barbero efectivo. Bella la imagen principal de Sevilla. Quizá fue un error el anochecer en la escena de la lección de música, un atardecer habría sido correcto. El mobiliario no desentonó con el concepto salvo un biombo que contrastó con el resto.

El trabajo de Lucía Torres en los recitativos con piano (eléctrico) fue impecable, musical e inteligente. Cuanto levanta una propuesta como estas el tener un músico de gran sensibilidad en este departamento.

Parafraseando a un célebre maestro de la ciudad; No estoy seguro que este Barbero haya sido la función de la década, de lo que sí estoy seguro es que ha sido hasta el momento el mejor barbero de la década. Raras veces encontramos esa combinación exacta de musicalidad y diversión. Esta ciudad se merece una buena dosis de la genialidad del maestro de Pesaro, tan siquiera para darnos cuenta que estamos vivos y que esto vale la pena.

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