Lucia de Lammermoor: En vivo desde el MET de Nueva York, Monterrey


Debo aceptar un “mea culpa” queridos lectores, he estado tan absorto en mi trabajo y proyectos que me desconecté de mi blog. No es que haya dejado de escribir o que piense desairar el sitio. Actualmente me encuentro trabajando en una colección de cuentos y terminé de revisar una obra de teatro sobre Rossini.

Decidido a darle más vida a este sitio, estoy preparando 4 nuevos artículos para el blog. En esta ocasión regreso contigo para hablar sobre el ciclo de óperas “En vivo desde el MET de Nueva York” que el Tecnológico de Monterrey a través de su Difusión Cultural y bajo la dirección de Fernando Treviño Lozano lleva al público en general. El sábado 19 de marzo asistí por primera vez para ver “Lucia de Lammermoor” de Gaetano Donizetti.

Desafortunadamente llegué tarde y el primer acto lo vi en el vestíbulo del Auditorio Luis Elizondo. Soy consciente de que reglas son reglas y la propaganda ha sido clara en cuanto a que se cerrarían las puertas del auditorio una vez comenzada la ópera. Estoy de acuerdo si esto fuera ópera en vivo en el amplio sentido del término. El público en general se lo ha tomado como función de cine, contestan el teléfono durante la función, dialogan entre amigas o amigos. Si bien la proyección de Lucia tuvo una asistencia relevante de ninguna forma se llenó el teatro. Los organizadores quizá pudieron haber pensado en bloquear una zona cercana a uno de los accesos para las personas que por alguna razón u otra (incluyendo la intransitabilidad de la ciudad) llegaron 3 o 5 minutos tarde.

El esfuerzo bien vale la pena pues ha acercado un quehacer operístico de primer nivel a una población ávida de disfrutar este género artístico. Las posibilidades educativas son relevantes pues ahora una buena parte del público podrá contrastar un reparto de primera línea con otro un poco más modesto como el que se podrá escuchar en los próximos Trovatore de ópera de Nuevo León.

Pero si bien hay una fricción especial por presenciar a distancia una ópera en vivo, la realidad es que la experiencia no suplanta a la de una función representada en sitio. La toma de sonido es de alta calidad pero no es distinta a la experiencia sonora de escuchar ópera en disco o video en la comodidad del hogar. El añadido aquí por supuesto es la pantalla gigante pero incluso el balance de la música puede ser engañoso; una transmisión de este tipo da escasa idea del tamaño de las voces. ¡Joseph Calleja que es un tenor lírico-ligero le sonó a algunos de los oyentes como un tenor dramático!

Considero importante dimensionar bien este tipo de proyectos los cuales sin lugar a duda contribuyen en gran medida a la cultura de nuestra ciudad. Sobretodo del incipiente mundo operístico regiomontano. Es una experiencia única por si misma pero no sustituye a la experiencia en vivo. Incluso la reseña o crítica de estas funciones deben de ser con un grado de mesura pues no se tiene una dimensión completa ni adecuada de la efectividad de una producción con tantos cambios de toma ni el sonido natural y proyección de las voces dentro de una casa de ópera.

Me sorprendió la crítica que realizó mi colega Alejandro Fernández para El Norte. Prácticamente nada le gustó salvo la intervención del barítono Ludovic Tezier. Si bien su opinión es respetable, creo que el arte operístico debe desarrollarse y no quedarse en el pasado anclado a producciones tradicionalistas hediendo a naftalina. La ópera es un arte siempre vigente y es importante ayudar a codifcar su mensaje al público de su tiempo y en este aspecto la propuesta de Mary Zimmerman es relevante. No hay por qué escandalizarnos, la productora no nos volvió locos, ubicó la trama resueltamente en la segunda mitad del siglo XIX, haciendo honor a la música decimonónica de Donizetti. El supuesto “basurero” no es más que un paraje boscoso típico de las zonas bajas de Escocia. El decaimiento de las familias Ashton y Ravenswood queda bien ejemplificado así como la melancolía natural del entorno. Vestir a Lucia de rojo en la boda ha sido un detalle teatral de parte de Zimmerman, la simbología de lo que representa para ella ese momento es inequívoco; correra sangre, habrá muerte. Es un mensaje y un desafío de parte de Lucia.

La orquesta bajo la batuta de Patrick Summers sonó espléndidamente al igual que el coro. La lectura del director titular de la Ópera de Houston fue acertada, tiempos fluidos favoreciendo el dramatismo de la obra, rubato juicioso sobretodo para apoyar el trabajo en la escena de la locura. La partitura (considerando los daños usuales que sufre la ópera belcantista) se escuchó generalmente completa salvo un corte en la cabaletta de Enrico, otro corte en la stretta final del segundo acto, otro en el dueto de Enrico y Edgardo al principio del tercer acto y un recitativo corto entre la escena de la locura de Lucia y el aria final de Edgardo.

Natalie Dessay es hoy por hoy la Lucia más completa que se puede escuchar en el mundo. Si bien es probable que este papel no lo cante ya por mucho tiempo, Dessay encarnó una Lucia que paulatinamente pierde la razón al mismo tiempo que ve su vida acorralada por la voluntad de su hermano. La voz de bello timbre posee una buena emisión, técnica impecable y una expresividad que la ubica entre las grandes cantantes de nuestro tiempo en su repertorio. La inteligencia para abordar momentos de gran drama teatral y vocal como la escena de la locura quedó patente; un torbellino de emociones que nos conmovió ante su trágica suerte. Algún agudo tirante al final del segundo acto evidenció el paso del tiempo. La voz mantiene sus cualidades vocales principales con algún adelgazamiento en el registro agudo.

Joseph Calleja realizó un Enrico redondo que no desluce frente a los más importantes exponentes del papel en los últimos veinte años. Canto de gran estilo, con una voz lírico ligera de gran belleza expresiva y únicamente en el registro medio hay que aceptar un vibrato rápido que es parte natural de su voz. Sus agudos resultaron bien timbrados y su presencia escénica convincente.

Ludovic Tezier impresionó con su poderosa estatura y dignidad escénica pero sobretodo derrochó una voz que está lista para cantar un repertorio más dramático. Espléndida emisión y estilo. Timbre oscuro, agudos anchos. Un Enrico obsesionado con restaurar su honor a costa de todo. El Raimondo de Kwanchul Youn convenció por poseer una voz de bajo cantante oscura, con sobretonos de gran belleza. No me pareció impropio escénicamente considerando que el día de hoy no hay más de 5 o 6 voces de bajo de primer nivel. Hoy en la ópera los chinos, negros, cafés y demás si sus méritos vocales lo denotan tienen derecho a aparecer en cualquier producción.

Los comprimarios estuvieron aceptables salvo el Normanno que ni físicamente(chaparrito cuerpo de uva) ni vocalmente dio el kilo. ¡Y yo que pensaba que era imposible equivocarse en ese rol!

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