viernes, 26 de febrero de 2010

Un Rachmaninov que quedó a deber: Abdiel Vázquez y Sergio Alapont con la OSUANL, 25 de Febrero, Monterrey

Reconozco que es muy difícil escribir alguna opinión o crítica cuando el artista es una persona a la que se le aprecia o es considerada una amistad. Es por lo anterior que siempre he tratado que mi pluma sea respetuosa aunque escriba de cosas que no me gustaron o me repelieron como oyente. Me gusta escribir con humor cuando puedo pero el estilo irreverente de groserías aterciopeladas es exclusividad de los Lázaros Azares.

El día de ayer asistí al tercer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León y en general salí decepcionado. Sufrí más de lo que disfruté este concierto que me dejó frío. La dificultad radica en que a Abdiel Vázquez le tengo un genuino cariño. Es un pianista al que he tenido el privilegio de ver como ha crecido en su desarrollo como músico. El problema es que Rachmaninov está alejado de su temperamento y sus facultades técnicas.

No ayudó en nada la batuta del joven director valenciano Sergio Alapont que abordaba por primera vez esta complicada partitura. El concierto para piano y orquesta #3 en re menor de Rachmaninov es una de las partituras más escabrosas del repertorio pianístico. Su factura es especialmente cargada en la parte solista así como en la amplia orquesta. Ni Alapont mostró el temperamento ni Vázquez pudo con tan inseguro acompañamiento. La stamina para una obra muscular de este tipo no está ahí.

El allegro non tanto comenzó a un tiempo muy mesurado pero adecuado. Las frases elegantes de Vázquez, un legato de gran belleza y algunos toques individuales hicieron que el segundo tema de este movimiento le quedara al dedillo. Pero la parte central de acordes martillados a ambas manos mostró ya un quehacer musical elaborado y poco natural. Para la coda final de este movimiento ya estaba esperando su culminación y no por la cadenza anterior que Vázquez interpretó con solidez sino por el acompañamiento irregular de la orquesta. Cornos y trompetas destimbrados, cuerdas en problemas.

El intermezzo se benefició del toque delicado de Vázquez. Aquí su inteligencia y cierta individualidad quedaron bien demostradas en el colorido de las variaciones de su tema principal.

El final definitivamente hizo que la estructura cayera salvo los últimos compases. Alapont no supo guiar a sus músicos, el tempo nunca alcanzó la designación de “scherzando”, todo blando. Parecía un Andante. Vázquez tuvo un lapso de memoria antes de la parte central. La coda elevó ligeramente la temperatura y aquí hay que decir que las “campanadas” fueron ejecutadas con gran majestuosidad por Vázquez. Un sector del público aplaudió con gran entusiasmo lo cual es usual en esta obra pero no podemos engañarnos, este no fue un buen Rachmaninov.

Creo que Abdiel está cometiendo un error al abordar a Rachmaninov. Esto lo podrá hacer en Monterrey donde probablemente es el único pianista de su generación capaz de interpretar este concierto. Pero interpretarlo no significa hacerle justicia. Claramente se ha visto que el quehacer musical lírico, refinado de Vázquez está hecho para Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Saint-Saens. Ahí tenemos magníficos conciertos y literatura musical que vale la pena abordarse y escucharse. El buscar a Rachmaninov es algo que me sorprende y sorprendió a varios de los presentes. Metafóricamente, el tenor lírico abordará un repertorio acorde a sus características y evitará los Otellos aunque le causen emoción y placer.

Ojala que Abdiel Vázquez haya obtenido un buen aprendizaje de esta noche. Su talento ahí está. Ojalá y lo veamos abordando la música a la que puede hacer honor su talento.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Las sinfonías de Charles Gounod

Estoy convencido de que todos aquellos especialistas que han hablado de las sinfonías de Charles Gounod se han equivocado, substancialmente, en su apreciación.

“¡Un momento!” Dirás estimado lector. “¿Sinfonías de Gounod?” “¿Del compositor de Faust y Romeo y Julieta?” En efecto.

Tras el fracaso en 1854 de su segunda ópera “La monja sangrante” (¡¿Cómo es posible que Gounod haya confiado en un texto con este nombre?!) Gounod cayó en una depresión, por un lado deseaba triunfar en el ámbito operístico, por otro lado su profunda religiosidad lo encaminaba hacia el sacerdocio. Después de leer a San Agustín concluyó que la mejor terapia era componer música orquestal, y no se equivocó.

El resultado fue que en 1855 compuso un andante y un scherzo que se ejecutaron en un concierto en Paris. La recepción entusiasta lo motivó a completar la obra y convertirla en una sinfonía que fue estrenada el mes siguiente. Se trata de la Sinfonía #1 en re mayor la cual fue recibida con entusiasmo e inauguró una etapa de composición en la cual Gounod se alejó de la ópera por un buen tiempo.

Tras componer la Misa solemne a Santa Cecilia y algunas canciones deliciosas (entre las que se encuentra la “Serenata”) Gounod regresó al campo de la sinfonía en 1856 con su segunda en mi bemol mayor.

Se han dicho muchas cosas sobre ambas sinfonías pero no se las ha escuchado con cuidado. Usualmente se habla de la influencia de Haydn, Beethoven y Schumann. Jamás he leído que dichas sinfonías tienen la influencia de Gounod. Quien conozca la obra de Gounod a conciencia, desde su primera ópera Sapho, pasando por su Faust, Mireille, Romeo y Julieta, sus canciones, misas y cuartetos para cuerdas, se dará cuenta que las sinfonías de Gounod están escritas principalmente en el lenguaje Gounodiano.

Es cierto que se puede trazar una influencia de Haydn en el scherzo de la 1ª sinfonía, Schumann en la robustez y tema del Allegro agitato del primer movimiento de la 2ª sinfonía o Beethoven en la introducción lenta del mismo. Pero el lirismo, la elegancia, el optimismo y la cuidadosa armonía son de Gounod. Los temas son de Gounod.

Quien conoce la escena del jardín de Faust, desde la pequeña (y encantadora) aria para Siebel, la entrada de Faust y Mephisto y el aria de Faust encontrará los arquetipos melódicos en el larghetto de la segunda sinfonía. Algunas cadencias típicamente gounodianas se pueden escuchar en ambas sinfonías. El scherzo de la segunda es una especie de pequeña marcha grotesca que recuerda algunos pasajes de la noche de Walpurgis de Faust y que antecede a la “Marcha fúnebre para una marioneta”.

La primera sinfonía es reconocida como el modelo que utilizó Bizet para su propia sinfonía en do mayor. Es escandaloso el hecho que ambos trabajos de Gounod no sean tan interpretados y conocidos como el de Bizet. Algunos comentaristas perezosos lo achacan a la memorabilidad del material de Gounod. ¡Absurdo! Al momento que escribo esto tengo en mi cabeza el tema del allegro molto o el del scherzo con ligero sabor a Haydn. ¿Acaso no es irresistible la llamada de trompeta del allegro vivace final?

La primera sinfonía está muy cercana al mundo soleado y mediterraneo de Mireille, a la música de la arena en Arles. Romeo y Julieta también es reflejada en los momentos terzos y apasionados de ambas obras. Este apasionamiento no llega al paroxismo de los pasajes más cargados de sus óperas pero la ternura se presenta en una investidura clásica de estructura pero romántica de substancia.

Finalmente se ha comentado también que las sinfonías de Gounod parecen ser obras que al no aportar nada “nuevo” o “iconoclasta” pierden en interés. Vamos a ver; para comenzar Schumann murió el año en que Gounod compuso su segunda sinfonía por lo tanto ambas obras, si bien poseedoras de una lucidez clásica, son dignos trabajos de su tiempo. ¿Acaso toda la música debe ser desgarradora? ¿No hay espacio para el equilibrio o la ternura, para las armonías bellas y perfumadas? Gounod ha llevado al campo sinfónico un lirismo que únicamente se puede encontrar en las canciones y en la ópera. En este sentido emuló también a Schubert. Jamás se había escuchado tal elegancia francesa en una obra sinfónica. Músicos franceses de principios del siglo XX tomarán como modelo algunos elementos que Gounod cultivó con acierto, haciendo honor a sus cualidades.


Discografía recomendada:

Charles Gounod: The 2 Symphonies, Orchestra of St.John Smith Square, John Lubbock, ASV

(Esta grabación no ha sido superada en su equilibrio, cuidado y sonido)

lunes, 8 de febrero de 2010

¡Saints Campeones!


Si, en mi vida hay tiempo también para el deporte, sobretodo el colectivo. No debe extrañarte que sea aficionado al soccer, baseball y fútbol Americano. El deporte también es parte de la cultura y si bien hay algunos elementos escabrosamente monetarios el ritual alrededor del juego es humano y único.

Tras 43 años de existencia, los Saints de Nueva Orleans finalmente han ganado un título de superbowl en un partido emocionante y bien jugado.

Como alguien que ha sido aficionado a este equipo por 20 años debo confesarte que ha sido una alegría catártica, considerando que el equipo estuvo a punto de irse definitivamente a San Antonio en la temporada del 2005 debido a los terribles daños ocasionados por el huracán Katrina.

Nueva Orleans es una de las ciudades con añeja historia latina y color personal, un lugar donde la mezcla de culturas ha dado como resultado una maravillosa fusión. De alguna u otra forma los Saints le han dado a la ciudad un ejemplo y soporte anímico para salir adelante. La ciudad se merecía esto.

Para los aficionados a este equipo nombres como Drew Brees, Sean Payton, Tracy Porter, Pierre Thomas, Jonathan Vilma, Darren Sharper, Jeremy Shockey, Marques Colston y los dos pateadores Morstead y Hartley pasarán orgullosamente a la memoria. ¡Hay que celebrar!

viernes, 5 de febrero de 2010

Le nozze di Figaro de Mozart regresa a escena en Monterrey

Un acierto del Tec de Monterrey ha sido la programación de dos fechas más de la ópera "Le Nozze di Figaro" de Wolfgang Amadeus Mozart. El equipo comandado por Hugo Garza Leal ha decidido apoyar al talento jóven en una proyecto con el "Taller de Perfeccionamiento Vocal" de Raúl Falcó.

Las funciones se llevarán a cabo el 5 y 6 de febrero en el Auditorio Luis Elizondo a las 20:00. Ambas funciones son apenas la segunda ocasión en que se presenta esta magna ópera de Mozart en Monterrey por lo que si no tuviste la oportunidad de asistir el año pasado esta será una gran oportunidad de escuchar una ópera de sublime humanismo.

"Le Nozze di Figaro" de Mozart es la primera de las tres grandes óperas buffas italianas que compuso. Esta obra marca también la primera de tres colaboraciones con el libretista y casanova Lorenzo Da Ponte.

Tenemos pocos datos acerca del periódo de composición de la obra. Desafortunadamente toda la correspondencia al respecto entre Mozart y su padre Leopold está perdida. Da Ponte admitió en sus memorias que la idea de componer las Bodas de Figaro fue de Mozart. A pesar del desagrado de José II por la obra, Da Ponte pudo persuadir al monarca de permitir su representación, asegurándole que la pieza había sido purgada de todo lo que pudiera ser considerado ofensivo.

Las intrigas de la corte, especialmente del conde Orsini-Rosenberg no se dejaron esperar; Da Ponte cuenta la anécdota de como el susodicho conde ordena a Mozart retirar las danzas del acto III debido a una prohibición de mostrar ballet en el teatro. Cuando José II asiste a uno de los ensayos y ve una escena absurda sin música, exige la re-incorporación de las danzas.

La obra fue compuesta entre noviembre de 1785 y el 29 de abril de 1786 (no en seis semanas como Da Ponte asentó en su autobiografía).

Michael Kelly, tenor comprimario y primer Basilio de las Bodas de Figar, relata en su autobiografía que el estreno, un primero de mayo de 1786 en el Burgtheater de Vienna, fue todo un éxito. Después de nueve ejecuciones entre mayo y diciembre de ese año la ópera fue retirada de la cartelera tras el éxito de "Una cosa rara" de Martin y Soler, esos vieneses no sabían de música.

Las Bodas de Figaro es una enciclopedia excepcional de música, estructura, forma, poesía, melodía, orquestación, dulzura, tristeza, rabia, triunfo. Pocas óperas han podido escenificar todo el rango de virtudes, experiencias y defectos humanos. Arias, números de conjunto, finales de movimientos encadenados, coros, danza. Mozart consigue con su ópera una "summa operística" antes de que otros grandes compositores de épocas posteriores lo consiguieran; Rossini, Meyerbeer, Wagner, Verdi, Berlioz, Gounod, por mencionar a algunos.

Con las Bodas de Figaro Mozart llega a la cima de su arte en ópera buffa, algo que continuará en sus siguientes tres óperas. Pero lo buffo en Mozart no es pastelazo o cliché de algunos contemporáneos. No, en Mozart es la humanidad, la sublime experiencia de vivir, de existir.

¡Ahora a descubrir la obra y a asistir a las funciones!

Grabaciones Recomendadas:

Para los tradicionales que buscan la mejor grabación con un Figaro barítono

- Taddei, Moffo, Schwarzkopf, Wächter, Cossotto, Giulini, EMI 1960

Para los tradicionales:

- Siepi, Gueden, Danco, Poell, della Casa, E. Kleiber, DECCA, 1955

- Capecchi, Seefried, Stader, Fischer-Dieskau, Topper, Fricsay, DG 1961

Para los que buscan la mejor versión tradicional más reciente:

- Ramey, Popp, Te Kanawa, Allen, Von Stade, Solti, DECCA 1982

Para los que gustan de lo nuevo e históricamente informado:

- Miles, Focile, Vaness, Corbelli, Mentzer, Mackerras, TELARC 1994

- Regazzo, Ciofi, Gens, Keenlyside, Kirschlager, Jacobs, Harmonia Mundi 2005

martes, 2 de febrero de 2010

La Mansión Encantada de Moniuszko; una probada de la ópera

Recientemente pulí el artículo que había escrito para "La Gruta de Trofonio" sobre la ópera "La mansión encantada"(Strazny dwor) del compositor polaco Moniuszko. Para motivarte a escuchar la ópera te recomiendo leer el artículo al cual puedes llegar escribiendo "Moniuszko" en el buscador de la página o buscando en la sección de "Etiquestas" en la columna de la derecha haciendo click sobre "Stanislaw Moniuszko" o "Straszny Dwor".

Para que musicalmente tengas un punto de referencia aquí te dejo la apasionante "aria del carrillon". El aria requiere un canto de gran lirismo y matices. Es conmovedor el tema de la polonesa que se escucha cuando comienza a sonar el carrillon (glockenspiel). En esta aria Stefan (tenor princial) tiene recuerdos de su madre difunta y de una canción que cantaba su padre en sus tiempos de niñez. Aquí escuchamos a Wieslaw Ochman, posiblemente el gran tenor lírico polaco de la segunda mitad del siglo XX. ¡Ahora a escuchar y disfrutar!
video