Un Rachmaninov que quedó a deber: Abdiel Vázquez y Sergio Alapont con la OSUANL, 25 de Febrero, Monterrey

Reconozco que es muy difícil escribir alguna opinión o crítica cuando el artista es una persona a la que se le aprecia o es considerada una amistad. Es por lo anterior que siempre he tratado que mi pluma sea respetuosa aunque escriba de cosas que no me gustaron o me repelieron como oyente. Me gusta escribir con humor cuando puedo pero el estilo irreverente de groserías aterciopeladas es exclusividad de los Lázaros Azares.

El día de ayer asistí al tercer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León y en general salí decepcionado. Sufrí más de lo que disfruté este concierto que me dejó frío. La dificultad radica en que a Abdiel Vázquez le tengo un genuino cariño. Es un pianista al que he tenido el privilegio de ver como ha crecido en su desarrollo como músico. El problema es que Rachmaninov está alejado de su temperamento y sus facultades técnicas.

No ayudó en nada la batuta del joven director valenciano Sergio Alapont que abordaba por primera vez esta complicada partitura. El concierto para piano y orquesta #3 en re menor de Rachmaninov es una de las partituras más escabrosas del repertorio pianístico. Su factura es especialmente cargada en la parte solista así como en la amplia orquesta. Ni Alapont mostró el temperamento ni Vázquez pudo con tan inseguro acompañamiento. La stamina para una obra muscular de este tipo no está ahí.

El allegro non tanto comenzó a un tiempo muy mesurado pero adecuado. Las frases elegantes de Vázquez, un legato de gran belleza y algunos toques individuales hicieron que el segundo tema de este movimiento le quedara al dedillo. Pero la parte central de acordes martillados a ambas manos mostró ya un quehacer musical elaborado y poco natural. Para la coda final de este movimiento ya estaba esperando su culminación y no por la cadenza anterior que Vázquez interpretó con solidez sino por el acompañamiento irregular de la orquesta. Cornos y trompetas destimbrados, cuerdas en problemas.

El intermezzo se benefició del toque delicado de Vázquez. Aquí su inteligencia y cierta individualidad quedaron bien demostradas en el colorido de las variaciones de su tema principal.

El final definitivamente hizo que la estructura cayera salvo los últimos compases. Alapont no supo guiar a sus músicos, el tempo nunca alcanzó la designación de “scherzando”, todo blando. Parecía un Andante. Vázquez tuvo un lapso de memoria antes de la parte central. La coda elevó ligeramente la temperatura y aquí hay que decir que las “campanadas” fueron ejecutadas con gran majestuosidad por Vázquez. Un sector del público aplaudió con gran entusiasmo lo cual es usual en esta obra pero no podemos engañarnos, este no fue un buen Rachmaninov.

Creo que Abdiel está cometiendo un error al abordar a Rachmaninov. Esto lo podrá hacer en Monterrey donde probablemente es el único pianista de su generación capaz de interpretar este concierto. Pero interpretarlo no significa hacerle justicia. Claramente se ha visto que el quehacer musical lírico, refinado de Vázquez está hecho para Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Saint-Saens. Ahí tenemos magníficos conciertos y literatura musical que vale la pena abordarse y escucharse. El buscar a Rachmaninov es algo que me sorprende y sorprendió a varios de los presentes. Metafóricamente, el tenor lírico abordará un repertorio acorde a sus características y evitará los Otellos aunque le causen emoción y placer.

Ojala que Abdiel Vázquez haya obtenido un buen aprendizaje de esta noche. Su talento ahí está. Ojalá y lo veamos abordando la música a la que puede hacer honor su talento.

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