Música para Compartir: Joseph Haydn Cuartetos Op.77, Cuarteto Buchberger, Brilliant Classics



Aprovechando la celebración del 200 aniversario luctuoso de Haydn he estado escuchando selecciones de su música. Ningún melómano se puede dar el lujo este año de ignorar a Haydn, Handel, Mendelssohn, Purcell o Martinu. Actualmente atravieso un periodo en donde los dos primeros me son inevitables y con los que comparto mi tiempo de escucha. Espero poder entusiasmarte de estos dos maestros que coincidentemente compusieron algunas de sus mejores obras para la ciudad de Londres.

De Haydn hay dos colecciones de cuartetos de cuerda que representan la cima de su producción en este género; los Opus 76 y 77. La primera data de 1797 y la segunda de 1799. Usualmente Haydn componía 6 cuartetos por colección pero el Op. 77 se quedó con dos únicamente debido a la composición del oratorio “Las Estaciones”. Los dos cuartetos comisionados por el Príncipe Lobkowitz se publicaron como Opus 77 y serían los dos últimos cuartetos para cuerda completados por Haydn.

El Opus 103 data de 1803 cuando Haydn ya padecía de varios síntomas de Esclerosis Múltiple que le impidieron concluirlo. “Toda mi fuerza se ha ido, soy viejo y débil” es la conmovedora firma con la que publicó los dos movimientos de este cuarteto con Opus 103.

El disco del cuarteto Buchberger fue grabado entre 2005 y 2006. Son interpretaciones vitales plenas de carácter con una cierta asimilación de técnicas dieciochescas de interpretación que incluyen a momentos un vibrato controlado. Para interpretaciones cuidadas al último detalle o suntuosas en una forma más moderna hay que buscar en otra parte. La visión de Buchberger es válida y el resultado final es para una excelente introducción a estas obras excepcionales. Los cuartetos Op. 77 poseen un lenguaje harmónico cercano a Schubert y la concisión de su estructura queda bien ilustrada en estas interpretaciones frescas. Destaca la algarabía del cuarteto No.1 en sol mayor y el ambiente placentero y jugueton del No.2 en Fa mayor.

Los dos movimientos del cuarteto Opus 103 son conmovedores y poseen un cromatismo melancólico pocas veces escuchado en Haydn. Un torso que constituye el adios de un genio.

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