Un Elíxir Entusiasta: L' Elisir d' Amore en el Luis Elizondo, 2 de noviembre de 2008

A veces, cuando la ópera se realiza con entusiasmo, no importa que la producción sea de bajo presupuesto o que los artistas no sean del jet-set operístico. A veces lo que necesita la ópera es precisamente eso.

La presentación del Elíxir de Amor de Gaetano Donizetti pone en alto el nombre de Difusión Cultural del Tecnológico de Monterrey que de manos de su efervescente director Hugo Garza Leal logra resultados extraordinarios a pesar de los cortes presupuestales que ha sufrido (y que son aparentes al revisar el programa de actividades, mucho más discreto que otros años).

La primera sorpresa de la noche fue la batuta de Hazael Martínez, un maestro que se ha refugiado al frente de la Sinfónica Juvenil del Tecnológico de Monterrey y que en esta ocasión fue reforzada por algunos músicos invitados distinguidos. Martínez nos ha obsequiado el trabajo de todo un “Kappelmeister” o maestro de capilla. Su dirección permitió el flujo natural de la obra, sin mayores pretensiones o profundidades psicológicas. Y es por ello que pudimos apreciar el ingenio orquestal de Donizetti a pesar de algunos momentos titubeantes de la orquesta (que no pasaron a mayor cosa) como las desafinaciones en el oboe y la flauta durante el preludio de la ópera. Martínez dirigió con gusto y con tiempos generalmente vivos salvo en uno o dos momentos.

Cristina Velasco fue una de las triunfadoras de la noche. La soprano linarense demostró que es una de las tres importantes sopranos que tenemos en Monterrey. Velasco ha crecido enormidades como artista. Su timbre es bello, plateado y además de perfecta entonación tiene una habilidad sorprendente con las fiorituras las cuales canta con gusto impecable. Su Adina fue cruel y fría pero desde el inicio de la obra caracterizó una vena más profunda y tierna. Lo único que puedo reprochar es el exceso de gesticulación que a veces es demasiado intrusivo en su presentación.

El Nemorino de Manuel Acosta no fue el más seguro vocalmente, quedando por debajo de la nota en uno de los pasajes de la romanza “Una furtiva lagrima”. De cualquier forma, su estilo y belleza vocal se impusieron, sobretodo en las escenas con Adina. Me parece que Acosta corta una figura demasiado elegante para encarnar a un Nemorino entrañable. No posee ese bis cómico de otros celebrados cantantes. Tampoco ayudo el terrible vestuario, digno de una producción provinciana italiana de los 50’s. El casi babero que le pusieron a Acosta se parecía al que alguna vez llevé en preescolar.

Oscar Martínez fue la otra grande figura de la noche. Su Dulcamara fue más juvenil que lo usual pero el gusto con el que actúa, el timing perfecto y su solidez vocal contribuyeron a lograr una interpretación redonda. Martínez está pasando por un buen momento vocal y quizá este cambio a papeles de carácter más cómico le sentará bien. Es uno de esos artistas que quisiéramos escuchar por mucho tiempo más. Su gran aria la despachó con aplomo y el dueto con Adina fue uno de los momentos clave de la función.

Como Belcore, Mario Bailey mostró una voz de barítono lírico algo inestable. A veces sacrificó la entonación a favor de una caracterización que se salía de la línea vocal. Su voz no ha decaído con respecto a la última vez que lo escuché aunque muestra ese vibrato en el registro alto (mejor controlado en esta ocasión) y canta la fioritura con cierta dificultad. Pero en la caracterización per se del sargento, Bailey estuvo al nivel de la función y finalmente nos hemos quedado con un grato recuerdo de su presentación.

Ivette Pérez es una artista que vale mucho más que el papel de Gianetta, si tan solo alguien montara una ópera en la cual ella pudiera ser la protagonista. Pérez posee una voz perfectamente impostada e impecable en la entonación. Su soprano falcon es usado con gran conciencia de estilo por lo que cantó sobradamente su papel. Su Gianetta fue coqueta e inmejorable.

El Coro de la Comunidad cumplió excepcionalmente con su trabajo escénico y vocal.

La dirección escénica de Osiris Álvarez cumplió con su cometido, abusando mucho menos de la danza que otros directores de teatro. Subrayó sutilmente la trama de la ópera permitiendo que cada artista desarrollara su personaje. La producción de Hugo Garza Leal fue buena en conjunto aunque el vestuario la comprometió sensiblemente.

He visto mejores trabajos de Rafael Blásquez como regista. La calidad de las imágenes fue inferior a lo que nos tiene acostumbrados, incluso en la primera escena se veían algunas irregularidades de la pantalla gigante. Mejoró sensiblemente para el segundo acto pero hecho de menos la cohesión dramática de otros trabajos de este maestro. Su trabajo nunca decae de un alto nivel de factura y es por ello que tenemos el derecho de exigir más.

El subtitulaje de Erik Alfredo Yañez de la Vega fue excelente. Solo en uno o dos puntos pudimos apreciar que todavía no está tan compenetrado con la obra para que la traducción apareciera al mismo tiempo que las bromas del libreto.

Lamento los cortes absurdos a la partitura. Aunque estos fueron pocos, no comprendo la justificación detrás de ello. Si Wagner se interpreta completo, Donizetti se merece el mismo respeto. Además es una obra tan compacta que es aún más absurdo contemplar la carnicería. El dueto de Nemorino-Belcore que posee una de las mejores strettas de Donizetti fue cortado sin piedad. De igual forma no comprendo el corte en el final, el cual fue un gafe dramático imperdonable; Ni Nemorino ni Adina llegan a enterarse de la muerte del tío.

La ópera fue microfoneada ambientalmente. Aunque esto puede ser discutible el Luis Elizondo es tan grande – y tan acústicamente inepto como todos los teatros de Monterrey – que su uso fue justificado. Al menos se realizó con estilo y no con alevosía.

La velada se extendió en gran parte por la charla introductoria de Fernando Treviño Lozano. Como siempre su erudismo es de agradecerse pero hubiera sido más deseable algo más compacto y enfocado en Donizetti desde el inicio.

Una noche divertida, encantadora. Enhorabuena por el trabajo del Tecnológico, que demostró una vez más que la ópera se puede hacer sin bombo y platillo (en esta versión, sin platillo literalmente).

Comentarios

ana ha dicho que…
Hola!
Yo estuve en el coro de la ópera, y tengo la misma opinión de los vestuarios. Como sea, es bueno saber que nuestro trabajo agradó :D