domingo 30 de diciembre de 2007

El Mesías de Handel en Porto : Igreja da Lapa 21 de Diciembre de 2007



El Mesías de Handel es una de esas obras inevitables a las que invariablemente regreso por lo menos una vez al año. Su música generalmente cándida y festiva contrasta con la mayoría de sus otros oratorios (mucho más dramáticos y casi-operísticos) y es que el Mesías puede verse como un canto amoroso a Dios, noble y genuino. Si la música de Bach es la sublimación del ser humano a las altas esferas místicas, Handel es el glorificador de la humanidad terrena. Dios habla a través de la música de Bach pero en Handel es el ser humano el que habla con Dios.

Al estar viajando en Portugal durante Navidad no pude evitar la oportunidad de asistir a la presentación del Mesías el 21 de Diciembre en la Igreja da Lapa (Iglesia de Lapa). No esperaba gran cosa pero el costo del concierto (5 euros) me hizo animarme. Estaba prejuiciado a escuchar una presentación amateur pero el entorno me sedujo; La iglesia de Lapa es una obra arquitectónica del barroco tardío con varios elementos neoclásicos. Es un recinto impresionante de una sola nave con capillas laterales, la altura de la nave central es considerable y el altar tiene una anchura significativa dado que la nave se abre sobre este sin alguna columna que limite el espacio. El corazón de Dom Pedro IV reposa en la Iglesia en agradecimiento al pueblo portense.

Cual fue mi sorpresa al encontrarme con un extraordinario coro, mi admiración se acrecentó al enterarme que es una agrupación amateur. El Coro de la Catedral de Porto es un organismo fundado en 1971 y por supuesto tiene un bagaje de varios años pero sus integrantes no se dedican a este exclusivamente. Es un digno descendiente de aquella rica tradición de música polifónica portuguesa de los siglos XVI a XVIII. Las intervenciones del coro mostraron la impecable preparación técnica de su director Eugénio Amorim. La dicción excepcional al igual que la impecable masa sonora, las divisiones pristinas, la coloratura impecable, la claridad de las frases. No tenemos en México algo parecido, es la simple y sencilla realidad. Aquí no hay problemas de sindicatos y de mantener a gente floja e incompetente a costa del resultado artístico. Mención especial merecen las intervenciones de “His yoke is easy”, “All we like sheep”, “Worthy is the lamb” además del célebre “Alleluya”. La fuga del “amen” final pudo sostener los tiempos fluidos que el director franco-estadounidense Marc Tardue imprimió generalmente a lo largo de la velada.

Caso interesante es que el público literalmente abarrotó la Iglesia de Lapa a tal grado que varios tuvimos que escuchar el Mesías de pie una buena parte (a pesar que habían montado tarimas laterales a ambos lados de la nave). Vaya que la música puede atraer personas a la iglesia. Por supuesto en Porto, como en cualquier rincón latino, también hay varios nacos infieles que van a escuchar únicamente el alleluya y que preguntaban desde “rejoice greately” si ya iba a escucharse el celebérrimo número. Al concluir este número no faltó quien aplaudió de pie efusivamente y se marchó. Esto permitió que muchos de los que estábamos de pie pudiésemos sentarnos finalmente.

La Orquesta de cámara de Porto es un ensamble de primer nivel con varios músicos sobresalientes. La interpretación de su director Marc Tardue fue en una escala más o menos acorde con el movimiento historicista no así en la interpretación la cual fue romántica y moderna con portamento generoso pero no excesivo y texturas romantizadas favorecidas por la acústica reverberante de la Iglesia. En cambio los tiempos, salvo una o dos excepciones fueron vitales y la mayoría de los solistas respondió con precisión a tan animada batuta que no careció de una cierta angulosidad característica de los directores que no se han especializado en el repertorio barroco. El único momento en donde me pareció que el tiempo laxo acabó con la tensión del número fue en el aria “But who may abide”.

Los solistas fueron un conjunto homogéneo salvo una notable excepción. En primer lugar vale la pena mencionar la actuación de Annunziata Vestri, mezzosoprano italiana con un inglés excelente. Su interpretación fue expresiva y a momentos poderosa, bella voz oscura. El tenor escocés Thomas Walker mostró un conocimiento profundo del estilo sacro barroco con unas divisiones y fiorituras ejemplares. La voz es ligera y algo blanca, típica de los tenores ingleses especializados en el periodo barroco, sus decoraciones tuvieron buen gusto. Dora Rodríguez, soprano lírica ligera portuguesa mostró una voz generalmente limpia y sorteó con acierto las dificultades de sus números. Su mejor canto se dio en la tercera parte del oratorio. Desafortunadamente el bajo, tan difíciles de encontrar para esta obra, fue un desastre. En primer lugar no se quién le dijo a Raffaele Costantini que era bajo. Su voz tiene algunos destellos baritonales agradables pero no llega a un mi o fa satisfactorio. Estuvo “truqueando” los descensos y la fioritura fue embarrada por todas partes, no staccatos y un fiato insuficiente. Fue un horror escuchar como respiraba entre frases, arruinó completamente “Why do the nations”. Como cereza en el pastel estuvo su dicción terrible, haciendo honor al prejuicio generalizado de que los italianos son incapaces de hablar un buen inglés.

El oratorio fue interpretado en su integridad salvo algunos cortes en la reexposición de las arias de la tercera parte, incluyendo “the trumpet shall sound”. Me parecieron gratuitos dichos cortes e indignos de Handel. Si podemos escuchar música por tres horas seguidas media hora más no hace la diferencia.

De cualquier forma el Mesías de Handel en la Iglesia de Lapa en Porto, Portugal valió la pena porque fui testigo de la tradición coral de este país tan colorido y vivo. Mi reconocimiento al Coro de la Catedral de Porto y a su director Eugénio Amorim.

¡Felíz Año 2008!



Estimados bloger-surfers/blogueros/lectores : Acabo de regresar de un viaje a Portugal que me ha elevado el espíritu. Portugal es un país latino de cepa, la categoría humana de su gente es de primera y tiene un patrimonio cultural y artístico de nota. Ya les platicaré un poco más sobre mis hallazgos. Por lo pronto quiero enviarles mis mejores deseos para este año nuevo 2008. Que sea un año de salud, gozo, trabajo, amor y entusiasmo. Me parece que con lo anterior no necesitamos pedir más.

Pronto regresaré con ustedes.

domingo 16 de diciembre de 2007

El Público Barcelonés en los conciertos de música clásica : En contraste con el público regiomontano



Hace unos meses escribía en este antro sobre el comportamiento sui géneris del público mexicano en los conciertos de música clásica u ópera. Como buen pueblo adverso al civismo y reglamentación nos comportamos como se nos antoja (ad ovum). Desafortunadamente no estoy al tanto de lo que sucede en la Ciudad de México y Guadalajara en esta singular fenomenología, pero en Monterrey el regiomontano no puede estar sin su aparatejo de la comunicación deshumanizada (llamado celular o móvil según la localidad). Una y otra vez los conciertos son interrumpidos. Por supuesto que se corre el peligro de habituarse por lo que – parafraseando a Unamuno –hay que resistir y luchar contra los hados a toda costa. Si bien las reacciones de algunos de los artistas pueden ser benévolas como cuando tuvimos al célebre flautista Emmanuel Pahud (su concierto fue interrumpido por el “himno a la alegría” proveniente de alguna mini-chatarra del auditorio, con una sonrisa de resignación retomó el himno a la alegría en la flauta y diciendo “no eso no está en el programa” comenzó una vez más lo que si estaba previsto)¡cuanto quisiera estar presente en algún concierto con algún músico del temperamento de un Walter Gieseking! (en la Ciudad de México un fotógrafo inoportuno vio como el maestro, antes de proseguir el programa, hacía pedacitos su cámara fotográfica en el escenario después de habérsela arrebatado).

Durante mi estancia barcelonesa he creído - en mi cándida ingenuidad- que me habría de topar con otra clase de público (o tempora o mores). Cuán equivocado estaba, por supuesto, después de todo ellos fueron nuestros colonizadores. Algo teníamos que aprender. Ciertamente el ambiente de coliseo en las salas de concierto mexicanas no es exclusivo de nuestro colorido país. La capital catalana no se queda atrás. He podido comprobar en carne propia conciertos en donde la sección de alientos y toces de las butacas hacen una competencia poderosa a la de la orquesta. Un verdadero mano a mano donde a veces los primeros salen vencedores. Los celulares fantasmas (esos que no tienen dueño y continúan sonando hasta la saciedad) son la constante, no importa que se esté en L’ Auditori, en el Palau o incluso en el Liceu. A eso hay que añadir al sujeto extasiado que grita engoládamente (no hacia los artistas) sino hacia el propio público sus bravos cacofónicos que torturan los oídos más refinados.

En efecto, el público barcelonés es camorrero emulando el más puro estilo mexicano. El otro día la sinfonía # 5 de Schubert (la más delicada de su autor) fue avasallada por las trompetillas provenientes de las faringes de medio centenar de gargantas de ruiseñor que se habían presentado en L’ auditori. Ahí estaba Hogwood, pobre, tratando de escuchar a sus músicos mientras el monstruo de 100 cabezas blasfemaba con sus flemas. No es raro escuchar el cuchicheo de los presentes (ya sea en catalán o castellano)

A pesar de lo anterior y tratando de cerrar de forma optimista este escrito quejumbroso, debo de reconocer que el público barcelonés SÍ conoce a sus clásicos. Toserán y sonaran celulares pero jamás se escuchará un aplauso entre los movimientos de una sinfonía, ni siquiera en obras poco conocidas. Aquí si se leen los programas (En México pensamos que son souvenirs). En México, la vocación educativa que cada organismo musical debiera tener brilla por su ausencia. En innumerables conciertos de la OSUANL de Monterrey tenemos que soportar aplausos entre los movimientos de obras que incluyen el concierto para violín de Tchaikovsky, pero ni siquiera este organismo que pertenece a la universidad ha apostado por educar, salvo algunas largas charlas previas a los conciertos. En Monterrey el público consciente de los conciertos será minoría hasta que nos preocupemos por educar a los nuevos llegados a este gran arte. Pero Barcelona no se puede dormir en sus laureles pues la indiferencia ante la falta de consciencia social es suficiente para perpetrar o degradar aún más lo que se vive constantemente en las salas de concierto.
Así las cosas me despido resignado, esperando que en algún momento de nuestra era, el barcelonés apague su móvil y su faringe y el regiomontano curious que va a los conciertos se civilice, por piedad.