Por qué el teatro ..... y Wandafa



El cuestionamiento de ¿Por qué leer? Es algo que ha dado en qué reflexionar por varios años. Diversos intelectuales han respondido esta pregunta, incluyendo Harold Bloom en un estupendo libro.  A la par, considerando que el teatro, a pesar de ciertos cambios de paradigma, continúa siendo una manifestación artística de gran poder e influencia,  sería pertinente también hacernos la pregunta ¿Por qué hacer teatro? A la misma podríamos sumar otras dos interrogantes ¿Por qué ir al teatro? ¿Por qué escribir teatro?
Para contestar la primera cuestión vayamos a lo que dice Peter Brook en La puerta abierta;“Lo maravilloso del teatro es que se trata precisamente del lugar de encuentro entre las grandes preguntas del ser humano – vida, muerte – y la dimensión artesanal...Un mundo invisible que se hace visible”. Con respecto a la segunda pregunta nos podemos detener en las siguientes ideas; “Conmover al espectador y crear con su ayuda  un mundo que esté unido al suyo y que, sin embargo, al mismo tiempo lo haga más rico, amplio y misterioso que el mundo real”. La respuesta a la tercera cuestión sería una reflexión que incluiría algunas de las ideas anteriores además de algunas motivaciones propias del escritor; indudablemente el dramaturgo tiene algo que comunicar con respecto a la historia que ha escogido y la forma en que dicha historia está desarrollada.

La obra de teatro está ligada a la revelación de la privacidad. Pero esa privacidad está modelada por las interrogantes del propio autor y su concepción del  mundo. Hay algo festivo y ritualístico también en el teatro.  Arriba hablaba de algunos cambios de paradigma del teatro actual. Curiosamente no es un teatro que regrese a sus raíces originales pues los griegos son los creadores del gran espacio escénico.  Peter Brook y diversos directores y dramaturgos actuales han abrazado una concepción mucho más íntima (para evitar aplicar una vez más el término “minimalista”) e inmediata; una concepción que hace énfasis en el contenido y la capacidad de comunicar del actor que en la “presentación” o producción de la misma. El teatro es probablemente la manifestación artística más versátil; prácticamente es adaptable a todo lugar. Quizá uno de los puntos fundamentales de la teoría teatral de Brook es la inusitada libertad que tenemos hoy para poder hacer teatro dentro de cualquier contexto social o escenario.
Esto último lo ligo a una reciente experiencia que tuve en la ciudad de Querétaro, ciudad que disfruto mucho y a la que viajo una o dos veces al año. Si pudiera decir que tengo una segunda ciudad esta sería. Me he encontrado en Querétaro con una comunidad artística joven emergente; vemos nuevos espacios para exponer obras pictóricas y compañías de teatro con propuestas artísticas atrevidas y algunas otras que van proponiendo un nuevo teatro comercial.

Es de esta forma que me he encontrado con “La Fábrica”, espacio que cuenta con más de 10 años funcionando gracias a la labor de Alonso Barrera. ¡Cuánto nos hacen falta en Monterrey este tipo de visionarios que por una vez han decidido invertir su dinero en la cultura y las artes! (¿Algún emprendedor lee esto?)  La fábrica era una bodega para basura y el día de hoy es un restaurante-café con tienda, patio y una sala experimental para teatro.

La obra que está en cartelera es “Ser mujer es Wanda fa”; una sátira sobre las vacías mujeres de sociedad al estilo “Sex and the city” o las novelas mexicanas con algunas dosis de humor negro, comedia de pastelazo y pequeños homenajes al cine mexicano de ciencia ficción y a las caricaturas japonesas de robots. Tal parecería que todos estos elementos disímbolos no podrían conjuntarse coherentemente pero el texto de Barrera es ingenioso, divertido y efectivo, aunque en el fondo, es un reflejo de la esterilidad  de los propios personajes.

Las actuaciones en su mayoría han sido excepcionales; principalmente con José Remis encabezando el reparto como Wanda. Y ese es precisamente una de las grandes bromas de la obra; el hecho que las mujeres más atractivas son interpretadas por hombres y la amiga geek, desangelada, socialmente inadaptada es encarnada por una mujer.

Boni Bonito es perfecto (¿O debería de decir perfecta?) como la latina ardiente. Mauricio Saldaña hace una Chelsea Clinton fría y quizá un poco menos genial que las dos anteriores pero no menos divertida. Olivia Lara es odiosa como la geek del grupo (¡Pero se torna todavía más insoportable al final!).  Carlos Segura es un Manolo suave y de impecable acento español.  Rodrigo Alatorre y Pedro Morales completan el reparto con buenos momentos de comicidad.

Sería absurdo escribir un spoiler de esta obra que vale la pena verse pues es una alternativa de teatro comercial mucho más inteligente e irreverente. Basta decir que Wanda tendrá que pasar por varias situaciones antes de poderse quedar con su hombre perfecto. Barrera ha utilizado una economía de medios que está en armonía con las nuevas tendencias teatrales pero a la vez ha sido ingenioso para utilizar el espacio escénico y en algunos casos recursos poco comunes.

Si bien para mi (y algunas de las personas con las que fui) la segunda parte de la obra fue un poco excesiva en sus dosis de humor absurdo, Alonso Barrera es un nombre del que valdrá la pena esperar a ver qué sigue.  


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