Ramblings y Reflexiones sobre el trabajo (o ausencia de trabajo) cultural


Me gustan los años nuevos pues en cierta forma es una nueva oportunidad de renovación; no solamente personal o espiritual sino laboral. No puedo ocultar que el año 2013 fue un año difícil para mí en este último respecto. Las cosas no salieron como hubiera querido por problemas administrativos con una institución para la cual he estado trabajando. Son cuestiones que tienen una solución pero que definitivamente tuvieron un impacto en mis finanzas personales. Lástima que a veces no hay la voluntad de arreglar las cosas  o de llevar a cabo los procesos que han sido autorizados por las personas que encabezan dependencias o tienen la autoridad de autorizar dichos proyectos.
Sería injusto decir que considero todo el año anterior perdido puesto que he tenido la grata experiencia de ver estrenada mi obra de teatro “A la mesa con Rossini” y la publicación de mi trabajo “Historia de la Ópera de Monterrey, desde sus orígenes hasta nuestros días”, trabajo que ha sido publicado dentro del volumen de las artes escénicas de la “Biblioteca de las Artes” de CONARTE.

Sin embargo las “aventuras burocráticas” y “administrativas” que pasé en este 2013 me han hecho pensar, durante el receso académico, la problemática laboral del campo cultural en nuestro país; no tenemos ni la infraestructura física y moral, ni los incentivos o recursos ni mucho menos las oportunidades para que los que tenemos esta vocación, preparación o experiencia realicemos nuestro trabajo sin crisis. Por primera vez en mi vida me siento en un cruce de caminos. ¿Para qué fregados dedico mis esfuerzos a esto? ¿No debería ponerme a vender algo, como muchos mexicanos?  Honestamente no me vería a mí mismo tocando las puertas de FEMSA, alguna acerera, corporativo, etc. ¿Qué podría hacer ahí con el curriculum  cultural que tengo? Quizá ser secretario personal (trilingüe)  de alguna cabeza de empresa o departamento ¿Alguien se apunta?
Haciendo un recuento de los últimos años me doy cuenta también del desinterés  de crear las condiciones para el sector cultural; empresas o proyectos culturales en el sector privado. Además de la proclividad a la politización de la cultura; de otro modo no nos podemos explicar como funcionarios sin vocación o experiencia aterrizan en los puestos culturales.

La falta de unidad de los actores del medio cultural es también ejemplar; grupos contrapuestos, intereses mezquinos, competencia desleal por los escasos recursos.  Faltan redes de apoyo y gestión. Falta asumirnos como un grupo polifacético pero consciente y sensible con los demás miembros.
El año pasado llegué a pensar que el haber nacido en este país es prueba inequívoca de la existencia de un hado con peculiar sentido del humor, pero la realidad regiomontana es todavía más inverosímil. Un amigo de la plástica me decía que hay que ver nuestra “misión” en Monterrey como un gran reto y compromiso. Tal vez sea cierto (Por cierto, mi amigo ya no vive en Monterrey). ¿Qué nos queda? ¿Por dónde hacer camino? Un amigo, prominente personaje de la cultura regiomontana, me decía el año pasado que ya estaba “cansado” de que le pidieran colaborar en consejos de forma gratuita; uno sabe, después de todo, en qué casos y para quién se puede regalar el tiempo y trabajo.  Ha puesto el dedo en la llaga; la cultura y las artes son esparcimiento inofensivo que sirve para pasar el rato pero de ninguna forma se trata de trabajo. No, trabajo es hacer o vender varillas, trabajo es construir un puente o administrar una cadena de tiendas. Esta visión lleva, en más de una ocasión, a tazar el trabajo cultural en 0; como el participar en un consejo. No es de extrañarse que la máxima figura intelectual de Nuevo León realizara la mayor parte de su labor, fuera.

Hablando en confianza, la IP mexicana tampoco es para darse de santos con respecto a la cultura; algunas cosas que se hacen se hacen mal; proyectos truncados, nuevos espacios para lo mismo, falta de compromiso y creatividad para desarrollar e invertir en otros sectores, falta de rigor en el planteamiento y ejecución de proyectos (¿Qué te dice el nombre de la “Orquesta Esperanza Azteca”?) Reducción gradual de los espacios mediáticos y escritos para la prensa (¿Por qué crees que existimos los blogueros culturales?).
La creación artística y la labor cultural sigue siendo un fenómeno de chance en nuestro país; si tienes la fortuna de poseer un apellido social, carisma, distinción tal vez obtengas un apoyo, no necesariamente merecido. Si tienes los contactos adecuados y los sabes aplicar tal vez puedas comenzar un proyecto. Si tu narrativa personal es más limítrofe costará mucho más trabajo.  Así están las cosas. ¿Llegará a cambiar este panorama? No si los estados ignoran lo que la UNESCO señala como “inversión esencial en el porvenir del mundo”; situar la cultura en el núcleo del desarrollo.  No si los trabajos culturales se dan por amistad y no por una evaluación objetiva de los aspirantes, no si no incentivamos el sector para que se inviertan en nuevas librerías, empresas culturales, etc. No si la IP sigue creyendo que el México de hoy es ideal, democrático, consciente de la diversidad cultural. No si se sigue apostando el dinero a proyectos que generen dividendos exponenciales por sobre otros que poco a poco irán dando fruto.

Sí, todo esto lo tengo que sacar de mis entrañas, pero es una preocupación real que he visto en las mesas de discusión o “think tanks” culturales. No es justo que el día de hoy esté considerando vender productos en lugar de dedicarme a lo que me apasiona y para lo que soy bueno.  ¿O tal vez sí?

Comentarios

Cap. Nemo ha dicho que…
Mi muy estimado Trofonio,
nada más cercano a la realidad: el arte y el dinero no corren por las mismas venas… en ocasiones coinciden, pero dista mucho el manantial artístico de ser un venero económico.

Recuerdo hace 20 años como si fuera ayer, cuando troque la música por la ciencia, que un tío pintor y mi tutor en la Carmen Romano me reprocharon mi proceder, les argumenté: “no hay masa crítica en MTY para vivir del arte… si bien sus ejemplos son de éxito, realmente se trata de garbanzos de libra, concesiones que la diosa Fortuna favorece, sin la certeza de la repetibilidad”.

Ya encarrilado como científico, mi ahora tutor doctoral me hizo una observación interesante: “en la ciencia tampoco hay dinero… el dinero está en hacer feliz a la gente”. No se trata de vender cerveza o acero, como mencionas, sino en obtener felicidad a través de estos bienes.

De ahí que un semi-retirado Juan Gabriel logra hacer más gente feliz que Jonas Kaufmann, con el impacto económico en proporción directa. Acciones tan interesantes como un Plácido Domingo haciendo coros a César Costa son el pan de todos los días en una sociedad que desconoce las muertes de Claudio Abbado, Juan Gelman o José Emilio Pacheco, pero están al corriente de algo tan absurdo como los premios Grammy’s.

Sin embargo, hoy veo con beneplácito que sí existe masa crítica en MTY para el arte. Expresiones artísticas de antaño extraordinarias como el teatro o la ópera son ahora más comunes. Exposiciones de fotografía o conciertos infantiles como El Ruiseñor o El Conejo y el Coyote hoy por hoy existen; no como quisiéramos, pero al menos tenemos acceso.

Sin embargo, con la expansión artística se presentan también los oportunistas que logran levantar cosechas en tierras de labranza que no sembraron.

Tal vez se necesiten implementar candados (pero funcionales) que legitimen al artista y lo dignifiquen económicamente.

Éxito en este nuevo año.
Ricardo Marcos G. ha dicho que…
Estimado Capitán;

muchas gracias por tu mensaje. Muy atinados tus comentarios. Curiosamente siempre he sido de los que han abogado por mejores métodos de evaluación aplicados a la cultura y los proyectos culturales. Al lado del quehacer artístico debe de haber una crítica; no solo especializada sino también un público informado que pueda discriminar lo bueno de lo malo. Se han invertido recursos en proyectos mal hechos que legitiman a artistas mediocres o perezosos también.

Es cierto, la cara de la cultura regiomontana no es la misma que la de hace 20 años, sin embargo distamos de ser la ciudad cosmopolita y sofisticada que muchos creen ver; no si no somos más receptivos a los flujos culturales, al conocimiento, a la asimilación de las artes.

En fin. Seguirá dando el tema para reflexionar. Espero que aquellos que nos hemos avocado a esta carrera podamos mantenernos en circulación.

Un abrazo y son recíprocos los deseos para este 2014.