A la Mesa con Rossini; estreno de mi primera obra de teatro

 

El próximo miércoles 2 de octubre a las 20:00 tendré el privilegio de que se me estrene mi primera obra de teatro; "A la mesa con Rossini", dentro del marco del Festival Santa Lucía en Monterrey, Nuevo León.

Desde hace mucho tiempo uno de mis placeres ha sido escribir. En una primera instancia me concentré en la crítica, el artículo y el relato. En los dos primeros casos tengo más de 50 artículos y críticas publicadas por periódicos como El Norte y Mural. En cuanto a los relatos estos están inéditos y solo espero el momento preciso en que sean suficientes para reunirlos quizá en un primer libro.

Debo de confesar, sin embargo, que mi más grande nueva pasión es el teatro. No era extraño que mi camino llegara a este dado mi amor por la música y la ópera. Desde el 2007 había estado trabajando en una obra que sufrió muchas modificaciones pues en una primera instancia era una simple excusa para realizar una gala vocal temática. Posteriormente, con algunos consejos de conocidos, amigos y familiares del medio intelectual, llegué a la conclusión que mi idea inicial podía tener mucho más substancia si la convertía en una obra de teatro de verdad con la inclusión de música.

En la versión final quedan varios elementos iniciales; la velada dentro de la velada. Pero si bien al principio parecía que la música se insertaba de forma mecánica dentro de la obra, ahora la música está relacionada con la dramaturgia. Se podría decir que el producto artístico final es una obra de teatro en torno a una "Soirée" de Rossini.

No sé exactamente qué género es el que he cultivado en este primer trabajo; lo más seguro es que se trate de una especie de híbrido pues ciertamente se trata de una comedia pero con algunos elementos de mayor profundidad relacionados con los tres personajes principales. Pero también está la música. No creo que se trate de una comedia musical pues el texto y la música están en igualdad de circunstancias, además, la música es de Rossini, yo solo he realizado la selección y sancionado algunos cortes con fines dramáticos. Hay un elemento ligeramente didáctico también puesto que la obra nos permite conocer a Gioachino Rossini, no de forma cronológica pero de la suma total podemos inferir diversos aspectos de su personalidad y su vida.

Y es precisamente este personaje el motor que ha desencadenado mi primer trabajo artístico en este género; el gran Rossini. Desde niño, uno de mis titanes. Para hacer la obra he leído a Richard Osborne, Herbert Weinstock, Philipp Gossett y algunas cartas del propio compositor. Mi preocupación era que el retrato de Rossini saliera fidedigno; no iba a ser comedia de pastel; intenté crear una figura de carne y hueso; una oportunidad de dar un vistazo a Rossini en vivo pero a través del discurso teatral. Algunos fragmentos del texto de Rossini están tomados de sus cartas; hay ocasiones en donde Rossini habla por si mismo, por medio de sus propias expresiones.

Lo mismo sucede con Giacomo Meyerbeer, otro de los personajes. Si hay una figura envilecida por la historia de la música es este maestro a quienes Verdi, Wagner, Gounod, Massenet y otros le deben algo; ya sea en ciertos recursos orquestales, ya sea en ciertos conjuntos vocales de gran tamaño, ya sea en las posibilidades de espectáculo de la ópera. Diga lo que se diga "Robert le diable" y "Les Huguenots" son óperas que en el mundo ideal formarían parte del repertorio internacional por ser ejemplos de la apoteosis del belcanto francés.

Es cierto que en el caso de Meyerbeer me he tomado algunas libertades; el es el antagonista de la obra (si bien un antagonista agradable). Si hacemos a un lado que he decidido subrayar un elemento de competividad (que si existió) y confrontación (en realidad Rossini y Meyerbeer fueron buenos amigos) el retrato de Meyerbeer es leal; judío practicante, hombre de dinero, elegante, reverencioso.

Eugenia Díaz del Castillo es la heroína y único personaje femenino de la obra. Es una de esas geniales mujeres emancipadas del siglo XIX, pero dama al fin de cuentas. En mi opinión es una versión mexicana de heroínas rossinianas como Isabella, Rosina o Fiorilla. Originalmente este personaje iba a estar modelado en una artista regiomontana famosa también por su gastronomía, pero no sentía una empatía personal por la obra de esta. Finalmente ciertos elementos del carácter de la artista Eugenia Marcos Turnbull fueron mi inspiración principal para este personaje. También es una excelente cocinera (Me atrevo a decir que su cocina se eleva a un nivel comparable al de su obra plástica). Y cómo no iba a conocer a esta gran mujer si desde hace 37 años es mi tía.

Tanto Pauline Viardot como Jean Baptiste Faure, los cantantes, se la pasan flirteando; son personajes de estereotipo francés; elegantes, seductores, sensuales. Viardot fue una de las grandes mujeres de su tiempo; hermana de la gran Maria Malibran pero de un talento intelectual superior; compositora, amante de Turgeniev, gran mezzosoprano; uno de los grandes personajes intelectuales del Paris del siglo XIX. El sirviente de Rossini, Fiorello (o Tonino en la versión final)es un personaje torpe que disfruta entrometerse un poco en los asuntos de Rossini, definitivamente es el único personaje de farsa.

No sé si esta obra me dará el privilegio de usar ahora el título de dramaturgo de aquí en adelante. Tengo concluida mi segunda obra (tema histórico mexicano) y dos más que están bastante avanzadas. Creo que es un paso más y me siento más cerca de sentirme parte del mundo teatral. Después de todo son cosas que uno no decide; eso lo hará el público.

Finalmente quisiera agradecer con todo mi afecto a personas que se involucraron entusiastamente en el montaje de "A la mesa con Rossini". Primero que nada a Luis Martín, decano del teatro de Monterrey, intelectual, erudito. Le ha encontrado unos sobretonos a la obra que ignoraba en primera instancia; le ha dado vida. Fue al primer director de teatro que me atreví a mostrar mi obra y el entusiasmo mostrado hizo el resto. También es un honor que un monstruo como Rubén González Garza haya aceptado interpretar a Rossini. Que dos de los grandes hombres de teatro estén trabajando en mi primera obra es un privilegio que jamás olvidaré.

El grupo de actores está conformado por excepcionales profesionales; Guadalupe Treviño (gran actriz), amiga, haberla conocido fue uno de mis mejores regalos cuando trabajé en San Pedro como uno de los directores de cultura. Francisco de Luna, actor que admiro (uno de los mejores de nuevo león) y con quien he podido trabajar en proyectos operísticos con anterioridad. Raúl Aedo joven talentoso. y por supuesto Ivet Pérez, mi soprano regiomontana favorita, Oscar Martínez, talentoso barítono, excepcional también en escena y Jorge Martínez, estupendo pianista con gran sensibilidad para acompañar.

También es justo mencionar a mi amigo, videasta y cantante, Rafael Blásquez, que fue con el primero que revoté la idea inicial., antes de que se convirtiera en "A la mesa con Rossini" (Veníamos de un éxito con nuestra gala - documental "Mozart 250" y me sugirió un proyecto similar)Recuerdo que mostró sorpresa al escuchar los primeros diálogos que escribí, sorpresa porque no me conocía esa faceta.

Llevar a buen término el proyecto requiere de una familia especial y aquí mis tres tesoros Ximena, Juan Pablo y Adrián me han dado el apoyo y el tiempo para trabajar pero sobretodo para vivir que es indispensable para ser creador.

Ahora espero que haya suficiente mierda.







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