J.S. Bach: 275 Años del Oratorio de Navidad


Raras veces en la historia de la música encontramos una composición cuya grandeza reside no en un discurso compacto sino en su naturaleza episódica. Al componer una obra de tal belleza contemplativa y alegría desinhibida, profundamente emotiva, Johann Sebastian Bach logó captar magistralmente el misterio de la natividad de Jesús.

No podía darse en mejor momento que en ese fin de año de 1735 cuando Bach tenía a su cargo la vida musical de las dos grandes iglesias luteranas de la ciudad de Leipzig; Santo Tomás y San Nicolás. A sus 50 años Bach había llegado a su pináculo. El Oratorio de Navidad BWV 248 es una especie de síntesis de lo mejor de su estilo como compositor de cantatas. Es precisamente este último elemento el que da ese sentido de exuberancia que posee la obra.

Seis cantatas de aproximadamente 20 – 25 minutos de duración conforman el Oratorio de Navidad. Dichas cantatas debían de interpretarse en seis días distintos durante los festejos de Navidad y Año Nuevo de 1735 a 1736. Las primeras tres cantatas fueron destinados a los tres días de Navidad, la cuarta cantata para el día de año nuevo, la quinta para el primer domingo de año nuevo y la sexta cantata para la fiesta de la Epifanía. Pero considerar esta obra un ciclo de cantatas sería un error. Bach consideró la obra un oratorio.

El género del oratorio posee una flexibilidad que carecen otros géneros dramáticos musicales. Se trata de una obra de carácter religioso o secular, no concebida inicialmente para ser representada. Sus argumentos pueden ser reflexivos, dramáticos o una combinación de ambas. En este caso el Oratorio de Navidad está basado en textos de los evangelios, probablemente recopilados en gran medida por Bach. Posee algunos elementos dramáticos como un narrador (a la usanza de sus Pasiones) y una efímera participación de personajes como Herodes o un ángel. Estos elementos ayudan a sostener la hipótesis de que Bach consideraba esta serie de seis cantatas como una obra integral. Musicalmente encontramos un par de justificaciones contundentes:

1) El coral “Wie soll ich dich empfangen” (¿Cómo debo acogerte?) de la primera parte es escuchado en orquestación brillante con trompetas y timbales en forma de coro final de la sexta parte “Nun seid ihr wohl gerochen” (Ahora han sido vengados). Esa versatilidad en el uso de textos diferentes para una misma idea temática nos recuerda que el “Oratorio de Navidad” es una obra de parodia, pero más sobre esto a continuación. 2) Su estructura tonal e instrumental; 1ª, 3ª y 6ª cantatas están escritas en la tonalidad de re mayor. No sólo eso, la orquestación de estas partes incluye la presencia de trompetas y timbales. Las primeras tres cantatas hablan del nacimiento de Jesús y la adoración de los pastores.No es de extrañar que la primera cantata abra con un coro de júbilo y exaltación en donde los timbales y las trompetas poseen un papel predominante. La tercera parte es la culminación de la natividad y la sexta parte la adoración de los reyes, ambas partes de carácter jubiloso. La segunda parte en sol mayor posee una orquestación tersa con cuerdas, alientos y continuo exclusivamente nos transporta a un ambiente bucólico en donde ángeles comparten con los pastores la buena nueva. La cuarta parte es en fa mayor y se ocupa principalmente de la fiesta de la circuncisión de ahí que en esta cantata aparezcan de forma exclusiva los cornos. Finalmente la quinta parte en la mayor regresa a una escritura contemplativa y orquestación similar a la segunda parte para narrar el sueño y las acciones Herodes cuando se entera que un nuevo rey ha venido a destronarlo.

Arriba te mencionaba el aspecto paródico del “Oratorio de Navidad” no se trata de parodia en el sentido burlesco sino en la práctica común de compositores del barroco de emplear música escrita con anterioridad en nuevas obras. Al menos 15 números de las primeras cinco partes y toda la sexta parte están conformadas por música que Bach compuso previamente. Existen varias razones de este proceder, principalmente la falta de tiempo para componer nuevas obras o la gran calidad musical de un material previo que en un contexto anterior quizá estaba mal aprovechado. Es probable que Bach no deseaba desaprovechar la calidad de obras circunstanciales como su “Dramma per musica” BWV214 o la “Cantata Hércules” BWV213. Bach adaptó su música previa de forma ejemplar y concienzuda; cuando fue necesario cambió la orquestación, tonalidad o línea melódica para adaptarse a su nuevo sitio.

Para inundarnos de júbilo ahí están los coros “Jauchzet, frohlocket” o “Herrscher des Himmels” con brillantes golpes de timbal. Para bellezas pastorales la Sinfonía de la segunda parte con las conmovedoras intervenciones de las maderas. Las arias sublimes como “Schlafe, mein Liebster” para mezzo o contratenor o “Nur ein Wink” para soprano. Para duetos el de bajo y soprano “Herr, dein Mitleid” y si se busca brillantez “Grosser herr” para bajo o “Ich will nur” para tenor. Si se busca una versión en instrumentos antiguos la de René Jacobs en Harmonia Mundi es la buena. Si se busca algo más tradicional Karl Munchinger en DECCA (nunca hizo algo mejor), Richter en DG o Eugene Jochum en PHILLIPS son los guías indiscutibles.

¿Cómo podemos disfrutar la obra? Antes que nada adquiriéndola y planteándonos la posibilidad de destinar dos horas de estos tiempos navideños a una composición donde la belleza y contemplación están de la mano. Es como descubrir nuevos significados e interpretaciones de la historia de la Natividad de Jesús, alejados de los villancicos de plástico que algunos cantantes se empeñan en recetarnos año con año. Estamos ante una obra escrita por un maestro que creía en su historia y mensaje.

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