lunes, 31 de mayo de 2010

Mily Balakirev: Encuentro con un maestro en homenaje a cien años de su fallecimiento



"Ya he comentado en mis cartas que él (Mily Balakirev) estaba molesto conmigo desde hace un tiempo, a momentos agresivo y también exigente. Llegué a casa de Liudma Shestakinova – ahí estaba Mily; irreconocible. Se suavizó y me miró con ojos afectuosos. Finalmente, incapaz de saber expresar su afecto, suavemente tomó mi nariz entre dos dedos y me dio un sonoro beso. ¡No pude más que reírme! Seguramente adivinaste la razón de este cambio (en su comportamiento). Rimsky-Korsakov le había comentado que yo estaba trabajando en una nueva sinfonía” Alexander Borodin

No es extraño que en la historia de la música encontremos grupos de compositores con ideas afines. Pero ningún grupo ha sido más famoso que el de compositores rusos que definieron el nacionalismo musical de su país; llamado en el mundo hispano “Los cinco” pero es más correcta la traducción “El poderoso puñado”. Para el melómano e incluso para aquel que no lo es tanto no es difícil encontrarse con los apellidos Borodin, Mussorgsky o Rimsky-Korsakov. De los dos restantes hay uno que fue una de las máximas influencias de la música rusa del siglo XIX. Nada menos que el líder del grupo. Pero comparativamente su música se escucha menos en contraste con su calidad.

Quizá por su carácter legendariamente voluble (bien ejemplificado en la carta de Borodin que se puede leer arriba) que en ocasiones lo llevó a separarse de sus amigos, Balakirev no pudo ganarse un lugar firme en el repertorio. Únicamente después de su muerte se valoró su producción que desde entonces no abandona las orquestas rusas pero raras veces se encuentra en el resto de Europa y mucho menos en América.

La calidad musical de Balakirev es más difícil de acceder que las melodías amplias de un Borodin o la orquestación espectacular de Rimsky-Korsakov.

El 29 de mayo (16 de mayo de acuerdo al calendario juliano que en aquel tiempo operaba en Rusia) se conmemoró el centenario luctuoso de este maestro que formó e influyó en toda una generación de compositores rusos incluyendo Tchaikovsky. Es un momento oportuno para descubrir su obra.

Era un compositor extremadamente lento y autocrítico por lo que su producción es pequeña; una de sus obras maestras es “Tamara” (1867-1882) que dura un cuarto de hora pero tardó 15 años en ser compuesta (¡un minuto de música por año!). Las fluctuaciones en su carácter y la inseguridad en su propia obra revelan una bipolaridad subyacente que únicamente pareció ceder al final de su vida cuando se refugió en su fe cristiana ortodoxa.

Entre las obras de Balakirev se encuentran dos sinfonías, tres poemas sinfónicos, música incidental, oberturas, dos conciertos para piano y orquesta y música para piano. Detengámonos un momento en algunos trabajos relevantes.

“Tamara” poema sinfónico para orquesta, es una de las obras más conocidas de Balakirev. Basada en una balada de Lermontov que relata la historia de una bella pero malvada princesa cuyo canto atrae a los viajeros a su castillo encantado al lado de un río. Después de una noche de pasión, la princesa asesina al viajero y tira su cuerpo al río. La obra muestra una armonía refinada y oriental pero la brillante orquestación se inscribe dentro de la escuela rusa. La introducción lenta es característica de las mejores obras de Balakirev. Comienza con una figura ondulante en la cuerda que representa al río. El tema de amor de Tamara se escucha por primera vez en el corno inglés. El pasaje del asesinato es violento y retumba toda la orquesta pero pronto regresa la placidez del río que desvanece en su quietud al cadáver del viajero.


Junto con Tamara, la Sinfonía # 1 en do mayor es la obra más popular de Balakirev. Se trata de una obra monumental de gran belleza que fue trabajada de 1864 a 1897. Diversos directores de alto perfil se han interesado en esta obra maestra del sinfonismo ruso. Podemos mencionar a Thomas Beecham, Herbert von Karajan y Evgeny Svetlanov entre otros. El espíritu de la rusia oriental parece permear los cuatro movimientos. El largo - allegro vivo inicial posee un tema que surgió de antiguos cánticos sagrados rusos. El scherzo vivo parece salido de las estepas rusas al igual que el andante. El final posee algunos cambios de ritmo sorprendentes y contrasta un tema vivo y festivo con otro melancólico.

La sinfonía # 2 en re menor (1900-1908) es el mejor secreto guardado de Balakirev y digna hermana de la primera. Obra en cuatro movimientos en donde destaca la forma cíclica de material temático similar que aparece en cada uno. Las sonoridades novedosas como corno y oboe en el segundo tema del primer movimiento provienen de un oído sutil. El scherzo imita a las gaitas y la romanza un ambiente coral. La obra cierra con un ambiente de danza en donde la polonesa tiene un lugar de honor.

Balakirev desarrolló un estilo de una organicidad rusa muy agradable. Su fuerza, energía, colores voluptuosos ubican a sus mejores obras entre lo importante de la escuela rusa. Ahora depende solo de ti de darle una oportunidad.

jueves, 27 de mayo de 2010

Jörg Demus en el Festival Internacional de piano Sala Beethoven de Monterrey


Si la música puede ser considerada como una expresión artística de gran profundidad, provocadora de reflexión y de respuestas emotivas o sublimes, el recital que presentó Jörg Demus en la apertura del décimo sexto Festival Sala Beethoven fue un ejemplo.

El venerable maestro nos regaló una de esas veladas de carácter histórico, fruto de un contacto riguroso e íntimo con su repertorio. Recitales de esta categoría cada vez se escuchan menos. Una lección de color, matices y musicalidad.

Comenzó la primera parte con la dramática fantasía en do menor K 475 de Mozart. La lectura de Demus fue introspectiva, de un carácter elegiaco que conmovió.

En la sonata quasi una fantasia en do sostenido menor op.27 de Beethoven, Demus se reveló como un artista vehemente. El adagio sostenuto inicial brilló por su amargura tersa con un pulso expansivo y un sonido de gran exquisitez. El allegretto central contrastó con su ligereza casi infantil. Demus concluyó con un presto agitato prístino en todas sus voces y poderoso en su concentración.

La fantasía en do mayor op.17 de Robert Schumann, con la que concluyó la primera parte, es una obra magistral a la que pocos pianistas pueden hacer justicia dado lo contrastante de su estructura. Demus logró el milagro. Su interpretación acercó más a la obra al terreno de la sonata. La marcha moderato con energia adquirió una nobleza emotiva en las manos de Demus y qué bien subrayó los elementos de ternura del lento final.

La segunda parte coronó apoteósicamente el recital. Después de la calidad de la primera parte se antojaba difícil superarla, pero Demus lo logró con esa experiencia de años.

La selección de los preludios de Debussy mostró a Demus como un genio del color pianístico. Los “reflejos en el agua” corrieron como filigranas centelleantes. Pocas veces he podido escuchar una “catedral sumergida” de tal poder acumulativo, plena de riquezas sonoras. El clímax de la obra fue construido con un sonido pleno en donde los acordes acampanados se sucedían implacablemente dentro de una coherencia impresionante.

El recital terminó con una de las páginas más excepcionales de la literatura pianística de la segunda mitad del siglo XIX. El preludio, coral y fuga de César Franck. La lectura de Demus poseyó un pulso fluido que contrastó con otras versiones pesadas. Demus entendió la obra como un homenaje a Bach; texturas cristalinas, sentido impecable de proporción. Hiló cada una de las tres partes de tal forma que se reveló una obra severa pero majestuosa. Las contraposiciones de la mano izquierda se realizaron con finura, las distintas voces de la obra estuvieron en su lugar y la fuga final culminó grandiosamente con una lectura tersa y sonora, ágil de pulso y poco enfática. Después de esto cualquier encore sería como un anticlimax.

domingo, 23 de mayo de 2010

"Il maestro di capella" de Cimarosa y "La serva padrona" de Pergolesi con la Orquesta de cámara de la Facultad de Música de la UANL


La Facultad de Música de la Universidad Autónoma de Nuevo León nos sigue agradando año con año con puestas operísticas deleitables. El trabajo de David Zambrano como director del proyecto no solo ha logrado una identidad sino que ha permitido a los melómanos de nuestra ciudad acercarse a verdaderas joyas en un acto. En esta ocasión pudimos contrastar la genialidad de dos maestros del siglo XVIII; uno revolucionó la ópera bufa del barroco y otro fue uno de los mayores compositores operísticos del clasicismo italiano.

Así escuchamos “Il maestro di capella” con “La serva padrona”. Un contraste de estilos, temperamento e idiosincrasia en el abordaje del arte operístico. Por un lado Cimarosa se nos presentó como un antecesor de Rossini en la vivacidad de su orquestación y el canto florido. Por el otro Pergolesi imprimiendo a las formas rígidas de la ópera barroca un humanismo y economía de recursos que habría de tener un impacto en diversas generaciones de compositores de ópera cómica.

La realización escénica de Rafael Blásquez consistió en una propuesta elegante que ayudó a subrayar la escena sin ahogar músico-sistemas tan delicados como lo son ambas óperas. La casa de Uberto con paisajes barrocos de fondo que engalanaron de reminiscencias dieciochescas y el cuidado de la luz fueron dos de los elementos destacados.

El trazo escénico de Sergio García poseyó la claridad habitual de este maestro incluyendo un sentido elegante de comedia sin excesos. Fue genial (y me atrevo a decir que Cimarosa habría aprobado con una sonrisa) la interrupción hacia el final de la obra con la salida de los músicos, molestos por falta de pago. El vestuario de David Zambrano armonizó con el resto del concepto aunque se habría conseguido la homogeneidad total de haber tenido a los músicos caracterizados con vestuarios de época.

“Il maestro di Capella” (estreno en Monterrey) fue a mi juicio el momento más disfrutable de la noche. Con esto no quiero decir que “La serva padrona” haya fracasado, lejos de eso, sino que la unión de música – canto- dramaturgia alcanzó una igualdad que pocas veces se puede ver en los escenarios. Cierto que el intermezzo de Cimarosa es… pequeño, pero la riqueza clásica de escritura tanto para los instrumentos como para la voz aunado a la vitalidad histriónica que requiere del único personaje hacen de ella un “tour de force”. Rafael Blásquez ahondó su papel de tal forma en lo vocal como en la caracterización que ante nosotros teníamos a un maestro de capilla irascible y apasionado, charlatán y mercurial que incluso parodió en algún gesto al antiguo director de la OSUANL.

Vocalmente hacía un tiempo que no se escuchaba a un Blásquez con todos los escollos resueltos. La voz se escuchó firme, segura con la difícil fioritura, sólida en los cambios de registro, manteniendo la línea vocal a pesar de la vitalidad de su actuación. Logró captar la atención a lo largo de esos 20 minutos de música. Ayudó en gran medida la batuta del joven maestro Iván López que subrayó la algarabía pre-rossiniana de la música. La Orquesta de cámara de la facultad de música de la UANL desplegó sonoridades de gran refinamiento con una destacada participación de las maderas.

En “La serva padrona” intermezzo de Pergolesi (del que este año se celebran 300 años de su natalicio) disfrutamos de una comedia más sobria en donde Guillermo Ruiz mostró una voz de barítono oscura, amplia, flexible en su extensión y homogénea en todos sus registros. Técnicamente irreprochable aunque un poco soso en la caracterización de su personaje.

Contrastó la Serpina mercurial de Ivet Pérez que llenó su personaje con un instrumento amplio, matizado para empastarse con un papel para medios más ligeros y una técnica al servicio de una expresividad musical sólida. En algún momento se pudo escuchar un agudo más voluminoso que delató el tamaño de los medios vocales. Su caracterización fue ingenua y maquinadora dejándonos la impresión que quizá por Uberto no hay sentimientos muy profundos.

El vespone del actor Carlos Nevárez consiguió ganarse el afecto de los oyentes sin cantar una sola nota (¡Pues el papel es mudo!). Delineó un personaje con alguna limitante cognoscitiva pero pleno de humanismo.

La orquesta sufrió alguna falla de coordinación mínima que fue mitigada por el destacado trabajo del conjunto, la batuta fluida de López y un sensible trabajo de Lucía Torres al clavecín (eléctrico).

Lamenté el hecho que el teatro tuvo una asistencia de poco menos del 40% de su capacidad en domingo. Habrá que enfocar esfuerzos a promover con mayor convicción este tipo de manifestaciones.

Si tan sólo este exitoso y buen quehacer operístico de la Facultad de Música de la UANL hiciera eco en otros sectores reticentes de la cultura en Monterrey.

viernes, 21 de mayo de 2010

Noche de bravura de Jorge Federico Osorio, OSUANL y Jesús Medina


Como primer concierto de la segunda temporada 2010 la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León ofreció ayer obras de gran brillantez. No se puede dejar de reconocer que Jesús Medina ha logrado imprimir un sello en las interpretaciones de la OSUANL a poco tiempo de su llegada. Medina ha optado por un quehacer musical impetuoso, de pulso firme y texturas claras, con el cual se aparta del trabajo de su antecesor.

Si bien no se puede hablar de una noche redonda por algunos momentos vacilantes de parte de algunos de los músicos de la orquesta el programa salió adelante por la presencia de ese magnífico pianista que es Jorge Federico Osorio, la solidez de gran parte del ensamble y la lectura de Medina.

De entre los momentos flojos del ensamble hay que destacar ese mal momento al inicio del Moldavia de Smetana en donde una de las flautas perdió su línea instrumental. Un vacilante y apenas pasable solo del trompeta principal en “Samuel Goldenberg y Schmuyle” de “Cuadros de una exposición” de Mussorgsky en orquestación de Ravel y fallas en los cornos en “Catacumbas” de la misma obra.

A esto hay que contraponer un excelente solo de violonchelo de Temenuzhka Ostreva en el concierto para piano # 2 de Franz Liszt.

Pero la noche alcanzó su momento cumbre en el concierto para piano y orquesta # 2 de Franz Liszt, obra episódica que en manos de Jorge Federico Osorio logró unidad y destellos de gran poesía. Pero si esto puede dar a entender que su interpretación fue tersa como cuando se le ha escuchado en Mozart hay que desechar esa idea; su Liszt fue volcánico y arrebatador, técnicamente irreprochable con algunos momentos salvajes poco coordinados. Un verdadero “tour de force” que arrasó con todo a su paso. La orquesta cumplió en lo que pudo dada la orquestación a veces banal y poco brillante. El virtuosismo solventa este tipo de obras y aquí lo tuvimos cabalmente.

El concierto inició con una poderosa interpretación del Moldavia de Bedrich Smetana, obra que forma parte del ciclo de poemas sinfónicos “Ma Vlast”. Sería fenomenal que en un futuro se pudieran escuchar todos en un concierto como debe de ser. Las cuerdas se escucharon con nitidez aunque en la escena de los rápidos predominó el balance de los metales. Un amigo conocedor que me acompañó hubiera preferido una interpretación más expansiva la cual también es válida pero a mi juicio le sienta bien a la OSUANL texturas menos alargadas. Fue una versión enérgica que también ha quedado ilustrada en la tradición de interpretación de esta obra.

La segunda parte la constituyó “Cuadros de una exposición” de Mussorgsky en la orquestación de Ravel. Lució un poco menos esta segunda parte debido a un sonido menos lustroso de las cuerdas que sucumbió ante el poderío de los alientos, metales y percusión. Aún así el balance de Medina trató de ser cristalino y lo consiguió en gran medida. Si bien se pudo apreciar una unidad, muy necesaria en esta obra, algunos traspiés de los músicos afectaron ciertas secciones como el movimiento de los dos judíos o las catacumbas. En esta ocasión “Gnomos” se presentó como un duende arto rígido. Pero “Bydlo” poseyó una pesadez apta y “la gran puerta de Kiev” emocionó sobretodo con el gran trabajo de las percusiones. A mi parecer la sala de Mederos carece de los requerimientos acústicos para hacer honor a música de estas características.