Poesía y Diversión: L' occasione fa il ladro de Rossini con la Facultad de Música de la UANL 17 de agosto Teatro Universitario


Una secuencia inicial que nos llevó del retrato de Rossini a un recorrido poético por una noche tormentosa para terminar en un hostal donde algunos de los protagonistas se refugian al comienzo de la obra marcó el pulso ligero y ensoñador de una noche que se tradujo en un éxito para todos los artistas involucrados.

Poco a poco la Facultad de Música de la UANL está completando su ciclo de farsas rossinianas. Antes de que éste concluya me gustaría proponer dos cosas: 1) El proyecto debe animarse a ir sobre Il Signor Bruschino. 2) Además del Inganno Felice abría que montar Adina, única farsa de madurez de Rossini.

Es de aplaudir que el proyecto del Cuerpo Académico de la Facultad de Música de la UANL, liderado por Felipe Estrada, se ha concentrado por estas pequeñas joyitas de la producción rossiniana. Es mucho mejor montar estas obras (que tienen su alto grado de complejidad vocal y musical) que óperas verdianas para las cuales las voces en cuestión no están cualificadas. Esto último no tiene nada de malo, al contrario, cantar a Mozart y Rossini es una delicia y varios grandes artistas se han especializado en ello.

La penúltima farsa de los primeros años operísticos de Rossini está caracterizada por poseer algunos elementos que el compositor explotará en sus óperas cómicas de madurez y en su etapa napolitana de óperas serias. Un ejemplo es la obertura, que en realidad es un preludio y tormenta (posteriormente usada en Il Barbiere di Siviglia) que se continúa con la introducción.

La escritura orquestal es ya típica de este autor con una buena diferenciación de los personajes aunque sin el grado de madurez y espontaneidad de sus obras más conseguidas. Hay todavía un cierto clasicismo mozartiano en la partitura. La escritura para los alientos es de alto grado de complejidad como lo atestiguan algunos problemas que pasó la flauta sin embargo fue sobresaliente el trabajo del oboe y clarinete que mostraron timbres individuales bien trabajados. Las cuerdas de la Orquesta de Cámara de la Facultad de Música se mostaron algo deslustradas pero respondieron con una lectura entusiasta y a momentos elegante con un pleno conocimiento de estilo por parte del director italiano Marcovalerio Marletta. El Rossini de Marletta estuvo bien proporcionado y si bien no consiguió la algarabía y el verbo que un ensamble más homogéneo podría conseguir el resultado de su trabajo fue satisfactorio.

El instrumento lírico-ligero de Cristina Velasco es un placer para los oídos. Posee un timbre cristalino de técnica impecable. Velasco es ideal para los papeles soubrette. Es imperativo brindarle la oportunidad para cantar algún papel de mayor extensión. Sería una Susanna, Despina, Zerlina o Norina de nota. Sobre escena puede aparecer un poco redundante en sus gestos pero esto lo compensa con un encanto natural. Cantó una cavatina pura a la que hizo justicia.

Massimo Di Stefano, barítono italiano, mostró una comicidad innata que solo un artista versado en la tradición buffa del canto puede mostrar en escena. Su Don Parmenione fue divertido y ciertamente audaz (como debe ser). Su voz no es de gran tamaño pero posee una técnica sólida y un fiato de nota.

José Rubio sigue encantando y divirtiendo cada vez más. Posee una voz de bajo-barítono de cierta amplitud que lo hace ideal para los papeles cómicos. Debe de permanecer en el repertorio belcantista y clásico pues posee el encanto y la flexibilidad para este tipo de música. Es un Figaro o Taddeo potencial.

El Conde de Antonio Albores me convenció un poco menos. Comenzó un poco frio con algunos descuadres. Su voz de tenor lírico-ligero posee un agudo brillante pero habrá que trabajar un poco más en el fraseo. Por supuesto que tiene un instrumento con potencial para el belcanto pero tendrá que superar los problemas de entonación si quiere alcanzar el siguiente nivel.

Rocío Tamez tiene una voz de mezzosoprano casi contralto. Escénicamente es divertida y su voz redonda y oscura está bien colocada a excepción de uno o dos agudos tirantes. Su Ernestina ganó la simpatía del público. Habrá que escucharla en otros papeles.

Como el tutor Don Eusebio Gabriel Yafet mostró cómo puede redondear un reparto un tenor comprimario con tablas escénicas. Su voz es poco bella pero el timbre es individual y bien colocado. Tiene una entonación impecable y en este respecto estuvo por encima de Albores. Yafet es un tenor que promete para papeles comprimarios o de carácter.

La dirección escénica de Francisco de Luna comprendió a fondo la comicidad rossiniana con algunos momentos destacables como el cuadro del dueto entre Parmenione y Berenice. Sin grandes espavientos ni pretensiones de Luna permitió que la obra se desenvolviera con naturalidad.

Destacable el trabajo de Rafael Blásquez, este sigue creciendo como regista. Aquí, en una farsa en un acto, mostró una nueva madurez como artista. Su trabajo me hizo recordar aquel genial Don Pasquale que firmó en 2005 y que para mí había sido su mejor trabajo operístico en Monterrey. Aquí logra integrar un nuevo elemento cinemático sin perder su capacidad poética. Es destacable el avance del tiempo a lo largo del segundo cuadro, un efecto que ha conseguido con una lógica impecable y las tablas que ningún regista regiomontano actual posee.

La Facultad de Música de la UANL ha demostrado que con un proyecto claro, sin pretensiones económicas y políticas, se puede hacer ópera con buenos resultados y donde lo discreto no necesariamente es un defecto. Esperamos más proyectos similares.

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