Una Traviata Discreta en Monterey : 20 de julio de 2008 Ópera de Nuevo León


El regreso de la ópera a la ciudad de Monterrey ha sido celebrado con bombo y platillo. No cabe duda de que el público regiomontano espera estas presentaciones que se dan en cuentagotas, el presidente de CONARTE habla flamante a la prensa y entre las varias barrabasadas dichas (de las que solo un neófito es capaz) parece satisfecho con montar una ópera al año, de esta forma el arte lírico está a salvo y nos podemos vanagloriar que Monterrey es una “ciudad operística”, si señor.

Pese al “rave review” de Alejandro Fernández, no todos hemos quedado completamente satisfechos. Es cierto (y justo) consignar que el público ha respondido con entusiasmo y en grandes cantidades, sin embargo comienzo a creer que buena parte del público regiomontano brindaría incluso una ovación hasta a la misma Florence Foster Jenkins, no es que el resultado haya sido desastroso, lejos de ello, pero de ahí a creer que lo que escuchamos es el non plus ultra de cómo interpretar una Traviata es otra cosa. No falta –por supuesto- el chauvinismo acuñado por el colorido presidente de CONARTE que se congratulaba de un reparto 95% regiomontano (o más). Pero, ¿Qué puede significar esto en una ciudad donde no existe una escuela de canto relevante? Porque para momentos vergonzosos la última Traviata (100% regia) que se montó en Monterrey, cortesía de la UANL y cuyos intérpretes es preferible cubrirlos con el polvo del anonimato. Afortunadamente la función corrobora el buen momento de algunos de los solistas y una agradable prestación coral que corona el esfuerzo de varios años de parte del proyecto de Ópera de Nuevo León.

Pero quisiera hablar de las cosas buenas que evitaron que esta Traviata se convirtiera en el arquetipo de la función operística provinciana.

En primer lugar puedo decir que el triunfador indiscutible de la noche fue Oziel Garza Ornelas, el barítono regiomontano está a otro nivel que el de sus colegas, ni más ni menos. Su voz lírica de belleza tersa, impecable manejo de dinámicas, amplia emisión y caracterización elegante y conmovedora redondearon a un Giorgio Germont humano. La voz de Oziel es lírica pero posee pasta suficiente para encuadrar a la perfección los requerimientos vocales de Giorgio que es quizá el barítono verdiano más lírico del repertorio.

El coro de la Ópera de Nuevo León fue otro de los triunfadores indiscutibles, no sólo en su compromiso escénico cumpliendo a la perfección las – a veces absurdas – indicaciones de Hernán Galindo, sino en su presentación vocal, homogénea, dicción precisa y belleza tímbrica. El trabajo de Antonio González como director de este ensamble fue ejemplar aunque hay que dar crédito al trabajo de dos años de Juan Carlos Alvarez de quien ya se olvidaron algunos.

Manuel Acosta fue un Alfredo lírico-ligero de gran elegancia, fraseo generalmente ejemplar (aria del II acto) únicamente con una tendencia ocasional a romper la línea vocal con algunos gestos veristas. Su instrumento, italiano en timbre, es el más bello de cualquier tenor regiomontano salvo el de David Lomelí. Es agradable escuchar a Acosta cantar un repertorio que le viene a la medida y no interpretando Nessun dorma de Puccini y otras arias para las que no tiene el tamaño de voz ni el fuelle necesario. En uno o dos momentos fue sobrepasado por la orquesta, pero esto fue culpa del director concertador quien no posee las tablas operísticas suficientes.

Julieta Alemán fue una Violeta que se arrojó con convicción al papel, lástima que sus medios vocales no sean para este rol (lamento no haber podido escuchar a Ivonne Garza, que cantó la primera función). La voz de Alemán es de tamaño medio y en un teatro tan terrible como el de la ciudad el esfuerzo es mayor. A veces el timbre perdía esa belleza que se puede apreciar en su centro. Un momento desafortunado fue la cabaletta “sempre libera” la cual fue interpretada con grandes dificultades, coloratura variable, desafinaciones y un registro alto tremolo. Para la segunda parte pudimos escuchar una clara mejoría y una proyección superior. En el acto final, su figura y convicción dramática me hizo disfrutar un terso “Parigi o cara” al lado de Acosta. Alemán gustó mucho a juzgar por la ovación que recibió pero no puedo dejar de pensar que alguien le está recomendando el repertorio equivocado y quizá su voz está comenzando a pagar el precio.

El resto del reparto cumplió, destacando las contribuciones de Raymundo Lobo - comprometido como siempre- y Patricia Santos quien por cierto no estaba realizando su debut como se anunció en la rueda de prensa (ya les dije, para tonterías las ruedas de prensa de CONARTE) a menos que nos refiramos al registro de mezzo. Ya había cantado una reina de la noche en La Flauta Mágica con el mismo proyecto operístico.

La dirección musical de Félix Carrasco fue eficiente sin revelar a fondo el pathos subyacente. A momentos sus tiempos cuadrados nos hacían pensar en el Verdi de ¾ (chun-ta-ta, chun-ta-ta). Hay que destacar la coherencia estructural de la partitura pero en uno o dos momentos permitió que los cantantes se descuadraran. Tampoco ayudó la sospechosa afinación de los violines en el preludio (momento casi mariachesco). La orquesta suena aceptable pero no es la mejor de México.


La puesta en escena de Hernán Galindo, fue algo frívola a mi parecer; Escenas sobrecargadas de bailarines (Los matadores fueron todo menos viriles) anacronismos inexplicables (los criados del primer acto vestidos con pelucas dieciochescas en contraste con los escenarios decimonónicos)se pueden reconocer los escenarios funcionales pero no la “baja de corriente” en la conclusión del primer acto o la extraña escena final en donde Violeta ya muerta sigue cantando mientras el resto del reparto contempla un lecho vacío(hay quienes se preguntaron si Violeta murió o no).

El proyecto de Ópera de Nuevo León está llegando a un punto definitorio. El nepotismo ha incursionado en la estructura al igual que el proselitismo casi electorero. La elección del repertorio ha sido más que conservadora al igual que la dirección escénica. Parece como si el director musical se complaciera con las 5 o 6 óperas que conoce. Mientras Monterrey no abra los ojos hacia lo que está ocurriendo en el panorama operístico actual seguiremos teniendo un proyecto provinciano. Enhorabuena por una Traviata decente ¿Pero acaso esta debe ser nuestra única aspiración?

Comentarios

Hola ,creo que no estas muy bien informado sobre tu comentario de la traviata de la U.A.N.L,esa traviata fue 100% estudiantil no pretendia ser profesional ,solo se buscaba que los estudiantes conocieran la escena y empezaran a utilizar los conocimientos adquiridos en la voz,yo se que no es muy evidente para el espectador pero atras de toda esta produccion hay un gran trabajo vocal de la maestra Graciela Suarez ,la puedes escuchar en you tube,un saludo,
Ricardo Marcos G. ha dicho que…
Hola Laura, gracias por escribir.

Claro que estoy informado y sé que la puesta en escena de esa Traviata de la UANL fue estudiantil. En aquel entonces yo era el Jefe del 102.1 FM, Opus 102 de Radio Nuevo León. Vinieron algunas personas a promover esa puesta en escena.

A reserva del respeto que tengo por la maestra Graciela Suarez y del esfuerzo que se haya realizado con los estudiantes, el fondo de esta situación es que la Traviata no fue la mejor opción para que los estudiantes comenzaran a utilizar los conocimientos adquiridos. Hay muchas óperas que hubieran cumplido mucho mejor esta función. En Europa hacen cantar Mozart a los jóvenes o Rossini. Los nuevos esfuerzos de la UANL con farsas en un acto de Rossini son de una calidad superior a lo que se vió con esa Traviata, la cual puso en evidencia las carencias de los cantantes más que las cualidades.