Carmen de Bizet en Monterrey

La siguiente crónica del estreno de “Carmen” de Bizet por Ópera de Nuevo León fue publicada en una reducción de casi el 60% en “El Norte” el día domingo 26 de Agosto del 2007. Dado que en “La Gruta de Trofonio” no tengo limitantes de espacio la presento completa como debe ser.

Cumple Carmen discretamente

“¡Ah!... Mi adorada Carmen”
Don José cuarto acto


Estas líneas finales de Don José en “Carmen” resuenan en mi mente después de haber digerido la presentación de la obra maestra de Georges Bizet a más de 20 años de ausencia en Monterrey. Curiosamente esta frase de Don José es la culminación de uno de los duetos más desgarradores del repertorio operístico el cual fue vivido e interpretado con una fuerza animal y una crudeza a momentos casi prehistórica por parte de los dos artistas principales. Desafortunadamente dicha frase de Don José también hace eco a una oportunidad perdida; lo que pudo haber sido ésta Carmen y no fue.

Quienes hayan leído el primer párrafo podrán pensar que el saldo del 24 de Agosto fue negativo, no fue así. Cuando se tiene una gran obra de arte como es Carmen los artistas dan lo mejor de si. El profesionalismo del elenco de Carmen no estuvo en cuestión pero los resultados no alcanzaron un grado de maestría que me permita aclamar esta noche como histórica, la tibia recepción de los dos primeros actos por parte del público lo ejemplifica; aún y que sucedieron, uno tras otro, números populares como la habanera, seguidilla, canción bohemia y los couplets de Escamillo ninguno emocionó ni provocó que el teatro se cayera.

El colorido no falló, estuvo presente con el vistoso vestuario de Raúl Ozuna (el cual, me comentan, es un reciclaje rampante de producciones zarzueleras anteriores) el cual benefició una producción de Hernán Galindo que se defendió mejor en los dos atmosféricos actos medios del drama pero que careció de ingenio en un primer acto muy estático y poco cuidadoso (carente de plausibilidad) con la escena del encarcelamiento de Carmen. Además, el director de teatro fue algo rígido y en el movimiento escénico que marcó para las masas corales; entradas en segundo o tercer plano, acercamiento a la boca del escenario, canto y desaparición. Es cierto, el teatro de la ciudad no es un lugar para hacer ópera. Le he visto mejores trabajos a Galindo tanto en teatro como en ópera. De igual forma los cantantes estuvieron poco protegidos por la producción; si el Teatro de la Ciudad es conocido por su sequedad acústica se pudo haber concebido que uno de los constructos o conjuntos de escenografía fungieran de concha acústica. Me encontraba sentado en tercera fila y aún así en ocasiones desaparecieron las voces de Oscar Martínes (Escamillo) y Belem Rodríguez (Carmen). Después me enteré que este problema lo padecieron las personas que se sentaron en la parte alta del teatro.

A pesar de lo anterior la noche me dejó un sabor agradable por diversos motivos:

1) El público de Monterrey quiere ópera. Si bien el ambiente estuvo frío en los dos primeros actos, para el cuarto la ovación fue considerable. Aunado a esto el teatro tuvo un lleno total.

2) La sobresaliente participación de los coros

3) El colmillo escénico y dramático de Alfredo Portilla que solventó con su entrega algunos problemas vocales.

4) Las agradables participaciones de Raymundo Lobo, Julieta Alemán, Carlos Osuna, Consuelo Vázquez y Radha Murillo.

5) Una orquesta en buen estado (aunque careció una idea musical definida a la cabeza)

Sacando partido del hecho que Carmen es un drama íntimo cobijado por la algarabía de la fiesta brava y el colorido local español, emulando a un juez de plaza (admitiendo que lo hago por mera diversión), quisiera conceder algunos trofeos al elenco:

Dos orejas y rabo: Para los coros de la ópera de Nuevo León, Sinaloa y el Coro Metropolitano de Monterrey. Bravo a sus directores Juan Carlos Álvarez, Sergio Martínez y sustituyendo la lamentable pérdida del maestro Rubén Magaña (quien fue recordado durante la función) Juan David Flores. La conjunción y masa de sonido fue destacada. Hicieron honor a la grandeza que requieren estos grandes cuadros humanos que poseen varias óperas francesas, definitivamente protagonistas de la trama y no meros espectadores.

Dos orejas para Alfredo Portilla. Su firme conocimiento de la obra le permitió volcarse en el escenario a pesar que en el primer acto me pareció un poco estático. A su pequeño traspiés en el aria de la flor hay que anteponer una voz lírico espinto vibrante y estentórea que estuvo en su mejor momento en el emocionante dueto final. Fue un placer escuchar su messa voce en la primera parte de la “fleur” al igual que su primer ataque destructivo en frases como “Mais nous nous reverons!”

Una oreja para Julieta Alemán. La soprano duranguense ha crecido desde la última ocasión que la escuchamos en ópera. Desplegó un timbre agradable y una emisión más afilada y firme. Micaela le quedó bien a su figura ligeramente retraída pero conmovedora. Me parece que es hora que Julieta decida finalmente arriesgar y buscar fortuna fuera de Monterrey. Debe encontrar apoyo formal fuera de nuestra ciudad para pasar al siguiente nivel. El público le rindió una de las ovaciones más ruidosas de la noche.

Una oreja para el cuarteto de contrabandistas, su conjunción vocal fue sobresaliente. El quinteto fue el primer número de la noche que disfruté en forma. Voces líricas bien colocadas y con una presencia escénica ligera que contrastó con el peso de otros números de la obra. Siempre es un gusto ver a Raymundo Lobo en escena, sobresaliente actor, un verdadero comprimario de lujo. Me gustó también la actitud y estilo de Carlos Osuna. Consuelo Vázquez realizó una Frasquita divertida y musicalmente intachable. Radha Murillo aportó una Mercedes más discreta pero complementada con una figura agradable y una voz oscura que promete.

Una oreja para la orquesta. Incuestionable su compromiso y el sonido refinado que despliega. Me parece sin embargo que la dirección de Félix Carrasco a momentos sonó como en piloto automático y carente de una idea clara (¿quizá por falta de ensayos?) es conocido su desinterés en el repertorio francés y se notó; Momentos de impecable ejecución como el quinteto, los ensambles, etc. Contrastaron con otros más rutinarios y más bien planos en las texturas como el caso del dueto final en el cual extrañé algo más de autoridad.

Una oreja para el dueto final de Belem Rodríguez. Sin lugar a duda la mezzosoprano tiene un instrumento dramático que también fue afectado por las extrañas posiciones escénicas (a momento cantando hacia los lados en un teatro que no permite esta clase de soluciones dramáticas). Definitivamente tiene el tipo de Carmen pero no me emocionó, su francés me pareció duro, masticado y si bien es incuestionable su entrega, no me conmovió hasta el dueto final en donde hicieron eclosión sus fuerzas con las de Alfredo Portilla.

Vuelta al ruedo el resto del reparto. Luis Camarena hizo un Zuñiga de voz firme y oscura pero carente de autoridad escénica; parecía más brigadier que Alfredo Portilla. Bien por Amed Liévanos (Morales) quien tiene a sus 23 años un futuro promisorio. Dejo al final a Oscar Martínez (Escamillo). Como siempre su compromiso escénico es sobresaliente, era un matador, desafortunadamente no estuvo en su mejor noche vocal y además el que lo colocaran persistentemente en el segundo tercio y más atrás no ayudó. Desapareció a momentos en su canción del toreador. (Por un momento la batuta también lo dejó atrás)

Lamento una serie de cortes absurdos que sufrió la partitura de parte del repasador musical; El dueto Don José – Escamillo es uno de los más espectaculares del repertorio tenor-barítono y aquí perdió completamente su impacto dramático.

Ésta Carmen ha sido un esfuerzo cumplidor de Conarte, Ópera de Nuevo Léon. Buena la labor de Fernando Treviño Lozano y Jaime Hinojosa en la difícil coordinación del proyecto. Sin embargo ésta presentación ha dejado en el aire varias cuestiones:
1) Se requiere un teatro apto para ópera en la ciudad. 2) Hay mucho trabajo por delante antes de poder cumplir al ciento por ciento con el compromiso de montar un monstruo del arte lírico como lo es Carmen. A momentos parecía que algunos de los elementos se tomaron el compromiso como un hueso. 3) Es hora que la ópera deje de ser un organismo oficial y comience a buscar y recibir apoyos de la iniciativa privada. Un regreso meritorio que nos deja con varios placeres pero también cavilaciones sobre lo que pudo haber sido.

Ricardo Marcos G.

Comentarios

Na Zip Ektenel Xibalba ha dicho que…
En general me gustó tu crítica, creo como tú, en muchas cosas de las que dijiste; a mi me tocó participar con el coro que cantó Carmen en esta ocasión y para el coro fue algo complicado seguir una batuta como la de Carrasco; tanto por la complejidad que de por si tiene la obra, agregada al francés que es algo complicado para cantar por cuestiones de colocación y las imprecisiones que el mismo Carrasco tiene a la hora de marcar hicieron que muchos tuviésemos que trabajar aún mas la rítmica y la parte vocal.

Por otro lado, en cuanto al comentario de que algunos del coro parecía que estaban "hueseando", hasta cierto punto es comprensible, sin tomar en cuenta que la paga era por demás baja (3 meses y medio de ensayos mas funciones y dos semanas de ensayos a diario sustentan que el promedio de paga era excesivamente bajo, eso sin contar que en operas anteriores pagaban mas), muchos a pesar de ello tuvimos y afrontamos el compromiso de presentar lo mejor posible tanto vocalmente como escénicamente la obra. Se que hubieron deficiencias, realmente las hubo, pero tomando en cuenta que el coro es semiprofesional (hablo en el caso preciso del coro de adultos de aquí de Monterrey) y por otro lado los incentivos que se pueden tener pues explica en parte el por que no llegó a ser lo que pudo. Siguiendo bajo el mismo orden de ideas, creo yo que hace falta mucho para tener buena Ópera en Monterrey por 3 factores, es caro y en Monterrey no se tiene la tradición de presentar obras de gran calidad en su presentación (me refiero en cuanto a infraestructura y producción se refiere), por otro lado las escuelas de música no están capacitando alumnos para ello, por que la mayor parte de los cantantes somos principalmente gente instrumentista que nos gusta cantar o estudiamos canto como parte de nuestra carrera; y el compromiso formal de cada uno de nosotros como participantes de entender que en una puesta en escena de esta envergadura, es necesario ir mas allá de sólo cantar y pararse en un escenario.

Por otro lado, creo yo y nunca entendí por que no se planteó de otra manera, que debió presentarse en más de dos funciones y creo que esto corresponde a los productores, yo creo que una obra como Carmen debe ser presentada en una temporada, aunque sea ésta breve de una semana o en varias funciones.

La mejor parte es que al menos se nota que en Monterrey hay público para este género, si he de ser sincero, yo pensaba firmemente que no y me ha sido grato que se haya demostrado lo contrario.

Que bueno que la hayas disfrutado aunque sigo pensando que habemos quienes disfrutamos mas estando en un escenario, aunque salgamos de borrachos en un 2o acto ;)

Saludos y gracias por exponer esto en tu blog.

Atte.
Na Zip Ektenel Xibalba - Flautista Circulos de Nada.
Alias
César A. Escalante F.
Anónimo ha dicho que…
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