lunes, 29 de marzo de 2010

Brillan Eugenio Toussaint y Gershwin con la OSUANL y Jesús Medina

El último concierto de la primera temporada 2010 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León vio el regreso de su director titular Jesús Medina y la participación de Eugenio Toussaint como pianista.

El programa fue norteamericano (en el sentido geográfico) con música de Gershwin, Joplin y el propio Toussaint. De entrada la respuesta del público fue entusiasta una vez más llenando poco más de tres cuartas partes del Teatro Mederos.

Uno de los grandes logros de Medina – a solo una temporada de haber sido nombrado director titular del ensamble – es haberle dado a la orquesta una fisionomía nueva, otro sonido. Si bien hay mucho trabajo por delante, Medina, a diferencia de Carrasco, entiende que este es un ensamble latino de sobretonos eslavos. Ha obtenido un sonido vibrante dejando atrás el intento centro europeo fallido de su antecesor. Su elección del repertorio ha reflejado esta nueva visión.

La obertura cubana de George Gershwin gozó de una lectura equilibrada y ligera, no tan espectacular o exuberante, con cuerdas nítidas y controladas, metales latinos aunque contenidos. No es como usualmente prefiero esta obra pero es una versión válida que gustó a varios melómanos.

Eugenio Toussaint es un músico fino, jazzista impecable. Su concierto para piano improvisado es una obra muy atractiva que nos lleva principalmente al jazz intoxicante de media luz. Posee algunos temas memorables que sufren transformaciones muy libres al estilo jazzístico. Muy atractivo el motivo principal del primer movimiento. Quizá sería un poco más deseable un tercer movimiento con una cadenza menos elaborada y más contundente pero la obra bien podría formar parte del repertorio normal de las orquestas mexicanas, tal es el encanto hipnótico de Toussaint que también es un pianista de reconocimiento con un toque prístino.

Los 3 ragtimes de Scott Joplin poseyeron la vulgaridad adecuada para funcionar como páginas nostálgicas agradables. Sorprendió la participación de Gerardo González al piano a quien no le conocía un temperamento tan natural para esta música.

El concierto cerró con el Cuadro Sinfónico de la ópera “Porgy and Bess” de Gershwin. La orquesta volvió a su quehacer sonoro y vital que ha adquirido con el trabajo de Jesús Medina. Hay que destacar el solo de banjo de Óscar Arévalo. La sección de trompetas lució con Susumu Araki al frente. Una versión redonda, cuidadosamente trabajada. El número final de la obra concluyó brillantemente una primera temporada que genera los mejores auspicios para lo que sigue.