martes, 13 de octubre de 2009

Un breve vistazo a la discografía de Mireille de Charles Gounod

De lo bueno poco, podríamos decir con respecto a los registros discográficos de “Mireille” de Charles Gounod. (Para una apreciación de esta obra te recomiendo leer mi artículo previo. )

A diferencia de algunas obras que han sido grabadas hasta el exceso y no siempre con buen atino, “Mireille” goza de una excelente salud discográfica con al menos tres o cuatro excelentes grabaciones de cinco o seis realizadas en estudio. También se pueden encontrar algunas tomas en vivo incluyendo la de la nueva producción de la Ópera de Paris.

Con respecto a alguna versión en video, desconozco si existen (debo de reconocer que soy escéptico del DVD con la excepción de usarlo como vehículo educativo y tener algunas muestras de lo que mis artistas favoritos hacían en escena). No me extrañaría que la producción de la Ópera de Paris saliera en los siguientes meses por este medio.

Regresando a los registros fonográficos existe una versión legendaria en EMI de comienzos de los 50’s con Jeanette Vivalda y Nicolai Gedda dirigidos por Andre Cuytens. Dicha versión no es muy asequible en la actualidad y a pesar de los comentarios unánimes sobre su calidad es necesario subrayar que se trata de la versión en tres actos la cual tuvo Gounod que realizar a la fuerza, cortando música muy valiosa. (La versión original comprende cinco actos.)



El sello “Accord” ha rescatado un registro de comienzos de 1962 con la soprano lírico ligera Renee Doria, Michel Senechal, Robert Massard, Adrien Legros y Solange Michel dirigidos por ese estupendo (y mal conocido) director de ópera francés Jesús Etcheverry. La toma de sonido en stereo es en general muy buena y con frecuencias medias y altas brillantes y sólo un poco delgada en los bajos. Nos muestra un estilo de canto francés que hoy prácticamente está en extinción.

Doria posee los recursos vocales y estilísticos para hacer frente al temerario papel de Mireille, sus agudos son vibrantes y se caracterizan por un vibrato extremadamente rápido que puede ser del desagrado de algunos oyentes. El tenor lírico-ligero Michel Senechal nos muestra que en los comienzos de su carrera también cantaba roles titulares. Sus medios vocales nunca fueron generosos pero su voz ligeramente blanca siempre fue utilizada con gran estilo y definitivamente hace un Vincent juvenil. Su voz se mezcla bien con la de Doria y realiza una versión redonda, plena de matices, de su aria del quinto acto.

Robert Massard como el jactancioso Ourrias hace una creación excepcional como era su costumbre. Una voz verdadera de barítono francés, impecablemente usada, ligeramente ahumada, pareja en todos sus registros. Un maestro del estilo. El resto cuenta con prestaciones convincentes de Adrien Legros como el inflexible padre de Mireille y la legendaria mezzo Solange Michel haciendo la mejor Taven en disco, con una musicalidad cuidada y natural.

La dirección de Jesús Etcheverry es excepcional. El fraseo de las melodías de Gounod, y su sabiduría en cuanto al pulso de la música son referencias de cómo dirigir las obras de este maestro. Su flexibilidad queda bien ejemplificada en los tiempos vivos de principios del acto II o la fluidez del acompañamiento de la “Canción de Magali”, por otro lado el himno casi antifonal con el que concluye la obra es proveído de un tiempo extendido que da su justa grandeza a este momento solemne.

Cuantas veces los directores de orquesta actuales se abandonan a tiempos lentos que despojan la música de Gounod de su equilibrio y flujo natural. La versión usada para esta grabación es la reconstitución de la original en cinco actos.



El registro de 1979 en EMI nos presenta uno de los últimos casos en los que una ópera francesa es grabada casi completamente con un reparto local. ¡Y qué reparto! El mejor tenor lírico francés de la segunda mitad del siglo XX Alain Vanzo, José van Dam, Gabriel Bacquier, Jane Rhodes y en papeles menores algunas voces que tuvieron también su momento como Michele Command, Christine Barbaux y Marc Vento. La única voz ajena a la tradición de canto francés es Mirella Freni en su homónimo papel titular. La incorporación de la soprano de Modena es justificada por el tour de force que hace con este papel.

Ciertamente la interpretación de Freni carece de los matices inocentes y juveniles de Renee Doria, ella emparenta a Mireille con heroínas trágicas como Mimi o Luisa Miller. Opta por una visión grandilocuente de Mireille no sin cierta poesía. Su voz posee una redondez excepcional. En esta etapa de su carrera era ya una lírico completa. Freni es una de esas escasas artistas no francesas que cantaron la trilogía de Gounod (Marguerite, Juliette y Mireille).

Alain Vanzo a estas alturas había perdido algo de la frescura juvenil de una década atrás. El tenor francés comenzó su carrera como un lírico ligero pero para la década de los 70’s ya era un lírico completo. Por supuesto que la musicalidad está ahí así como la firmeza. Me da la impresión que opta por una interpretación de mayor fuerza y menos matices para estar a la par con la interpretación de Freni.

José van Dam es un Ourrias redondo, ligeramente más sobrio que Massard (que en mi opinión es el Ourrias de referencia). Es admirable cómo van Dam se arroja a un papel de barítono y hace empleo de un registro agudo solvente para despachar su aria con aplomo. Bacquier hace un padre rudo tanto en lo vocal como en la caracterización; un verdadero padre de familia rural. Jane Rhodes compone una Taven dramáticamente convincente con una voz grande y metálica aunque carece de la soltura de Solange Michel. El resto del reparto es más que sólido con un Marc Vento que, como el padre de Vincent, se enfrenta con garbo al padre de Mireille.

Michel Plasson es un gran defensor de la música de Gounod y se nota el cuidado y afecto de su dirección. La toma de sonido es excepcional por lo que el cuidado orquestal y la fuerza dramática de pasajes como el final del primer acto o el ensamble final del quinto adquieren su justa dimensión.

domingo, 4 de octubre de 2009

Mireille de Charles Gounod; una ópera que todavía da de qué hablar


Estimado lector; permíteme compartirte una noticia singular del mundo de la ópera:

El Pasado 16 de septiembre comenzó la nueva temporada de la Ópera de Paris con la primera presentación en este teatro de la ópera "Mireille" de Charles Gounod. La nueva producción es de Nicolas Joel quien además es el nuevo director de esta histórica compañía y establecimiento de ópera.

Me llama la atención que la ópera de Gounod, la cual data de 1864, haya dado de qué hablar. La puesta en escena de Joel respeta perfectamente el libreto de Michel Carre y nos muestra algunas escenas encantadoras que sugieren (mas no copian) a la soleada y poética Provenza impregnada del aroma a lavanda, arrogante con sus campos de girasol. La ópera de Gounod está inspirada en el poema provenzal de Frederic Mistral.

La producción de Mireille ha contado con un reparto sólido y una brillante dirección orquestal de Marc Minkowski. Pero las reacciones no se han dejado esperar; durante los aplausos finales Joel fue abucheado por un sector del público. Sin embargo, según otros comentaristas, la obra ha sido aplaudida con entusiasmo que ha ahogado los gritos de discordia. La crítica de Renaud Machart en Le Monde ha sido sobria y poco entusiasta con lo que se percibe como "una nueva etapa conservadora" de la Ópera de Paris. Algunos comentarios del público asistente han contribuido más a alimentar la idea de "snobs" que se tiene de los parisinos; han comentado que "Mireille" no tiene la calidad para abrir una temporada. Otros sienten nostalgia por caballitos de batalla del siglo XX como "Wozzeck", "Lulu" o "Salome". Otros ven a Mireille como una obra de provincia.

Se han dicho muchas cosas de "Mireille" algunas de las cuales únicamente se han limitado a repetir lo que han escrito comentaristas que no conocen la ópera. La ópera tuvo un estreno problemático que llevó a Gounod a compactar la obra de cinco a tres actos. Fue hasta que años después la obra se constituyó en pieza fundamental del repertorio de la Opera Comique de Paris. No se puede hablar entonces de que esta ópera ha tenido "escasa popularidad" como dice George Loomis en su (por lo demás) buen artículo para el New York Times. Podríamos ver esta producción de Mireille como una alternativa fresca y nostálgica a las pretenciones de Gerard Mortier anterior directo de la ópera de Paris.

Pero no me desviaré más en la polémica concerniente a la ópera de Paris sino más bien hablaré de la encantadora obra de arte que es Mireille de Gounod.

La música de Mireille es poética de principio a fin. Creo que en este respecto Gounod cumple con su cometido. Los espíritus del Ródano en el tercer acto son representados por música atmosférica y de media luz al igual que la representación del majestuoso río Ródano y sus orillas encantadas. Hay un fuerte sabor folklórico en esta ópera y sin lugar a duda esto ha constituido un problema para varios oyentes que prefieren una música más neutral – bien podríamos decir universal – en sus óperas. Una de las principales virtudes de la partitura de Gounod es la fluidez de las escenas, especialmente los primeros dos actos. En este respecto Gounod amplía los hallazgos de algunos momentos de sus dos grandes trabajos anteriores; “Le Medecin malgre lui” y “Faust”.

Soy consciente que la ópera es una cuestión de gusto. No sólo como género sino en la misma exploración de su universo. He amado a “Mireille” desde que la escuché por primera vez. Entre los momentos memorables están la obertura, el dueto del primer acto, el dueto de Magali en el segundo acto, la farandola, la gran aria de Mireille, la canción de la bruja Taven, la canción de Ourrias, el fiero monólogo del padre y el gran ensamble final, en el acto tercero el arioso de Ourrias, su dueto con Vincent y los coros de espíritus. En el cuarto acto la museta y canción del pastor, el aria de Mireille que imita el sonido de las cigarras, el tour de force de la escena de Mireille en el desierto del Crau y finalmente el aria de Vincent y ensamble final. La música de la ópera es muy cercana en su fluidez y lucidez temática a las dos sinfonías clásicas de Gounod (lo cual desde mi perspectiva es una virtud)

Sin temor a exagerar “Mireille” representa lo mejor del arte gounodiano. James Harding, biógrafo de Gounod, y un hombre que no temía señalar también las debilidades del compositor francés, apuntó a Mireille como uno de sus trabajos imprescindibles.

“Mireille” se erige junto a “Faust”, “Romeo et Juliette” y “Le medecin malgre lui” como las mejores óperas compuestas por Gounod. (Podríamos añadir algunas páginas de Sapho, Philemon et Baucis” y “La Colombe”.) Sería ingenuo negar que la música de Gounod no atraviesa su punto máximo de apreciación. Su obra no nos presenta el drama de altas temperaturas, la sangre verista o las armonías exacerbadas de la ópera de principios del siglo XX. Pero es impensable el desarrollo de las óperas de compositores como Ravel, Debussy, Charpentier, Rabaud, Faure o Poulenc sin los caminos propuestos por lo mejor de Gounod.

Mientras la belleza sea considerada un anhelo para el ser humano, la música de Gounod no se perderá en las aguas del olvido.