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sábado 16 de febrero de 2008

Brotons, Montsalvatge y Faure con la OBC y Jesús López Cobos en el centenario del Palau: 15 de Febrero de 2008



Como parte del ciclo de conciertos para conmemorar los 100 años del Palau de la Música Catalana la Orquesta Sinfónica de Barcelona i Nacional de Catalunya presentó un programa catalán-francés un poco contrastante pero efectivo en conjunto.

Escuchamos en la primera parte la Obertura Costa Brava de Salvador Brotons, compositor catalán contemporáneo. La música de Brotons es perfectamente audible. Su estilo puede considerarse como neo-expresionista en la corriente de un Shostakovich mediterráneo. La obertura es una obra ligeramente dilatada para su género pero Brotons sabe contrastar con maestría cada momento con lo que se pierde el riesgo al aburrimiento. Es una obra enfática, a momentos bañada por un espíritu lírico pero en general poseedora de una fuerza propulsiva subyacente. Sobresaliente la escritura para los metales y timbales. La OBC estuvo a la altura de la obra con ese sonido cálido, “rasposo”, personal y una dirección fiera de Jesús López Cobos quien es uno de los directores más elegantes que he presenciado.

El concierto breve para piano y orquesta de Xavier Montsalvatge no es tan breve como su nombre indica. Se trata de una obra característica de este autor en donde el juego caleidoscópico de géneros y el buen humor siempre presente lo convierten en una obra disfrutable e individual. Hay que destacar una interesante sección de percusiones que incluye un huiro y xilófono entre otros. Siempre hay algo latino en Montsalvatge y esta obra no es la excepción. Comienza con un Energico bastante sobrio e impregnado de seriedad. En este respecto, por lo menos ambientalmente, está relacionado con la obertura previa. Sin embargo, la parte del piano que al principio puede parecer percusiva, poco a poco se transforma y retransforma para adquirir aires románticos y juguetones. En general las posibilidades expresivas del instrumento son exploradas en esta obra. El segundo movimiento, un Dolce soñador, se encadena con el Vivo ligero, bañado del sol de Catalunya. La jóven y bella Uta Weyand posee un toque excepcional, una digitación fina y técnica impecable. Su interpretación fue de primera clase. La puedo imaginar como una pianista mozartiana de calidad. Incluso aquellos momentos casi Rachmaninofianos los supo resolver con garbo a pesar que hacia el final hay un tutti en donde el malvado de Montsalvatge hace tocar al piano frente a una orquesta en fortísimo donde por supuesto no hay nada que escuchar. La OBC bajo la batuta precisa y apasionada de López Cobos estuvieron acertados en general con algunos solos destacados de las maderas (la sección más relevante de la orquesta). Caso opuesto fueron las cuerdas que a momentos me parecieron deslustradas en comparación con otras ocasiones. Una versión impulsiva y emotiva de la obra.

La segunda parte del programa fue ocupada por el Réquiem de Gabriel Faure, una de las obras más entrañables de la literatura coral francesa. López Cobos nos presentó la versión para pequeña orquesta (que es como originalmente se había previsto esta obra) y un coro pequeño más soprano y barítono solistas. La lectura de López Cobos estuvo finamente proporcionada con tiempos graves y una sensualidad francesa seductora. Es lamentable que el concierto de toces del público del Palau haya afectado al concierto, esto además de aplausos en falso que irrumpieron desde el final de primer movimiento de la obra de Montsalvatge. Hubo un momento en el que López Cobos incluso se volvió hacia el público de forma retadora ya que las toces no cesaban. El Coro de Cámara del Palau mostró un instrumento homogéneo al que se le puede reprochar ligeros lapsos de desafinación sobretodo a la sección de tenores. Sin embargo el espíritu de la obra, la intensión y el canto refinado fueron de primera línea y pesaron más que los pormenores ocasionales. De igual forma la orquesta desplegó un ensamble de cuerdas expresivo y unos metales solventes pero en general me da la impresión que el ensamble no pasa por un momento especialmente bueno, el solo de violín me pareció ligeramente calado, desagradable al oído cuando debe ser etéreo. El conjunto fue disfrutable y de entre los solistas destacó la intervención de la soprano María Espada, poseedora de una voz bien timbrada de emisión excepcional y un sonido bello y terso. El barítono francés Stephane Degout posee una voz de barítono lírico un poco más discreta, de belleza vocal meliflua pero emisión limitada. La obra terminó intoxicantemente en un silencio que se prolongó considerablemente, el público –finalmente- no fue capaz de romper la magia de esta obra que habla del sueño dulce y no de los terrores de la muerte.

Un concierto digno para celebrar un recinto emblemático, a pesar de lo que otros opinen.

miércoles 6 de febrero de 2008

Algunos pensamientos sobre la novela "Manalive" de Gilbert Keith Chesterton


Entre los escritores más singulares que trabajaron en las primeras décadas del siglo XX, fue Chesterton el más cálidamente humanista. Desde mi adolescencia he sido un lector incondicional de este gran inglés. Fui capturado por los relatos del Padre Brown y posteriormente me deleité en el humor, suspenso y humanismo del "Hombre que fue jueves". Mi más reciente encuentro ha sido con "Manalive"(Hombre vivo), una obra indiscutiblemente Chestertoniana que no deja de sorprender en su trama. Ha sido un encuentro oportuno en una etapa de mi vida en la que se han dado diversos cambios, filosóficos, geográficos y culturales. Quisiera compartir algunas ideas que espero motiven a explorar la obra de este grande.

Manalive es sin duda, una de las obras más reconfortantes que haya dado la literatura en esas turbulentas décadas de comienzos del siglo XX. La novela es un canto a la vida, es más, me atrevería a decir que es una defensa fresca y apasionada de una de dos verdades certeras del ser humano(siendo la muerte, la otra). Pero la vida, según Chesterton, no va acompañada de la incertidumbre existencialista, por el contrario, la vida está alegremente cimentada en la fe, en la tradición cristiana occidental. Por supuesto que, al igual que en el resto de su obra, las reflexiones no son fáciles y los caminos son sorprendentes. Hay apariencias y paradojas entre la singular individualidad de los personajes.

Manalive nos propone a la pasión como motor de la voluntad. Una pasión humana que se alimenta de la candidez, capaz de sorprender a uno mismo. En la temática de Manalive hay una serie de hechos, que podrían parecer violentos pero inasibles a la crudeza científica. Chesterton juega con los planos científico y espiritual; este último el motor intrínseco de nuestras acciones. Innocent Smith, el personaje clave de la obra, es llevado a juicio no porque haya cometido un delito sino porque sus acusadores, seguros y ufanos de su raciocinio y seguimiento del método científico, son incapaces de comprender el plano espiritual que ha llevado a Innocent a recorrer el mundo para acometer su propia revolución; el reencuentro con su propia vida. Smith vive su vida con pasión y asombro. Externamente podría parecernos corto de inteligencia, pero lo que se ve no es lo que es. Poco a poco, el comportamiento peculiar de Smith va contagiando a los otros inquilinos de la residencia a la que ha llegado de forma tempestuosa. De esta forma, seres humanos mediocres se reencuentran entre ellos y surgen inesperadas relaciones.

La revolución de Smith es un eterno retorno a su familia y un viaje para repartir vidas a los moribundos; personas que a través de sus abstracciones existencialistas han dejado de lado su propia existencia. Durante su juicio, tenemos acceso a diversas cartas-relatos de personas con las que se topó Smith a través de su recorrido y que van arrojando reflexiones en torno a la vida y la cultura. A través de la elocuente, a veces irreverente, defensa de Michael Moon, irlandés reconvertido a la vida e inquilino de la residencia, Innocent Smith se nos revela como un simple pensador o un profundo pensador simple.

Warner, el principal acusador de Smith y su frío amigo Pym, criminólogo estadounidense, son incapaces de comprender otros matices de la realidad humana que aquello que apela exclusivamente al intelecto. Matices que se desvanecen irremediablemente en sus ojos clínicos. El "atentado" que ha sufrido Warner de manos de Smith es un hecho crudo e incontrovertible pero el transfondo que se va revelando a través de los relatos va dando substancia al peculiar comportamiento de Smith. Warner como tantos muertos en vida, no llega a reconocer, en su apatía distante, el mensaje vital transmitido por Smith. Warner y Pym ven en la pistola de Smith un instrumento homicida pero carecen de la capacidad de asombro para aceptar las verdaderas motivaciones del personaje, inocente en nombre y en culpa. La pistola de Innocent es un instrumento para salvar vidas. A veces vivimos nuestra vida tan despasionadamente que necesitamos que se nos recuerde que estamos vivos.

lunes 4 de febrero de 2008

Lágrimas y Poesía : El Réquiem de Brahms en L’ Auditori con la ONE y Josep Pons



Entre las orquestas de primera línea que hay en Europa no puedo olvidar quizá la más insigne que ha dado la península ibérica; La Orquesta Nacional de España, un ensamble que ha pasado por batutas legendarias como las de Ataulfo Argenta y Rafael Fruhbeck de Burgos. Recuerdo con gran placer el concierto que dieron en Monterrey hace un par de años como parte de una gira. En aquella ocasión tuvimos la oportunidad de escuchar una selección de zarzuela con la excelsa voz de la soprano Ana María Sanchez y las suites del ballet Daphnis et Chloe de Ravel con las que se reveló el personal y mediterráneo sonido del que son capaces bajo la batuta de su director titular Josep Pons.

El sábado 2 de Febrero fui testigo una vez más de la calidad de este ensamble en su presentación en L’ Auditori de Barcelona. La obra elegida es una de las obras maestras corales del repertorio alemán romántico; El Réquiem Alemán de Johannes Brahms. Es este Réquiem una obra singular dentro de las obras que se pueden clasificar como música sacra. Brahms, por supuesto, no era un creyente ordinario. Si bien estudió a fondo la Biblia, su réquiem no fue concebido para la Iglesia. Se trata de una obra poética y reflexiva en torno a la muerte alrededor de una selección propia de varios textos de la Biblia. Brahms creó una especie de testamento del pueblo alemán, quizá en parte también un homenaje a su admirado Schumann.

La obra se puede considerar dentro de la gran tradición coral alemana, superfluo decir que Brahms era consciente de ello. La estructura de sus movimientos solo pueden ocurrir en el campo de la música sacra, en este sentido el empleo de fugas o fugados para movimientos específicos (los más brillantes) muestran la empatía de este gran académico con las grandes obras anteriores. Sin embargo, el réquiem de Brahms es una obra muy personal, a momentos sereno y reflexivo, a momentos jubiloso. El color de la orquestación tiende a ser oscuro y predominan los cornos, trombones y las cuerdas bajas. La escritura coral es característica de la tradición luterana en su declamación germánica.

Aunado al trabajo excepcional del ensamble orquestal estuvo el Coro Nacional de España, un ensamble coral de primer nivel y que está a la altura de lo mejor de la larga tradición coral española. Su dicción alemana fue sobresaliente. El volumen y control de las dinámicas fueron aspectos que hicieron de esta noche algo especial. Quizá se podría reprochar uno o dos puntos en los que entre tanta emoción las voces quedaron abajo en alguna frase pero esto sería demeritar un trabajo de calidad que prevaleció en casi toda la obra.

Los solistas fueron personalidades de primera línea del arte vocal; La soprano inglesa Joan Rodgers mostró una voz ligera de gran belleza y timbre argentino, su experiencia en música vocal fue patente en su intervención del quinto movimiento. El barítono alemán Roman Trekel logró disipar unas primeras frases mal enfocadas y temblorosas para regalarnos dos intervenciones conmovedoras mostrando una voz meliflua, ligeramente oscura de buen tamaño y sonoridad.

La dirección de Josep Pons estuvo caracterizada por el brío que imprimió a la partitura y las texturas claras (a veces Mendelssohnianas) que consiguió en los pasajes más etéreos. Las arpas sonaron con delicadeza y hay que destacar la intervención de los instrumentos de aliento, en especial primera flauta y primer clarinete. Pons es un director que en su físico regordete se parece al titular de la OSUANL, afortunadamente esta es la única similitud ya que Pons es un músico muy superior al del mencionado ensamble y muestra una gracia de movimiento, una energía de trazo y una imaginación que están muy por encima de ese otro músico. Una interpretación que careció de idiosincrasias y que mostraron a un Brahms directo. Una mención de honor a la directora del coro Mireia Barrera.

No pude evitar llorar en el segundo movimiento Denn alles Fleisch, tan directa y emocionante fue la interpretación de los artistas. La marcha fúnebre fue elevándose hacia el firmamento a un tiempo pesante y elegiaco. Un Brahms con sabor alemán cortesía de un sobresaliente ensamble ibérico.