domingo, 28 de octubre de 2007

Una experiencia religiosa: El Requiem de Verdi en Barcelona, Octubre 27


Muy atinadamente el Réquiem de Giusepp Verdi ha sido considerado una ópera sacra por la grandeza de sus gestos, el melodrama musical y la confrontación de las voces con la orquesta (en esta presentación quedó muy claro esto último). Pero hay también un cierto sabor a rito del que el agnóstico Verdi no pudo escapar y que define con firmeza el contexto de la obra; El poderoso tema del Dies Irae – que irrumpe estruendosamente en tres ocasiones a lo largo de la obra – podría haber salido de Aida o Don Carlos pero la potencia aplastante de este momento no pudo haber sido creada dejando de lado el texto en latín de la misa para difuntos. La retórica académica, los pasajes fugados, la severidad de la escritura cimientan al Réquiem de Verdi en la tradición italiana de música sacra. La batuta de David Giménez Carreras, tersa y clara, permitió revelar algunos de los posibles modelos del maestro de Bussetto; Los Requiems de Cherubini y el Stabat Mater de Rossini fueron revelados como influencias de esta magna obra, dedicada a la memoria de Alessandro Manzoni (1874)

La Orquesta Sinfónica del Valles es una orquesta regional de España, además es residente del fabuloso recinto que es el Palau de la Música Catalana. Lo sobresaliente es la calidad del ensamble, el cual sobrepasa por ejemplo la calidad de una orquesta como la Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León. A diferencia del director del ensamble antes mencionado David Gimenez Carreras apenas cuenta con un año al frente de la Sinfónica del Valles y aún así se nota su compromiso con el repertorio vocal. Giemenez Carreras proviene de una familia que incluye a su ilustre tío José Carreras y quizá por esta vía es de donde viene esa afinidad por la música vocal. Su dirección obtuvo lo mejor de un ensamble que posee una sección de cuerda lustrosa, pero más aún un conjunto de alientos de primera línea y una sección de metales que ya quisiéramos en Monterrey (y en varias plazas de México). La visión de Gimenez Carreras no traicionó el elemento sacro de la obra y sus tiempos fluidos y siempre atentos a sus solistas permitieron disfrutar de la obra cual si fuera un rito.

El coro Orfeo Catalá es sin lugar a duda uno de los máximos coros de Europa. Me comentaban unos amigos que cuando un barcelonés quiere atender bien a sus invitados foráneos melómanos lo llevan a ver este coro pues es una garantía. Con razón. El trabajo de Joseph Villa al frente de esta agrupación ha sido más que estupendo. Escuchar esa masa vocal, impecable, redonda que surcaba el interior del teatro, arremolinado de emotividad alrededor de las pipas del gran órgano, fue una experiencia única. A ese pesante Réquiem eternam sobrevino la explosión del Dies irae y la impecable fuga del Sanctus. Las intersecciones de coro y solistas no pudieron ser más sublimes con la voz de esa señorona del escenario que es Verónica Villarroel, envuelta en un saco negro y llena de dignidad, conmovió por su canto, pero qué figura corta la diva chilena.

Y hablando sobre los solistas tengo que comenzar con Villarroel, sus intervenciones en la secuencia nos mostraron una voz lírica de sobretonos spinto que definitivamente tiene el centro para música tan demandante. Voz de agudos vibrantes y de un cierto ocre seductor. Su intervención en el “recordare” al lado de Nancy Herrera nos mostró una faceta más delicada de su canto. Fue emocionante escuchar su voz sobrevolando el viento y marea del coro. Su intervención final en el “Libera me” me dejó apabullado emocionalmente y salvo un problema en la colocación flotada de un agudo expuesto su canto fue memorable, su concentración y sentimiento casi litúrgico.

Nancy Fabiola Herrera es hoy por hoy la mezzo española, punto. La diva de las Islas Canarias es una mujer hermosa que refleja su belleza en su seductora voz mediterránea. Quiero destacar entre otras cualidades la solidez de su línea vocal y la igualdad de sus registros. Su voz ha ganado oscuridad y poderío dramático, aunado a su inteligencia tuvimos otra interpretación sobresaliente, su Liber scriptus robó el aliento y sentó la pauta de la noche. Fue un placer escuchar su voz unida a la de Villarroel, juntas revelaron los misterios místicos de esta poderosa obra.

De ninguna forma se debe interpretar que si bien Villarroel y Herrera fueron la crema vocal de la noche, el trabajo de Aquiles Machado o Stefano Palatchi careció de interés. Es solo que el nivel que mostraron las dos divas minimizó ligeramente el canto seguro pero quizá más rutinario de los dos artistas masculinos.

Aquiles Machado tiene una voz de gran belleza. Instrumento bien colocado, vibrante y juvenil. Su interpretación fue genérica aunque sorteo todas las dificultades del ingemisco, incluyendo la temible tesitura alta. Es una voz de buen fraseo aunque quizá falta ese extra de individualidad. En el resto de la obra no demeritó el alto nivel del ensamble.

Stefano Palatchi es esa avis rara, un verdadero bajo cantante español. El timbre no es especialmente bello pero su voz áspera tiene resonancia y comandó un sobresaliente mors stupebit, grave y sacerdotal. (Los metales resonantes en el Tuba Mirum anterior dieron pauta para este memorable número).

En suma un cuarteto vocal de primer nivel, un coro de primer nivel y una orquesta entusiasta que logró un extendido y extasiado aplauso de más de cinco minutos ininterrumpidos. Músicos y público entusiasmados, y con razón pues esta es una experiencia colectiva. Sin bravos, ni chiflidos, el público comprendió que el escuchar esta obra es participar en un culto universal.

domingo, 21 de octubre de 2007

Desde Barcelona



Estimados amigos:

Es para mi un gusto volver a las andadas con pluma y tinta (aunque en contextos electrónicos, menos románticos hay que admitir). He pasado estas dos semanas asentándome en Barcelona, mi lugar actual de residencia. A partir de ahora estaré escribiendo con más regularidad. Mi primer escrito en el nuevo mundo fue una apreciación sobre el Forum Universal de las Culturas Monterrey 2007. Platicando con algunos hombres relevantes en la cultura catalana les puedo comentar que la opinión general del Forum es que sirvió para embellecer la ciudad pero no para profundizar en la cultura y el ser humano. No me extraña y en ese aspecto el Forum de Monterrey no habrá obtenido su cometido. De cualquier forma lo que nos puede dar el forum en Monterrey no es comparable a siglos de vocación y trabajo cultural en el caso de una ciudad como Barcelona.

Pasando a otros asuntos más agradables les comento que ya pueden leer mi crónica de la presentación de Andrea Chenier en el Liceu de Barcelona, una noche memorable. Es el artículo anterior a este. También dentro de poco voy a ir relatando poco a poco mis encuentros y vistazos catalanes y europeos. Por lo demás estoy preparando dos artículos: uno sobre las grandes grabaciones de Pavarotti, el cual lo debo desde hace un tiempo y otro sobre la problemática de Radio Nuevo León, la institución de la que partí y en la cual el ambiente laboral no es ni remotamente el que fue.

Nota de la fotografía: La fachada de la catedral de Barcelona en restauración, en una bizarra yuxtaposición; la frivolidad bancaria ejemplificada por el Banco Santander y el fondo histórico y humano de esta imponente obra: Neomodernismo siglo XXI

Andrea Chenier en el Liceu de Barcelona: 14 de Octubre de 2007 Noche de canto suntuoso



“Andrea Chenier” es, a menos que se reevalúe alguna de sus óperas olvidadas , la obra maestra de Umberto Giordano. La ópera es un melodrama ambientado en la revolución francesa que da poco espacio a la introspección o profundidad, en cambio, Andrea Chenier es una obra maestra de efectos bien conseguidos. Por momentos, durante los dos primeros actos comencé a tener mis dudas sobre su cohesión dramática, dudas que fueron disipadas por los dos gloriosos actos finales, llenos de emoción musical, memorabilidad y música substanciosa para los protagonistas. El primer acto establece el contexto socio-político de la obra, pero dejando de lado la improvisación de Chenier y el soliloquio inicial de Gerard el discurso musical es disperso; Giordano, como tantos otros compositores italianos de su época, incluyendo Puccini, escasa naturalidad puede mostrar con el colorido y evocaciones dieciochescas. Donde innumerables compositores franceses encontraron su inspiración, Giordano no puede evitar una cierta inclinación al pastiche poco memorable.

El segundo acto ciertamente levanta mucho con el dueto de amor y las escenas populares pero en esta noche los protagonistas todavía estaban guardando lo mejor para los dos últimos actos.

Verdaderamente es un privilegio escuchar ópera en el Liceu. El teatro soberbio y generoso presenta la única oportunidad de vivenciar la tradición operística y la modernidad. Cada asiento está adecuado con una pantalla personal donde se puede ver a detalle la presentación así como la traducción simultanea del libreto, para aquellos que están poco familiarizados con el arte. La acústica es generosa y esto quedó demostrado con la nitidez de un instrumento tan terso como el arpa, el cual tiene mucho que hacer en el último acto.

Deborah Voigt es hoy por hoy una de las principales voces lírico-spinto de nuestra época. Su instrumento tiene potencia y es vibrante en su registro agudo. En el centro, su colorido aterciopelado es un lujo. Podemos ser exigentes con su italiano americanizado y su presencia genérica sobre el escenario pero su presencia vocal me llevó finalmente a la emoción. Disfruté de sobremanera “la mamma morta” donde el melodrama estuvo aunado a un cuidadoso fraseo.

José Cura fue el otro triunfador de la noche, ni por encima ni por debajo de Voigt. Su voz es grande, tono amplio, seductor y timbre oscuro. Curiosamente en el passagio la voz se hace mas angosta a pesar que sus agudos todavía son bastante audibles. Es un artista que vocalmente se entrega a pesar no ser el más creativo ni el más comprometido en escena. Su figura no careció de heroísmo y si bien como cantante no es el más sutil, Chenier requiere de una voz con fuelle. Su improvisso careció de poesía pero su confrontación ante el juzgado fue estentórea y poderosa. Cura fue una agradable sorpresa para mi ya que sus manías fuera de escenario habían prejuiciado mi aproximación a su arte. Debo decir que su voz está en plenitud y este es uno de los papeles que definitivamente le pertenecen.

El público hispano ama a Carlos Álvarez, a mi esposa le encantó su timbre el cual caracterizó de “muy bello”. El barítono recibió una tremenda ovación, pero yo en general me he quedado frío a su canto tanto en vivo como en disco. Si, admito, su voz es oscura y ligeramente aterciopelada, su registro agudo es generoso, su voz es de buen tamaño sin llegar a ser una voz grande o inmensa, pero yo me quedé frío. Se nota su entrega y me cuesta trabajo decir qué es lo que no me gusta. Quizá su vibrato algo ensanchado, quizá el timbre de su voz.

Del resto del reparto merecen mención la veteranaza mezzo rumana Viorica Cortez quien como la Condesa mostró tablas en la actuación. Su voz mantiene esos sobretonos dramáticos a pesar del avejentamiento natural. Su estridencia y desigualdad le sentaron bien a la condesa, un ser humano frívolo e ingenuo. Fue un deleite escuchar en vivo a esta mezzo que tuvo una carrera importante. Irina Mishura fue una sobreactuada Madelon (uno de los momentos más embarazosos de la ópera), desplegó un timbre generoso y nos dejó con ganas de escucharla en algo más substancioso. El increíble de Francisco Vas fue toda una creación vocal y actoral al igual que el Roucher de Miguel Angel Zapater. El resto cumplió. La orquesta del Liceu es un ensamble operístico de primer orden y la batuta del maestro Pinchas Steinberg fue memorable; intensa y equilibrada. Curiosamente “Come un bel di di maggio” fue una lectura un poco apresurada pero Cura mantuvo la línea sin problemas. Fuera de ello sus tiempos me parecieron más que perfectos. En cuanto al coro, es uno de los mejores coros que he escuchado en ópera. La dirección de Jose Luis Basso fue más que fenomenal considerando el extenso movimiento escénico que se desplegó.

La puesta en escena de Philippe Arlaud me ha hecho un converso a su arte. Su propuesta fue una feliz conjunción entre la tradición operística y el minimalismo . No, ya no son imprescindibles los excesos zefirellianos, este es el metier operístico que pisa firmemente el siglo XXI. El primer acto nos presentó un cuadro mayormente estático en donde lo importante fue el movimiento escénico. La escena retrataba un jardín de la casa de Coigny y poco a poco las delimitaciones angulares del cuadro van confrontando a la clase trabajadora con la nobleza. Cada acto cerraba con un telón grueso de dos divisiones en la cual la parte de arriba caía como una cuchilla sobre la parte inferior simulando una guillotina, un efecto dramático e impactante. La escenografía mantenía una inclinación que nos mantenía cerca de esta maquina de muerte de la epoca del terror. El segundo acto se asentó sobre un escenario giratorio el cual iba revelando distintos cuadros de la escena y por el cual entraban y salían los personajes. En primer término interactuaban los cantantes y dentro del escenario giratorio usualmente estaba el coro. Los vestuarios de Andrea Uhmann, principalmente en escala de blancos, poseyeron un gran cuidado histórico. El acto del juicio de Chenier mostró un manejo sobresaliente de las escenas masivas y el poderío de la escena reivindica a Giordano de ser un verista más del montón. La obra culminó con un soberbio dueto final en el cual las voces de Voigt y Cura explotaron sobre el escenario resultando en una de las ovaciones más prolongadas que he escuchado en los últimos años. La sobriedad de la escena dejó paso a la suntuosidad de las voces.

Ricardo Marcos G.

domingo, 14 de octubre de 2007

Un elefante blanco llamado "Forum Universal de las Culturas Monterrey 2007"

Finalmente se inauguró el Forum Universal de las culturas Monterrey 2007. Digo finalmente pues desde su anuncio tres años atrás los infortunios e irregularidades en torno a este elefante blanco se han convertido en la carne de cañón para la prensa regiomontana implacable.

Aunado a diversas pifias el Forum nos ha regalado momentos distinguidos, sin embargo son unas palabras célebres de Rossini refiriéndose a la música de Wagner las que resuenan en mi cabeza y parafraseo para aplicar al Forum; El forum ha tenido y tendrá grandes momentos pero muy malos cuartos de hora. En este caso los cuartos quedan cortos pero la idea general prevalece.

El flamante Gastón Melo ha desaparecido de la fas de la tierra cual misterio de Agatha Christie y ha dejado tras de si una estela de sobrenombres que los humoristas han tenido a bien acuñar para describir el dudoso trabajo que dejó en Monterrey; Melo Gasto y Don Gastón. La culminación de la primera etapa de la organización del Forum fue un despilfarro bien documentado por la prensa pero más que eso, resaltó la incapacidad de planeación (una especialidad mexicana dicho sea de paso). Poco a poco, las ideas fueron quedando en ideas y las buenas intenciones no fueron lo suficientemente buenas para desviar la atención de la incapacidad regiomontana de poder estar a la altura de un evento que en papel prometía para más. Definitivamente el concierto de los "dos tenores y medio" fue un potpurrí de lo que habría de ser el Forum. El relevo de Melo, Othon Ruiz, fue producto de la desesperada necesidad de poner en orden los gastos del Forum pero como buen hombre de números, Ruiz mostró lo gris de su personalidad y se perdió la extravagancia de su antecesor. Finalmente Ruiz logró poner en pie a este Frankestein que en manos meno capaces se habría hundido como el Titanic.

No, Monterrey con su arquitectura y planeación urbana kitch, incipiente política cultural, su Romeo Flores Caballero dirigiendo la cultura del estado, no era el lugar para un evento cultural internacional. Cuando uno tiene la oportunidad de caminar por las calles de Nueva York o Barcelona uno cae en cuenta de que es lo que adolece nuestro Monterrey. No solo quedamos cortos en historia, arquitectura, urbanismo, civismo y otros ismos sino que el propio ambiente apático y clasista de la ciudad hacen que cada quien jale agua para su propio molino. No hay interés por un bienestar social sino la propia elevación al nirvana narcisista.

La inauguración del Forum pasó de lo prosaico (representado por el discurso de Madero), pasando por lo titubeante y el ciego optimismo (discurso del gobernador) hasta lo sensato y el mensaje de precaución (discurso del presidente). Aunado a esto tuvimos el desagrado de escuchar a una orquesta huesera interpretando el himno de Monterrey (decir que es prosaico es un piropo) y la estridente participación de Eugenia Garza. El himno del Forum apenas fue mejor. La poca seriedad de las prestaciones musicales mostró el desinterés general en torno al magno evento. Después de este nuevo record de ineptitud solamente se podía mejorar y afortunadamente algunos de los conciertos y presentaciones del forum se encargaron de ello, aún y bajo protesta de los traductores.

La gala de los tres regiomontanos en concierto fue un digno comienzo de actividades musicales (ver crónica anterior) y el concierto que nos regaló la Orquesta del Principado de Asturias fue la manifestación mágica de la música intoxicante operando en la conciencia de un pueblo sensible y apasionado. Varios de los eventos siguientes prometen rescatar algo del prestigio perdido (¿existió?) pero aún y que Maria Bayo, Hvorostovsky, Dudamel y Fernando de la Mora (quién a pesar de su talento no es la figura lírica más importante de México) estarán presentes la sombra que dejó la Filarmónica de Viena y Riccardo Muti será dificil de eclipsar. Mientras tanto deleitémonos con la sobrevaluada Frida.

Ricardo Marcos G.